<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808</id><updated>2011-07-28T22:05:57.945+02:00</updated><category term='El Templo del Pilar'/><category term='narrativa'/><category term='La Buena Nueva'/><category term='Cuentos'/><category term='Relatos'/><category term='AMMIHUD'/><category term='novela'/><category term='Picos de Europa'/><category term='Al compás de la ilusión'/><category term='Poemas'/><category term='Virgen del Pilar'/><category term='Santiago de Compostela'/><category term='Relato'/><category term='Año Mariano'/><category term='Puerto de la Selva'/><category term='Artículos periodisticos'/><category term='Discurso agradecimiento'/><category term='Cuento'/><category term='Sentimientos'/><category term='Cadaqués'/><title type='text'>NARRATIVA    RAMÓN    MARZAL   GARCÍA</title><subtitle type='html'>RELATOS, CUENTOS, ARTICULOS y POEMAS.  Fecha creación del Blog 11-12-2008:</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5857303805511582680</id><published>2010-01-22T13:23:00.009+01:00</published><updated>2010-01-25T12:29:37.794+01:00</updated><title type='text'>EL SUSPENSO</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S11zQWy34uI/AAAAAAAAAfM/dasm5C5JOxQ/s1600-h/para+blog+lluvia+2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S11zQWy34uI/AAAAAAAAAfM/dasm5C5JOxQ/s320/para+blog+lluvia+2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430623450512745186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;            Me sacudí la gabardina tan pronto como entré en el vestíbulo de la Facultad. Era una tarde gris y plomiza del mes de septiembre, y había estado lloviendo todo el día. En la escalera, saludé a algunos amigos a quienes no veía desde los exámenes del mes de junio. Cuando llegué a la segunda planta, algunos compañeros comentaban en voz baja su futura suerte; otros paseaban por los corredores intentando inútilmente repasar algunos apuntes. Flotaba en el ambiente preocupación e incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Me acerqué al tablón de anuncios donde  figuraba la hora del examen de aquella asignatura que no me había presentado el curso anterior, y que me había obligado a estar estudiando durante todo el verano. En el grupo de alumnos que, como yo estaban junto al tablón de anuncios, percibí un perfume característico que me recordaba a alguien en especial. Puse mi mano sobre su hombro. La sonriente cara de Laura se volvió hacia mí. Yo la había conocido siempre sonriente, de buen humor, con unas sonrosadas mejillas que la hacían resaltar más sus ojos claros. Sin embargo, aquel día me parecía distinta, y su causa no  me era desconocida. Tenía, como yo, pendiente el examen de Economía Política, entre otros. No había tocado el libro ni los apuntes en todo el curso. Su hoja de estudios, repleta de faltas y no muy buenas notas,  no aseguraban en nada el resultado halagüeño del examen.&lt;br /&gt;            –Hola. ¿Cómo te ha ido este verano? –se volvió hacia mí–. El examen es  a las cinco y media. ¿Cómo está el ánimo?&lt;br /&gt;            –Pues si te voy a decir la verdad, no me acuerdo de nada de lo que he estudiado. Estoy completamente en blanco –le repuse.&lt;br /&gt;            Cuántas veces había deseado estar junto a la simpática Laura que derrochaba afabilidad. No era muy alta. Llevaba el cabello largo color castaño y tenía los ojos muy claros que cuando te miraban parecía que te taladraba. Yo la había conocido a principios del curso anterior cuando traspasaron su expediente desde la Facultad de León, ya que su padre era  funcionario de Correos, y lo habían trasladado. Durante algunos meses habíamos  salido juntos, y llegué a apreciarla algo más que lo normal entre compañeros. En el mes de Junio, cuando nos despedimos, quedamos en llamarnos por teléfono en alguna ocasión. Ninguno de los dos lo había hecho. Sin embargo, ahora no había ningún reproche de ninguno de los dos;  lo que nos preocupaba era el examen.&lt;br /&gt;            Y llegó la hora. Sonaron  gangosas campanadas en el viejo reloj de  pared cercano a secretaría. El bedel, un hombre de elevada estatura y agrio carácter, se dirigió con paso vacilante hacia el aula nº 6, e hizo sonar dos fuertes palmadas que  incrementaron el estrés del grupo de alumnos que se había congregados en los alrededores.&lt;br /&gt;Fuimos entrando lentamente y en silencio, y nos colocamos en los sitios que se nos  indicó. Se nos entregaron unos sobres con los ejercicios, y tras consultar el reloj, el catedrático que presidía el tribunal, dio la orden de empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Los minutos transcurrían  en medio del mayor silencio sólo turbado por el ruido del aguacero, que acababa de empezar, y que pegaba fuertemente en los cristales del aula. Llevábamos unos diez minutos trabajando, cuando de pronto, una bolita de papel que llegó por los aires vino a depositarse sobre mi mesa. Uno de los ayudantes del tribunal se levantó en aquellos instantes y vino hacia mí. Escaso fue el tiempo para ocultar la bolita de papel en el hueco de la mano y seguir escribiendo. Creí que me había visto, pero afortunadamente no fue así. Dio una vuelta hasta el final del aula, finalmente, se sentó de nuevo y continuó corrigiendo unos exámenes de otros cursos.&lt;br /&gt;            Fue entonces cuando desplegué el papelito. Una letra recta,  había escrito con letras indecisas –¿Cual es la obra fundamental de Adam Smith?–. No  había ningún nombre, pero no importaba de quien era. Todos sabíamos lo que había que hacer en casos así: escribir la respuesta al  dorso y enviarla por donde había venido. Después el autor se encargaría de recogerlo. Disimuladamente volví la cabeza, y encontré detrás de mí a Laura. Estaba intentando localizar con disimulo unas hojas de apuntes que llevaba ocultas bajo su traje de chaqueta. Me miró suplicante. Escribí la respuesta en el papel, lo volví a arrugar y mediante un brusco movimiento lo envié a la mesa de atrás. Vi como Laura la recogía y continué con mi ejercicio.&lt;br /&gt;             No fue ésta la única vez que el extraño mensajero voló sobre mi mesa, y siempre volvió a su origen con la respectiva respuesta.&lt;br /&gt;            Pasó el tiempo más rápido de lo que hubiese querido la mayoría. Había ya terminado cuando  con dos palmadas el catedrático dio por concluido el examen y empezó a recoger los ejercicios. Firmé y, tras darle el último y rápido repaso, y convencerme de que todo estaba bien, entregué los folios. Recogí mis apuntes y salí del aula que parecía faltar en aire para respirar. A través de los ventanales vi que ya no llovía con tanta intensidad. Cuando me  volví, Laura ya se había marchado.&lt;br /&gt;Ya en el corredor la encontré esperándome, y vino enseguida  a mi encuentro. &lt;br /&gt;              –Juanjo, ¿Qué tal te ha ido? –se interesó.&lt;br /&gt;            –Bastante bien. He respondido a todo. ¿Y tú?&lt;br /&gt;            –Algo apuradilla –me respondió–. Gracias por todo –y dibujo en sus labios una más que afectuosa sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Serían cerca de las nueve de la noche cuando salimos de la Facultad. La lluvia había empezado a declinar. Yo estaba tranquilo, pues había contestado a todas las preguntas, y, por otra parte, aquella asignatura no era para mí una de las más difíciles del curso.&lt;br /&gt;Acompañé a Laura hasta su casa. No vivía muy lejos y nos fuimos caminando. Pasamos por los jardines de la Facultad que en aquellas horas se encontraban desiertos y faltos de vida. Una alfombra de hojarasca empezaba a cubrir los suelos. Flotaba en el ambiente un intenso olor de tierra mojada. Una ligera brisa se había levantado y azotaba nuestros rostros. Al amparo del paraguas de Laura, hablamos de nosotros: del curso, de las asignaturas, de las esperanzas y de las ilusiones que teníamos puestas en nuestra carrera. Luego callamos y anduvimos en silencio. No teníamos prisa. Tras unos instantes Laura empezó a hablar del curso anterior.&lt;br /&gt;            –Lo pasábamos bien, ¿verdad? –dijo con nostalgia.&lt;br /&gt;            –Sí –le conteste–. Además, creo que entre tú y yo dejamos algo pendiente.&lt;br /&gt;Ella me miró extrañada.&lt;br /&gt;            –Sí. Si mal no recuerdo teníamos una cita para ir a bailar una tarde, pero como al final del curso todo se precipitó... –le dije.&lt;br /&gt;            A finales del curso, en el mes de mayo, se había producido un ligero incendio en la Facultad, y como consecuencia del mismo  algunas aulas quedaron bastante maltrechas. Los exámenes se  retrasaron y luego se tuvieron que hacer precipitadamente en pocos días, pues las obras  de rehabilitación empezaban para tener todo listo para el curso siguiente. Yo únicamente me iba a presentar de alguna asignatura pues, como estaba trabajando, me matriculaba en asignaturas sueltas. El último día no me pude despedir de ella; lo sentí. Habíamos pasados unos meses muy agradables los dos. Yo me encontraba muy a gusto con Laura y creo que a ella, yo tampoco le era indiferente.&lt;br /&gt;            Seguimos recordando aquellos meses, y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos frente a su casa. Hubiese querido besarla, pero ni siquiera lo insinué. Fue una despedida afectuosa pero corta.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S1104zjUSzI/AAAAAAAAAfU/y79YGQ2H0gM/s1600-h/estudiantes+para+blog+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 132px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S1104zjUSzI/AAAAAAAAAfU/y79YGQ2H0gM/s320/estudiantes+para+blog+2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430625244938521394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;            A la mañana siguiente me levanté temprano. Estaba desayunando, cuando sonó el teléfono. Era Laura.&lt;br /&gt;            –¡Hola, Juanjo! ¿Cómo estás?&lt;br /&gt;            –¡Hola! ¿Tienes la costumbre de servir de despertador?&lt;br /&gt;            A través del auricular oí que reía de buena gana.&lt;br /&gt;            –No, nada de eso. Es que anoche me llamaron los demás por teléfono. Piensan hacer  esta tarde una pequeña fiesta a la que estamos invitados. Me gustaría ir contigo ¿Qué te parece? ¿Tienes algún compromiso?&lt;br /&gt;            –Desde luego que no. Es demasiado pronto para tener ya compromisos. Pero... estoy pensando algo mejor. ¿Por qué no concluimos algo que dejamos  sin acabar   al final del curso pasado? ¿Quieres venir a bailar esta tarde?&lt;br /&gt;            –¿Adónde iremos? –no era una pregunta; más bien una aceptación.&lt;br /&gt;            –No lo he pensado, pero ¿qué te parece a Rigat?&lt;br /&gt;            –De acuerdo. Pásame a buscar a eso de las seis.&lt;br /&gt;            Colgué el auricular y sentí algo muy especial. «¿No sería que...? Acaso me estaba empezando a enamorar de aquella muchacha. No podía ser. Había estado con ella durante todo el curso anterior, y no me pareció que...» Aparté  aquella idea de mi mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            A la hora de la comida, me llamó por teléfono un amigo para invitarme a la fiesta de aquella tarde. Decliné la invitación alegando que tenía otro compromiso.&lt;br /&gt;            –¿No vienes? Oye va a venir cierta persona que creo que te interesa. La llamé anoche, y me dijo que no faltaría. Sé que vendrás si adivinas a quien me refiero.&lt;br /&gt;            –Lo siento. No puedo ir. De todas las maneras muchas gracias.&lt;br /&gt;            –De acuerdo, tú te lo pierdes. Pero si te interesa, esa persona es Laura Gral. Bueno si te decides ya sabes donde estaremos, en casa de Luis– y cortó la comunicación.&lt;br /&gt;            Era cerca de las seis de la tarde cuando salí para ir a buscar a Laura a su casa. Me estaba esperando en la puerta. Llevaba una falda recta gris claro y un suéter azul pálido que le sentaba a las mil maravillas. La melena, recogida; e iba muy poco pintada. Noté algo de sombra en los ojos y un ligero toque carmín en los labios. Echamos a andar para salir a la Avenida.&lt;br /&gt;            –¿Sabes que me ha llamado Luis para decirme que no quisiste aceptar la invitación, aun sabiendo que iba a ir yo?&lt;br /&gt;            –Y tú ¿qué le dijiste?&lt;br /&gt;            –Nada. No me dejó casi hablar. Me pidió si podía  acompañarme a la salida, y además, me dijo que no tenías mucho interés por mí, ni lo habías tenido nunca.&lt;br /&gt;            –¿Le creíste?&lt;br /&gt;            –Tonto... –repuso melosa. Y cogió la punta de mis dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            En aquella hora no había todavía mucho público en Rigat,  por lo que pudimos ponernos una apartada mesita en un rincón bastante íntimo. Pedimos unas coca-colas, nada de alcohol nos habíamos dicho, y dejamos pasar las primeras piezas antes de salir a bailar. No recuerdo sobre que hablamos antes que empezásemos a hacerlo de nosotros. Sí recuerdo que le pasé el brazo por la espalda, la atraje hacia mí, y ella no se retiró.  Le dije que después del examen, y antes de empezar el nuevo curso, pensaba ir unos días a Santander. Aquel verano no había estado de vacaciones. Había tenido que trabajar y a la vez estudiar para el examen.&lt;br /&gt;Ella tenía  familia allí, e iba bastante a menudo.&lt;br /&gt;            –Creo que hará todavía tiempo de ir al Sardinero ¿Querrías venir conmigo?&lt;br /&gt;            Ella se me quedó mirando suspicaz,  y luego  me dijo:&lt;br /&gt;            –No sé si podré. Tengo mucho que hacer antes de que empiece el nuevo curso. Me voy a poner las pilas y a matricularme en todas las asignaturas del próximo curso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            En aquellas horas, la pista ya estaba casi llena. Empezó a sonar la música lenta. La orquesta guardaba esa clase de  piezas para la hora que  empezaban a llegar las parejas. Salimos a bailar. Yo la única música que oía salía de mi interior, por lo que dudo mucho pudiera llevar el compás; claro que aquello no me hacía falta. Me encontraba con Laura, y sentía algo extraño cuando estaba con ella. Me arriesgué; me acerqué y la estreché más. Sentí en mi cara el embriagador perfume tan personal de ella&lt;br /&gt;            –Ven a Santander  –le dije en voz queda junto a su oído–. ¿Te acuerdas la última tarde que nos vimos el curso pasado? Me prometiste que...-. Su cara estaba  sobre mi hombro, y oí que me decía  igualmente en voz baja.&lt;br /&gt;            –¡Calla! ...Me estoy sintiendo presionada... Al igual que  mi cintura entre tu brazo.&lt;br /&gt;            –Lo siento –aflojé; no mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Eran alrededor de la 10 cuando llevé  a Laura en su casa. Al terminar la Avenida nos introdujimos  por unas calles adyacentes. Noté como Laura me cogía del brazo tímidamente. No pasando su brazo sino cogiendo el mío con su mano. Llegamos a su casa. Cuando ya  iba a entrar en el patio me incliné para besarla. Ella interpuso sus dedos entre nuestros labios y me dijo con cierto rubor:&lt;br /&gt;            –Por favor. No lo hagas.&lt;br /&gt;            Me retiré sin soltar su mano. Quedamos para la tarde siguiente ir al cine a la primera sesión  y luego pasaríamos a recoger las notas del examen. Empezó a subir la escalera. Yo no solté su mano y nuestros brazos se estiraron. Me miro, bajó los dos peldaños que había subido y se quedó mirándome a los ojos. Luego  se acercó, y me dio un beso en la mejilla. Volvió a subir presurosa y le oí cerrar la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Al día siguiente, cuando salimos  del cine  nos acercamos andando hasta la Facultad. Había un buen trecho pero no nos importó. Aún tuvimos que esperar. Nosotros nos evadimos del resto que también estaban esperando las notas. Así, no teníamos que dar ninguna explicación sobre la falta a la fiesta en casa de Luis  del día anterior.&lt;br /&gt;            Cerca de las 8 y media sonó un timbre. El bedel  tiró el palillo que siempre llevaba entre los dientes y, sin prisa, entró en el aula donde estaba reunido el tribunal. Oíamos algunas voces apagadas. En la calle empezó a llover nuevamente. La preocupación volvió de nuevo a la cara de Laura, y yo sonreí para calmarla. Transcurrieron unos minutos y el bedel volvió a salir con la misma calma que había entrado y se dirigió hacia la luz indecisa de una lámpara polvorienta. Enseguida se formó un corro a su alrededor. Luego fue pronunciando el nombre de los examinados, y entregándoles las  papeletas.&lt;br /&gt;            –Laura Gral –le oí decir al poco.&lt;br /&gt;            Una mano se extendió por encima de mi hombro y  enseguida un grito.&lt;br /&gt;–¡Aprobada!&lt;br /&gt;            La vi irse con otros compañeros. El bedel siguió con la relación, y casi al final...&lt;br /&gt;            –Juan José de Andrés.&lt;br /&gt;            –Traiga –tomé la papeleta con decisión, pero no llegué a sonreír. Sobre la litografía de la papeleta se leía la palabra SUSPENSO. La rompí en trocitos  muy pequeños que al caer cubrieron  el suelo semejando un blanco sudario. Sin saber porqué, caminé hacia la escalera  y empecé a bajarla.&lt;br /&gt;            Laura me adelantó en el primer piso. Intuyó lo que pasaba. Yo quise decir algo pero ella lo evitó poniendo su mano sobre mi boca a la vez que me decía.&lt;br /&gt;            –Lo siento, cariño. No se puede tener todo.&lt;br /&gt;            Los ojos claros de Laura me impidieron hablar, y continué bajando la escalera.&lt;br /&gt;             En la calle, seguía lloviendo, ahora con fuerza. Laura abrió el paraguas y me lo tendió para que lo llevase yo. Entonces pasó su brazo por el mío y apoyó también la otra mano en el paraguas. Su cara quedaba así cerca de mí y su cabeza se apoyó en mi hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Hablamos poco mientras caminábamos. Nos adelantaron unos compañeros que habían salvado el curso. Yo, sin embargo, tendría que volver a matricularme de aquella asignatura. Eso impediría que pudiera matricularme en más asignaturas ya que con el trabajo no podía hacer todo. Me resultaba muy fatigoso trabajar y estudiar al mismo tiempo.&lt;br /&gt;            Cuando llegamos a su  calle me soltó. Tan sólo la tenue luz de unas farolas  iluminaba el ambiente. El viento jugaba con las hojas secas de los árboles que empezaban a caer y se acumulaban al pie de los setos de evónimos; el fuerte viento de un otoño prematuro. Tuvimos que  sortear un gran charco. Llegamos a su portal,  Laura abrió y entró. Yo le seguí; no llevaba paraguas. Cerró el suyo y se me quedó mirando. Acerqué mi rostro a ella que estaba de espaldas a la pared. Y entonces sucedió. Dejó caer el paraguas, y sus brazos se asieron a mi cuello. Luego sus labios buscaron los míos y me besó. Sólo fueron unos instantes que casi no pude saborear. Se soltó de repente y empezó a subir la escalera. Ya en el rellano se volvió.&lt;br /&gt;            –Sabes –me dijo –. Voy a ir a Santander contigo. Cumpliré mi promesa –y subió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Salí a la calle. Hacía un sol deslumbrante. Se sentía el aroma de los lirios primaverales que florecían en los parterres. En alguna imprecisa rama de los plátanos, sonó el trino de algunos pájaros que sin duda llamaban a su pareja. Todo era distinto; abundantemente hermoso. Me pareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"  &gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen I de &lt;B&gt;AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN.&lt;/B&gt; Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;br /&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5857303805511582680?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5857303805511582680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2010/01/el-suspenso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5857303805511582680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5857303805511582680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2010/01/el-suspenso.html' title='EL SUSPENSO'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S11zQWy34uI/AAAAAAAAAfM/dasm5C5JOxQ/s72-c/para+blog+lluvia+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6539164668186233790</id><published>2010-01-22T12:51:00.006+01:00</published><updated>2010-01-31T13:52:09.451+01:00</updated><title type='text'>UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN</title><content type='html'>&lt;table bgcolor="#A52A2A" border="" height="100%" width="100%"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S1mFVX4VUDI/AAAAAAAAAfE/vcjz7EZPViU/s1600-h/Sin+t%C3%ADtulo-Escaneado-01.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 210px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S1mFVX4VUDI/AAAAAAAAAfE/vcjz7EZPViU/s320/Sin+t%C3%ADtulo-Escaneado-01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5429517428005883954" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt; ¡OH SEÑOR, TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS Y CUIDA NUESTRAS ALAS ROTAS!&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#FFFFFF;"&gt; © Khalil Gibran&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Los espíritus melancólicos reposan al unirse a otros espíritus afines. Se unen efectuosamente, como un extranjero al ver a un compatriota suyo en tierras lejanas. Los corazones que se unen por la tristeza no serán separados por la gloria de la felicidad. El amor que se purifica con las lágrimas seguirá siendo eternamente puro y hermoso...) &lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;(... fue entonces cuando descubrí que los hombres, aunque nazcan libres, seguirán siendo esclavos de las estrictas leyes  que promulgaron sus mayores y que el firmamento, que imaginamos inmutable, es la sumisión del día de hoy a la voluntad del día de mañlana, y la sumisión del ayer a la voluntad del presente)... &lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt; (...Selma tocó la mano de su padre. Estaba fría. Luego,  la joven alzó la cabeza y miró el resto de quien le había dado la vida. Estaba cubierto por el velo de la muerte. Selma estaba tan anonadada por el dolor, que no podía derramar más lágrimas, ni suspirar, ni hacer movimiento alguno. Por un  momento se quedó mirándolo como una estatua, con los ojos fijos; luego se inclinó hacia adelante hasta tocar el piso con la frente, y dijo:  "¡OH SEÑOR, TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS, Y CURA NUESTRAS ALAS ROTAS!")... &lt;BR&gt;&lt;BR&gt;(...el niño nació al alba, y murió al llegar los primeros rayos de sol...) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...El cortejo salió del cementerio; el sepulturero se quedó cerca de la nueva tumba, sosteniendo una pala en la mano.&lt;br /&gt;Me acerque y le pregunte: ¿Recuerda usted donde enterró a Farris Efendi Karamy?&lt;br /&gt;Me miró un momento, y luego señaló la tumba de Selma y dijo:&lt;br /&gt;Allí mismo; puse a su hija sobre él, y en el pecho de su hija reposa su nieto, y encima de ellos llené la fosa con tierra, con esta pala.&lt;br /&gt;Y yo le dije: En esa fosa tambien ha enterrado  usted mi corazón&lt;br /&gt;Y mientras el sepulturero desaparecía detrás de los álamos, no pude más; me dejé caer sobre la tumba de Selma y lloré)              &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffff20;"&gt; "¡OH SEÑOR,TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS, Y CURA NUESTRAS ALAS ROTAS!"&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6539164668186233790?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6539164668186233790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2010/01/un-libro-una-reflexion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6539164668186233790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6539164668186233790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2010/01/un-libro-una-reflexion.html' title='UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/S1mFVX4VUDI/AAAAAAAAAfE/vcjz7EZPViU/s72-c/Sin+t%C3%ADtulo-Escaneado-01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-2589123676987302674</id><published>2009-11-23T18:22:00.009+01:00</published><updated>2009-11-26T13:34:54.188+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>EL  HOYUELO</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sw5nm6nr4uI/AAAAAAAAAe4/5pAsxIdy8m0/s1600/casa-con-jardin+REC.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 226px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sw5nm6nr4uI/AAAAAAAAAe4/5pAsxIdy8m0/s320/casa-con-jardin+REC.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5408374120786944738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;  Margarita salió al porche llevando  una bandeja con cuatro tazas para café y un plato de dulces. Se acercó a un grupo de tres mujeres que estaban sentadas alrededor de una sencilla mesa de jardín, donde previamente había extendido un mantel de alegres flores estampadas. Las  tres mujeres  eran amigas, y  habían estado hablando, más bien cotilleando, acerca de su anfitriona. Una de ellas, la que parecía de más edad, se levantó para ayudarla.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Decíamos –le comentó– que desde que has vuelto, no parece que te afecte tanto vivir sola. Te han sentado muy bien estos dos años de tu trabajo en Madrid.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Pues sí, Mónica. Fueron meses muy angustiosos y me encontré muy abatida, pero me refugié en mi trabajo, y ahora estoy feliz –dijo Margarita.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–La verdad es que nos sorprendió mucho que aceptases tan de repente aquel destino –intervino otra de las amigas– aunque siempre supusimos que era provisional, y que terminarías volviendo.&lt;BR&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las cuatro jóvenes trabajaban desde hacía unos años en una Compañía de Seguros. Mónica era la secretaria y las otras dos, Paula y Mari Pili, junto con Margarita, se dedicaban a las tasaciones. Hacía dos años que Margarita había solicitado su traslado a la oficina central de Madrid, por cuestiones personales, dijo, y a partir de entonces, los pocos contactos que había tenido con sus tres compañeras habían sido telefónicos. Ahora, hacía pocos meses que había regresado a ocupar su antiguo puesto, y había convidado a sus tres amigas a pasar la tarde de aquel fin de semana en una casa con jardín que ocupaba en una urbanización cercana. La  tercera de las amigas, Mari Pili, que aún no había hablado, se atrevió a entrar en la conversación.&lt;BR&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Habrás hecho muchas amistades allí, supongo. ¿No?  Y de hombres, ¿qué? Algún compañero habrá habido –dijo mientras la anfitriona volvía a entrar en la casa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Mujer –dijo Paula bajando la voz–, ya sabes que Margarita no es de esas. Antes de irse hacía vida casi de monja. Lo único que salía era para ir al convento de las Descalzas para ayudar en el comedor social y a misa los domingos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo –intervino la secretaria– jamás la he visto interesándose por ningún hombre y eso que no le ha faltado simpatía. Yo creo que en el fondo es muy exigente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–O ha habido en su vida un amor imposible, y no ha querido fijarse en otro –intervino Mari Pili.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En aquel momento, Margarita volvió a salir  al porche.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–El café ya casi está listo –dijo, y colocó el azucarero y unas primorosas servilletas encima de la mesa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Sabéis que el otro día me encontré con Javier? –dijo Paula. Hacía tiempo que no le había visto. Salía yo de hacer un peritaje cuando me topé con él. Por cierto que cada día está más atractivo. Hay un no sé que en su semblante que le hace muy interesante. Quizá sean esos ojos claros como los tuyos –dijo dirigiéndose  a Margarita–, o quizá ese gracioso hoyuelo en el mentón. Hubo una temporada en que nos parecía que estaba coladito por ti.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Por cierto, la otra noche os vi que salíais del teatro, y por lo que pude ver no creo que os encontraseis por casualidad –dijo imprudente Mari Pili.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las otras dos amigas se miraron sorprendidas. No parecían saber nada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Pero, Margarita! Acaso... A ver. Cuenta, cuenta –se interesaron todas ellas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo los vi bastante acaramelados –dijo Mari Pili con maliciosa risa–, y hasta me pareció notar cierta intimidad. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita se sintió ruborizar, y se levantó para ir a por el café mientras decía:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Lógico... Es mi marido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En el grupo de las tres amigas se hizo el silencio, y se miraron con un signo de interrogación a la vez que de asombro. Luego, como movidas por un resorte,  se levantaron y se apresuraron a seguir a Margarita hasta la cocina donde ya el café empezaba a borbotear en la cafetera.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Quieres explicarnos mejor lo que has dicho?  –dijo  Mónica.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Tú no nos gastarías esa broma. ¿Verdad? –exclamó Paula.&lt;br /&gt;Y al ver que Margarita no respondía y seguía retirando el café, la secretaria intervino.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Margarita, ¿tienes que contarnos algo?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita se sintió algo azorada. Pensó que debería haberse callado, pero ya no había remedio. Tenía que contárselo a sus amigas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Si, vamos –dijo cogiendo la cafetera, y salió al porche. Las otras tres la siguieron y no le dieron tiempo de verter el café en las tazas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Cuenta, hija, nos tienes sobre ascuas –decía la secretaria.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Una vez terminó de servir el café, Margarita se sentó en una silla. Se sirvió dos tormos de azúcar. Las tres amigas estaban expectantes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Ocurrió hace dos años antes del traslado a  Madrid –empezó–. Una noche terminé muy tarde de hacer una tasación en una finca de la Urbanización de la Misericordia. Cuando salí, ya en el camino de acceso a la carretera general, iba a subir al coche cuando alguien me agarró por detrás y me introdujo dentro a la fuerza. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita calló, y al recordar aquella noche sus ojos se nublaron.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Fue horroroso –dijo y rompió  a llorar. Cuando se serenó un poco, continuó contándoles lo sucedido. Las tres amigas estaban mudas por lo que estaban oyendo. Ninguna podía reaccionar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No sé cuanto tiempo transcurrió desde que el hombre me dejó –dijo Margarita–. Cuando pude  levantarme, no tenía ni voz ni lágrimas, y era incapaz de dar un paso. Después de un rato, no sé cuanto, me arrastré como pude hasta la primera casa de la urbanización, y allí llamaron por teléfono. Al poco llegó un coche de la policía y me llevaron al hospital. Permanecí allí varias horas mientras me hacían un reconocimiento y la policía me tomaba una primera declaración.  En algún momento, me dejaron sola en la habitación. La puerta estaba entreabierta y entonces sucedió.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita calló unos momentos y se limpio los ojos llorosos con una servilleta de papel. Las tres amigas la rodeaban. Luego continuó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-Javier pasó por delante de la habitación,  y me vio a través de la puerta. Se quedó extrañado de verme así, y entró. Yo me di cuenta de que estaba allí cuando ya lo tuve junto a mí poniéndome una mano encima del hombro y me decía sobresaltado:&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Pero qué ha pasado?&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-A mí, se me cayó el mundo encima. No quería que nadie se enterase, pero tal como me vio no estaba en condiciones en ocultarle nada. Él tenía una pequeña herida en  la frente debido a un accidente sin mucha importancia en casa, y tuvo que ir a que le diesen unos puntos de sutura en la herida. Permanecí allí hasta que nuevamente llegó la policía para llevarme a hacer la declaración. Javier se negó a dejarme sola, y me acompañó a la comisaría. Me tomaron declaración en  privado e, incluso, me preguntaron por aquel hombre que me había acompañado. Dejé claro que era un buen amigo en quien confiaba, y que me había encontrado en el hospital por casualidad. Luego me enteré  de que a él también  le tomaron declaración. Ya de madrugada volví a mi casa. Él me acompañó hasta la puerta y me dijo que me llamaría al día siguiente. Por la mañana no fui a trabajar. Alegué una indisposición y permanecí tres días sin salir de casa. No quise siquiera coger el teléfono, a pesar de que Javier me llamó  en repetidas ocasiones. Aquel fin de semana al ver que tampoco había ido al trabajo vino a verme a casa. Estuvo mucho tiempo haciéndome compañía. Se portó muy bien. Yo tenía mucha confianza en él, pero a partir de entonces creo que me empecé a interesar más. Le hice prometer que lo que había sucedido quedaría entre  nosotros, y que no se lo contaría a nadie. Aquel día, después de tomar mi tercera ducha, salimos a comer juntos por primera vez e hizo lo imposible para que  me distrajese y olvidase. Al lunes siguiente, volví al trabajo, y la vida, aunque sin poder olvidar lo sucedido,  poco a poco volvió a su ritmo.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El café se había dejado de humear en las tazas y los  dulces de nata que tanto gustaban las cuatro amigas permanecían intactos en el plato. Margarita tomó un sorbo.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Se ha quedado frio –dijo, y continuó–. Cuando sentí que me había quedado embarazada creí que el mundo se hundía bajo mis pies. No pensé nunca en el aborto. No podía consentirlo. Siempre lo había condenado, pero empecé a comprender lo que sentían otras mujeres en semejantes circunstancias y en sus decisiones siempre difíciles, las mismas que yo, a partir de entonces, tendría que tomar. No dije nada en el trabajo e, inmediatamente, solicité el traslado a la central en Madrid, luego, ya vería como me las arreglaba. Tan pronto como me concedieron el traslado cerré la casa y me trasladé. Por eso, no os dije nada ni tampoco a Javier, aunque no sé si hice lo correcto. Dos meses más tarde, él fue a Madrid y  me esperó a la salida del trabajo. Se había enterado de mi marcha a través de la oficina. No tuve valor para  ocultarle mi situación. Por otra parte era el único que tenía allí. Alquiló un estudio amueblado cerca de donde yo vivía y se quedó en Madrid. Alguna vez volvía por aquí “Para dejarse ver” decía. Pasaron unos meses, y el embarazo iba bien, según me decían –hizo una pausa. Luego, con la mirada ausente, continuó como recordando la escena–. Un sábado por la tarde, estábamos en el Retiro. La tarde estaba quieta. Los plátanos acababan de estrenar sus nuevas hojas. Desde un banco contemplábamos a lo lejos el lento transcurrir de unas barcas en el lago. Entonces me lo propuso. Él estaría siempre conmigo, me aseguró, y me ayudaría con  el niño, yo para entonces ya sabía que era un niño, pero él creía que, aún así, me sería difícil, por lo que me pidió que nos casáramos. El niño tendría un padre y unos apellidos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;A Margarita, al recordar, le volvieron a saltar las lágrimas. Se llevó las manos a los ojos. Luego se levantó presurosa y entró en la casa. Las tres amigas permanecían en silencio sin saber que decir. A aquellas horas, el café se había vuelto a quedar completamente frío. Cuando salió al poco rato, parecía más serena. Luego continuó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sabéis perfectamente que nunca he tenido ningún interés por la vida de casada, y aunque las circunstancias eran muy especiales y la tentación grande, decidí que tendría el niño pero no compartiría mi vida con ningún hombre. Ya sabéis a qué me refiero. Javier debió de comprenderme y llevó su proposición a un extremo que no había imaginado. Su interés era únicamente de cuidar del niño y de la madre, por quien sentía algo muy especial, me confesó. Así es que como sabía mis ideas, la única manera de demostrarme que no tenía otras intenciones que las que me había dicho, me propuso que nos casáramos sólo por lo civil. Ante la sociedad, sería mi marido y el padre de mi hijo, y ante nuestra conciencia seguiríamos siendo solamente unos buenos amigos sin ninguna convivencia juntos. Pasé un mes muy difícil ante la decisión que tenía que tomar      –continuó Margarita– pues, en principio, la proposición de Javier no me pareció descabellada ya que tenía mucha confianza en él. Al final, me decidí, y un buen día de finales de Mayo nos casamos en el Juzgado. A instancias de Javier, un abogado nos redactó un documento por lo que en caso de solicitar el divorcio por mi parte, no tendría ningún problema, y aunque él no me lo pidió yo quise firmar otro igual para él. Nuestro banquete de boda  fue una comida para los dos en un restaurante de la Puerta del Sol, al atardecer, me acompañó hasta  mi casa y luego se marchó a su estudio. Cuando meses más tarde, nació el bebé no se apartó de mi lado, fue toda una bendición. Yo volví a mi trabajo y Javier se quedaba con el niño. Más tarde, entre los dos, tomamos una asistenta y una canguro, y nadie llegó a saber nunca nuestro secreto, hasta hoy.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita calló unos momentos. Paula se relajó en el respaldo de la silla y tomó un sorbo de café. Ninguna de las tres amigas sabía qué decir; al final la secretaria fue la que habló.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Y aquellos papeles de divorcio, ahora que el niño ya nació y lleva los apellidos de Javier...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Ninguno de los dos hemos hecho ni siquiera mención de utilizarlos. Es una situación algo anómala, lo sé, pero yo me encuentro a gusto así y creo que a él le sucede lo mismo –hubo unos momentos de silencio; luego Margarita continuó–. Posiblemente podáis conocer  al niño. La canguro ha quedado que lo recogería en la guardería y luego lo traería a aquí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las tres amigas que habían empezado a  asimilar la situación,  se alegraron  mucho de tener la oportunidad de conocer al niño.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Hablando, hablando se me olvidó sacaros unas pastas  –dijo Margarita levantándose para entrar en la casa.&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Y a propósito –preguntó Paula–, ¿qué nombre le has puesto al niño?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Javier como... su padre.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Claro –dijo Mari Pili.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En aquel momento de oyó parar un coche delante de la puerta del jardín, y momentos después, apareció Javier por el andador de gravilla que conducía hasta el porche donde estaban las cuatro amigas. Margarita se adelantó con un ademán cariñoso, le beso en la mejilla y se colgó de su brazo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Las conoces ¿no? –dijo cuando llegaron al grupo de las tres amigas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Por supuesto. Me alegra mucho de volveros a ver.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita tomó la palabra y sin soltar el brazo de Javier le miró dulcemente y le dijo:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Les he contado lo nuestro.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sabes que siempre te dije que eso era decisión tuya -y la miró con dulzura.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Te prepararé más café –dijo Margarita mirando el interior de la cafetera, y entró en la casa. Ya desde dentro les gritó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Queréis alguna copa de algo?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No –dijo la voz de la secretaria–,  pero si tuvieras un poquito de leche...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las tres amigas se quedaron con Javier que se había acomodado en una silla junto a la de Margarita.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Margarita nos ha contado todo lo sucedido        –comentó Paula–, y la verdad es que hay que felicitaros. Habéis demostrado una valentía extraordinaria al tomar semejante decisión. Nadie se lo hubiera podido imaginar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Margarita volvió a salir con una bandeja con más café, unas copas y una botella de Cointreau. Javier entró en la casa y al poco volvió a salir con una cubitera y echó dos cubitos de hielo en una copa de Cointreau.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La verja del jardín que daba a la calle se oyó. Margarita se levantó presurosa y caminó por al andador hasta la entrada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Mi niño! –se oyó la voz de la madre, y al poco volvió donde estaban sus amigas llevando en brazos un precioso niño. Tenía el pelo y los ojos claros como su madre y una sonrisa angelical que hizo las delicias de las tres amigas. El niño fue de brazo en brazo, y cada una de ellas comentaba un aspecto de su carita.&lt;br&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Afortunadamente para Margarita, a todas les pasó desapercibido el incipiente hoyuelo  en el pequeñito mentón del niño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"  &gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen I de &lt;B&gt;AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN.&lt;/B&gt; Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;br /&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-2589123676987302674?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/2589123676987302674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/11/el-hoyuelo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/2589123676987302674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/2589123676987302674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/11/el-hoyuelo.html' title='EL  HOYUELO'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sw5nm6nr4uI/AAAAAAAAAe4/5pAsxIdy8m0/s72-c/casa-con-jardin+REC.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5126765991349400791</id><published>2009-11-23T17:05:00.005+01:00</published><updated>2009-11-23T18:20:48.413+01:00</updated><title type='text'>UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN</title><content type='html'>&lt;Table BGCOLOR="#A52A2A" Border height=100% Width=100%&gt;&lt;TR&gt;&lt;TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Swq3zaEUURI/AAAAAAAAAew/oKyYyJol4cc/s1600/Las+flores+del+bien.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 202px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Swq3zaEUURI/AAAAAAAAAew/oKyYyJol4cc/s320/Las+flores+del+bien.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407336396410343698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;P align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt; DE TANTO EXIGIR...&lt;br /&gt;TE ESTÁS HACIENDO TRIZAS &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#FFFFFF;"&gt; &amp;copy Phil Bosmans&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cada persona es hoy como un partido. Es el partido de las exigencias: más sueldo, más dinero, más utilidades. ¡Cada vez más y más! Es el periodo de las exigencias: duro y frío como el hielo. ¡Es un periodo glacial! El corazón, metido en la nevera, congelado y duro como una piedra para que no se ablande. La gente se enfría sin cesar y se endurece para con los demás. Somos como bloques de hielo. ¡Entra en razón y descúbrete el corazón! Dí también alguna vez:&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡YA TENGO BASTANTE! &lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¿Para qué aumentar la producción?&lt;br&gt; ¿Para qué más nivel de vida?&lt;br&gt; ¿Para qué tantas comodidades? &lt;br&gt; ¿Para qué ganar siempre más?&lt;br&gt; ¡Ganar más y más dinero! &lt;br&gt;¡Comprar más. Consumir más!&lt;br&gt;¿Para qué inflar siempre ese índice?&lt;br&gt; ¿Para qué cebar esa espiral inútil de ganar un euro más&lt;br /&gt; para tener que gastar otro euro? &lt;br&gt; ¿Para qué, y para quién?&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;Span style="color:#ffff20;"&gt;TE SOFOCA LA ABUNDANCIA. PROTESTA CONTRA TI. PRESCINDE DE ALGO. ¿NO PODRIAS PASAR CON UN POCO MENOS? &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;   ¡HAZ LA PRUEBA!   &lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/B&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;/TR&gt;&lt;br /&gt;&lt;/Table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5126765991349400791?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5126765991349400791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/11/un-libro-una-reflexion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5126765991349400791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5126765991349400791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/11/un-libro-una-reflexion.html' title='UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Swq3zaEUURI/AAAAAAAAAew/oKyYyJol4cc/s72-c/Las+flores+del+bien.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-4320719687333434992</id><published>2009-08-14T14:10:00.001+02:00</published><updated>2009-08-14T14:14:09.239+02:00</updated><title type='text'>PAULINA</title><content type='html'>&amp;copy RAMON MARZAL &lt;BR&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SoU9flyM3cI/AAAAAAAAAd0/YZq799_KUKo/s1600-h/P8140344+bb.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 274px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SoU9flyM3cI/AAAAAAAAAd0/YZq799_KUKo/s320/P8140344+bb.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5369765743637093826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="color:blue;"&gt;&lt;font size=4&gt; &lt;B&gt; &lt;I&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;PAULINA&lt;/I&gt;&lt;/B&gt; &lt;/font&gt;&lt;/span&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El apagado quejido de alguien que lloraba se dejó oír desde los últimos bancos de la cripta. Hacía ya rato que había finalizado la última misa,  y el aroma dulzón del  incienso  se dejaba sentir todavía en el ambiente. Un par de mujeres permanecían  en los primeros bancos, absortas en sus rezos o quizá habían entrado para evadirse del ajetreo y del ruido del tráfico del exterior. Volvió a oírse el sollozo, escasamente contenido, de una mujer de mediana edad y rostro congestionado por el llanto que estaba sentada en el último banco. Apoyó los codos  en las rodillas y ocultó su cara entre las manos. Durante unos minutos, la mujer se desahogó en silencio  intentando llamar la atención lo menos posible. Unos pasos silenciosos se aproximaron a ella por detrás.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Le ocurre algo, señora? –le susurró alguien.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La que  así hablaba era una mujer algo más joven, vestía con traje de chaqueta y llevaba el pelo recogido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Nada, son cosas mías. Gracias –dijo la primera sin mirarle, y pronto, un nuevo sollozo quedó ahogado entre las manos de la mujer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La recién llegada dio la vuelta y se sentó junto a ella a la vez que le ofrecía un pañuelo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Gracias –dijo la primera con voz que  más bien parecía un ligero murmullo, mientras usaba el pañuelo–. Muchas gracias –repitió.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Mire, señora –dijo la más joven con voz queda–, yo no la conozco de nada y Vd. tampoco  me conoce. Cuando salgamos, cada una nos iremos por nuestro lado y, posiblemente, no nos volvamos a ver, pero quizá ahora le vendría bien desahogarse.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La otra mujer permaneció callada durante un buen rato y la recién llegada hizo ademán de levantarse para irse. Entonces la que estaba llorando le puso la mano  sobre la falda en un ademán de retenerla. La más joven permaneció en su sitio, y tras unos instantes, su acompañante pareció serenarse,  luego en voz baja como para ella misma, dijo:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Siempre creí que me quería.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Su marido? –dijo la más joven.&lt;br /&gt;–Nunca tuvimos ninguna discusión… No sé que ha pasado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿La ha maltratado?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Oh! ¡No! Él no es de esos –exclamó la mujer–. Simplemente que ahora sé que hay alguien.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Desde el otro lado de cripta se oyó un ligero «Ssss….» imponiendo silencio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Venga –le dijo la  más joven con un susurro–. Salgamos al claustro; estaremos más tranquilas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las dos mujeres se levantaron y se dirigieron a la salida. La mayor hizo una leve genuflexión y la otra, simplemente, se santiguó. Luego, por una puerta lateral, tras subir unas escaleras, se encontraron en el claustro.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Había por allí algunas personas, pues la iglesia, al igual que la cripta, también tenía salida al claustro. En aquellas horas no había misas en la iglesia,  pero como el claustro siempre estaba abierto, muchas personas entraban desde la calle, y bajo los arcos ojivales o en los jardines centrales, siempre encontraban  un remanso donde poder descansar y evadirse del ruido de la calle. Un sacerdote paseaba por entre los jardines, mientras leía su Breviario.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las dos mujeres caminaron hasta un banco junto a un pequeño seto y se sentaron.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Me llamo Paulina –dijo la más joven.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo, Carmen –dijo la mayor mientras se secaban los ojos húmedos. Parecía que se había serenado algo. Después de unos instantes se desahogó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Hace veinte años que estamos juntos, pero no tenemos hijos. Jamás hemos tenido que hacernos ningún reproche, y yo creía que éramos felices. Desde luego, en todos estos años hemos tenido alguna crisis, pero un psicólogo me dijo en cierta ocasión que las crisis en el matrimonio son buenas e, incluso, necesarias. Siempre salimos de ellas, y jamás he tenido ninguna  queja de su trato para conmigo. Tampoco creo que él haya tenido ninguna queja de mí. Yo consideraba que éramos un matrimonio normal, con sus altos y sus bajos. Él tiene su carácter, como yo el mío –calló unos instantes para sonarse y luego continuó–. Hace unos meses, empecé a verle algo distante. Los momentos de intimidad, ya sabe, no eran tan frecuentes como antes, pero claro, ya no somos tan jóvenes -pensé-. A mi me parecía feliz. Ahora le veo cada vez más distante, como ausente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Quizá sea una obsesión suya. Si me dice que han sido siempre muy felices y no ha habido nada que haya provocado una crisis.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No creo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–De todas las maneras, cuando los hombres se hacen mayores ya no sienten las urgencias de jóvenes y, a lo mejor, está pasando una crisis personal debido a  su edad.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Julián tiene ahora 52 años y yo soy dos años más joven que él. A veces, pienso en una amiga mutua que tenemos, compañera de su trabajo. Mi marido es  médico ¿sabe?, cardiólogo, y siempre que los he visto juntos, en el trabajo claro, me ha parecido que tienen mucha confianza.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Es lógico. Están todos los días juntos en el trabajo. ¿No serán celos por parte de Vd.?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No. Bueno, sí, pero ella no creo que sea. Hace un mes, Julián estuvo en su Congreso en Sevilla y yo empecé a sospechar que estaba con ella. No sé porqué,  pero con un excusa tonta llamé a su trabajo y ella estaba aquí en la ciudad. Pero no sé que pensar… ¿Está Vd. casada? –pregunto Carmen tras unos instantes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Lo estuve, pero enviudé hace varios años.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Está ahora con alguien? Ya sabe…&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Paulina tardó algo en responder, luego dijo como disculpándose.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo estaba sola…, sí, tengo un amigo, pero no vivimos juntos. No me interesa eso. El tiene su casa  y su trabajo y yo el mío. A veces quedamos y … simplemente somos felices. Ahora he quedado con él aquí para irnos a comer juntos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Se nota que es Vd. muy feliz –dijo Carmen–. Yo, hoy, no podré ver a Julián. Me dijo anoche que tenía una operación y ya se sabe Vd., las intervenciones de este tipo a veces de complican, y no se sabe cuando van a acabar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Por qué no habla Vd. con su esposo? –dijo Paulina–. Puede aprovechar algún momento que estén juntos y explicarle Vd. sus preocupaciones. Quizá todo se aclare. Ya verá como  no es nada de importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La mujer mayor empezó a sentir que Paulina se encontraba algo violenta, a lo mejor la estaban esperando y quería acabar la conversación. Pensó que las confidencias que le había hecho no importaban demasiado a la otra mujer. Así es que decidió marcharse.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Muchas gracias por su compresión, pero supongo que le debo estar entreteniendo mucho –dijo Carmen, mientras se levantaba–. Sí. Creo que hablaré con él, pero ahora me tengo que ir. Me ha sido Vd. de mucha ayuda, de verdad.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Besó a Paulina que se había levantado también del banco –Gracias –dijo una vez más, y se marchó por la puerta de la cripta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando la mujer hubo desaparecido, un hombre de mediana edad, que hasta entonces había permanecido sentado en la penumbra bajo los arcos del claustro y alejado de las dos mujeres, se acercó a Paulina.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Ocurre algo, cariño?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sí. Tu mujer se ha enterado de lo nuestro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"  &gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen II de &lt;B&gt;AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN.&lt;/B&gt; Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-4320719687333434992?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/4320719687333434992/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/paulina.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4320719687333434992'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4320719687333434992'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/paulina.html' title='PAULINA'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SoU9flyM3cI/AAAAAAAAAd0/YZq799_KUKo/s72-c/P8140344+bb.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1948639329154979456</id><published>2009-08-14T14:09:00.001+02:00</published><updated>2009-08-14T14:09:36.743+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;  No digas en tu corazon: "Mi propia fuerza y el poder de mi mano, me ha creado esta prosperidad", sino acuerdate de Yahveh, tu Dios, que te ha dado la fuerza para crear la prosperidad&lt;br&gt; &lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Dt. 8,17 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1948639329154979456?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1948639329154979456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/la-buena-nueva-no-digas-en-tu-corazon.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1948639329154979456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1948639329154979456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/la-buena-nueva-no-digas-en-tu-corazon.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-380446162239468760</id><published>2009-08-09T19:10:00.002+02:00</published><updated>2009-08-10T17:28:09.019+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>POEMA</title><content type='html'>&amp;copy: Ramón Marzal García &lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt; &lt;span style="color:blue;"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;B&gt;&lt;U&gt;&lt;I&gt;SEGUIR MURIENDO&lt;/I&gt;&lt;/U&gt;&lt;/B&gt;&lt;/font&gt; &lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Pero …¿Quién es?&lt;/blockquote&gt;Ojos anegados por el llanto del dolor.&lt;br /&gt;Un ayer angustioso de un querer perdido.&lt;br /&gt;Vida triste, lejana, impenetrable.&lt;br /&gt;   Pasado padecido. Alma insondable.&lt;br /&gt;Lucha eterna que  abrasa, por haber querido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                               Sigue esperando.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Esperando … ¿el qué?&lt;/blockquote&gt;Nadie, ni ella misma lo sabe.&lt;br /&gt;Esperar siempre los tiempos felices.&lt;br /&gt;Apartando el alma de las nacientes,&lt;br /&gt;gozosas y doradas ilusiones.&lt;br /&gt;Muere la vida. La angustia renace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                               Sigue pensando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Pensando… ¿el qué?&lt;/blockquote&gt;Nadie ni ella misma lo sabe.&lt;br /&gt;Pensar en tierras lejanas; mares en calma.&lt;br /&gt;Imaginar las dichas  imposibles.&lt;br /&gt;Sintiendo en su rostro lágrimas punzantes.&lt;br /&gt;Lloran los ojos,  flaquea el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                               Sigue creyendo.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Creyendo… ¿el qué?&lt;/blockquote&gt;Nadie, ni ella misma lo sabe.&lt;br /&gt;Creer en la muerte, que es la misma vida. &lt;br /&gt;Su gozo de joven, pasar como herido.&lt;br /&gt;Creer en el amor del hombre sentido.&lt;br /&gt;Esperar la alegría de la dicha cumplida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                              Sigue amando.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Amando… ¿el qué?&lt;/blockquote&gt;Nadie ni ella  misma lo sabe.&lt;br /&gt;Amar  de la muerte, el inicio.&lt;br /&gt;Un dios besado, en falsa idolatría.&lt;br /&gt;Un espejismo que en la vida sonreía. &lt;br /&gt;Esperando el fruto del estéril  sacrificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                               Sigue odiando.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;Odiando… ¿el qué?&lt;/blockquote&gt;Nadie ni ella misma lo sabe.&lt;br /&gt;Odia la pena que le envuelve la herida.&lt;br /&gt;Soñando quien  a su alma le hable. &lt;br /&gt;Arrastró la angustia, sin ser culpable.&lt;br /&gt;En la loca carrera de la ilusión perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella entre tanto…&lt;br /&gt;                              Sigue muriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-380446162239468760?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/380446162239468760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/poema.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/380446162239468760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/380446162239468760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/poema.html' title='POEMA'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6421146559720120415</id><published>2009-08-09T12:18:00.002+02:00</published><updated>2009-08-11T17:48:25.373+02:00</updated><title type='text'>UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN</title><content type='html'>&lt;Table BGCOLOR="#A52A2A" Border height=100% Width=100%&gt;&lt;TR&gt;&lt;TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SmCzR1XpoZI/AAAAAAAAAc8/wKTtqDy_SBU/s1600-h/la+alegria+de+vivir.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 205px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SmCzR1XpoZI/AAAAAAAAAc8/wKTtqDy_SBU/s320/la+alegria+de+vivir.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5359480675536314770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;P align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt; ¡RESURGE!&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#FFFFFF;"&gt; &amp;copy Phil Bosmans&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Sé feliz cada mañana por el nuevo día. ¿O acaso tienes miedo a la vida? ¿La encuentras demasiado pesado? Por la noche, ¿te acuestas con un suspiro de alivio? "¡Menos mal, un día menos!" ¿Tal vez te aburres hasta la náusea y todo te parece insensaso e inútil. ¿Tal vez las cuatro ruedas de tu coche se han convertido en los principales miembros de tu cuerpo; y la pequeña ventana de la televisión te ha robado la intimidad. Tal vez estás inquieto por divertirte. O no estés nunca satisfecho.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ya no eres un hombre, si bajo la presión de la mentalidad actual, te has dejado reducir a un ser que produce, gana y consume. Para ti, las flores no se abren ya.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Para ti, los niños no juegan ya. No existen ya personas que rian Estás muerto porque has dejado morir el amor de tu corazón. Buscas la felicidad donde nunca la podrás encontrar: en las cosas inútiles y sin vida que te seducen, pero no te compensan.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;¿Despiértate! ¡Resurge!&lt;br /&gt;¡Vuelve a ser un hombre!&lt;br /&gt;¿Mañana saldrá el sol,&lt;br /&gt;pero tú corres el peligro de no darte cuenta.&lt;br /&gt;&lt;/B&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;/TR&gt;&lt;br /&gt;&lt;/Table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6421146559720120415?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6421146559720120415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/un-libro-una-reflexion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6421146559720120415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6421146559720120415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/08/un-libro-una-reflexion.html' title='UN LIBRO, UNA REFLEXIÓN'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SmCzR1XpoZI/AAAAAAAAAc8/wKTtqDy_SBU/s72-c/la+alegria+de+vivir.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-8778713952954123301</id><published>2009-07-15T18:29:00.008+02:00</published><updated>2009-08-14T14:31:15.629+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>CARTA A UNA AMIGA MUERTA </title><content type='html'>&amp;copy; RAMON MARZAL&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl3ye8izSEI/AAAAAAAAAcM/7hZcVc7vK04/s1600-h/Santorini+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 640px; height: 144px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl3ye8izSEI/AAAAAAAAAcM/7hZcVc7vK04/s320/Santorini+2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5358705745102850114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Quiero escribirte porque sé que de alguna manera esta carta llegará a su destino, de la misma manera que sé que si te hablo, me estarás escuchando, porque siempre ha creído que aunque se muere, se sigue viviendo y aunque te vayas, sigues estando.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Para los demás, éramos simplemente amigos, unos buenos amigos, y también nosotros, de alguna manera, queríamos creer eso, pero luego comprendí, y tú lo debes de saber ya, que aquella amistad era algo muy especial; diferente.&lt;br&gt; &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Me empecé a dar cuenta, cuando aquel verano coincidimos en unas vacaciones en el Mediterráneo. Yo acababa de meter en mi camarote las maletas que aquel camarero africano acababa de dejar junto a la puerta. Cuando salí para ir a la cubierta “Entreprise” donde se nos iba a designar el número de la mesa del comedor, tú salías del camarote contiguo; ¿te acuerdas? Habíamos llegado a Atenas en diferente vuelo y nos alojamos en hoteles diferentes. Yo, en el Meridiem; tú, en el Gran Bretaña, creo, muy cerquita, y ambos, por separado, decidimos hacer aquel crucero por el Egeo. Luego resultó que el camarote que en principio iba a  ocupar tu amiga, que tuvo que anular el viaje a última hora por haberse accidentado, me lo dieron a mí que estaba en lista de espera en la Agencia de Viajes. Cuando nos vimos, no sé  quien de los dos se sintió más sorprendido por aquella extraña circunstancia. Creo que en mis ojos se notó la alegría que me negaba a reconocer cuando te veía; no sé si a ti te ocurría lo mismo. Yo, en principio, iba a viajar solo para tomar datos y anotar sensaciones para poder escribir mi tercer libro de viajes, pero entonces lo olvidé, y cuando nos colocaron a los dos en la misma mesa, supe que no podría hacer mi trabajo como yo quería. –Ya nos veremos– dijimos cuando volvimos a nuestros respectivos camarotes.&lt;br /&gt;Sólo éramos unos amigos que habían coincidido en un viaje, pero yo pensaba en ti cada vez que oía algún ruido en el camarote de al lado que, curiosamente, se comunicaban por una puerta que nunca quise saber  si permanecía cerrada por ambos lados. Todos los días escribía mis notas para emplearlas a la vuelta, luego me di cuenta que a medida que pasaban los días, y con ellos las pequeñas singladuras, tú ocupabas la mayoría de mis apuntes.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Por la noche, después de la cena, en el salón de actos de la cubierta principal, hubo una fiesta de bienvenida. Nos dieron un pequeño índice de las próximas escalas y lo que se iba a visitar durante la travesía. Después, música y baile. Las azafatas se desvivían cada una con los que hablaban su idioma. La que hablaba castellano era pequeñita. ¿Recuerdas qué graciosa era? Hizo una errónea interpretación de nuestra relación. Tú te sonrojaste  y ella se sintió algo azorada cuando le sacamos de su error. Luego todos reímos. Al final, el Capitán nos dio la bienvenida  y nos deseó buen viaje. Cuando acabó la fiesta, fiesta que de diferente forma se repetiría todas las noches que duró la travesía, salimos a la cubierta “Promenade”. Recuerdo que era una  cálida noche de verano y el Egeo estaba en calma. Se oía una suave música por la megafonía de cubierta, y paseamos callados durante  un buen rato. Nunca supe qué ibas pensando. Yo sí recuerdo que te dije: «Crees que alegrarse del mal ajeno, es una falta de caridad» «Sí»–me dijiste–«Bueno pues he de confesar mi falta de caridad –repuse–. Me alegro que tu amiga se haya accidentado porque si no, yo no estaría ahora contigo» «Tonto» me dijiste y me cogiste del brazo. Rara vez lo habías hecho. Debió de ser la música o la calidez de aquella noche ante las costas de Mikonos. Ahora, después de tantos años, se me presenta ante mí como una imagen nítida. Me acuerdo como si todo hubiera sucedido ayer.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Al día siguiente, de acuerdo con las normas de navegación por mar, se efectuó un simulacro de salvamento. Cuando  en la cubierta de botes nos vimos enfundados en aquellos salvavidas color naranja, no pudimos contener la risa. Todavía me acuerdo cuando veo las fotos que nos hicieron subiendo a los botes. Tú hiciste un comentario en voz baja que no pude oír. Cuando te pregunté, te reíste y no lo quisiste repetir. ¿Qué dijiste?&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl31B57ZS5I/AAAAAAAAAcU/OXssvvEJv3Q/s1600-h/cruceros.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl31B57ZS5I/AAAAAAAAAcU/OXssvvEJv3Q/s320/cruceros.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5358708544719375250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Acabábamos de volver de la excursión a Creta.  Yo sabía que aquel día era tu cumpleaños, pero no te quise decir nada. Sin embargo, por la noche durante la velada, me encargué de decirle a la azafata, la pequeñita, que era tu cumpleaños. En mitad de la fiesta, la orquesta paró, y dos o tres azafatas te felicitaron en media docena de idiomas. La orquesta entonces tocó el “Cumpleaños Feliz” y todos los pasajeros la cantaron en una mezcolanza de idiomas. Yo te vi llorar, y recuerdo  que me dijiste con cariño «Esto no te lo perdono». Luego te entregué un frasquito pequeño de perfume de nombre francés que te había comprado aquella misma tarde en la cubierta comercial. «Gracias», me dijiste y me besaste en la mejilla. Luego la fiesta continuó y tú permaneciste callada. A la mañana siguiente me dijiste que, emocionada, no habías podido dormir en toda la noche. Yo te oculté que había permanecido despierto hasta la madrugada envuelto  en azarosos pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Durante los tres días siguientes bajábamos a tierra por la mañana para hacer la excursión prevista, y luego, en algunos lugares con barcazas, regresábamos al buque. Después de comer  nos tumbábamos en las hamacas de cubierta, o íbamos a la sala de cine. Una noche entramos a bailar en aquella sala donde únicamente tocaban piezas lentas y románticas. Yo me sentía muy a gusto contigo. No quiero ya  ocultarte que aquella noche deseaba  que te quedases  en mi camarote. Claro que ahora yo sé que lo sabrás todo, por eso no te quiero mentir. Te deseé aquella noche y todas las demás, pero por entonces tu no sospechabas nada o al menos eso creía yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Fue a la altura de la isla de Santorini cuando el mar se empezó a encrespar. Después de que hubiera vuelto la última barcaza que  retornaba  a los turistas al barco, el estado del mar empeoró. Yo, a la hora de la cena, te estuve esperando en el comedor. Cuando terminó, me empecé a preocupar y me llegué hasta tu camarote. Recuerdo que me abriste la puerta agarrándote como podías y con la cara del color de la cera. El doctor del barco te había puesto un pequeño parche contra el mareo detrás  de la oreja, pero aun así, no me dio la sensación de que te hubiera hecho mucho efecto. Nos sentamos en la cama y te abrazaste  a  mí, estabas  muy mareada. Intenté hablarte de todo para distraerte, ya no me acuerdo cuantas cosas te conté, luego me quedé contigo toda la noche. El mar empezó a calmarse y creo que por fin nos dormimos ya a la madrugada. No fuimos a  desayunar. Cuando salimos a mitad de mañana nos tomamos un café  en  la cafetería de a bordo y nos sentamos en los sillones junto a la piscina. No había casi viajeros en cubierta; estaban en la excursión de  Patmos.&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl34PWz9ZCI/AAAAAAAAAcc/t1XiRE9Vc0Y/s1600-h/acropolis.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 216px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl34PWz9ZCI/AAAAAAAAAcc/t1XiRE9Vc0Y/s320/acropolis.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5358712074345997346" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando dos días después desembarcamos en El Pireo, volvimos a Atenas para tomar el avión de regreso a Madrid: yo lo haría aquella misma tarde, tú aún tardarías  unos días más. Tenías todavía que hacer un viaje programado hasta Meteora. Recuerdo que en la puerta del hotel cuando yo iba a subir  al autocar que me llevaba al aeropuerto me acerqué a ti para despedirme; me sentí  triste por dejarte y te besé; sin embargo, yo no sabía que aquella sería  la última vez. Había empezado a sentir por ti algo más que amistad. Me sentía enamorado de ti, pero no tuve valor para confesártelo. Posiblemente tú no te diste cuenta y yo volví a España teniendo la sensación de que todo había acabado. Nos hablamos una o dos veces más por teléfono, seguramente tú esperabas algo más de mí y yo no tuve valor para comprometerme, y un buen día desapareciste. Ninguno de nuestros amigos sabía donde estabas. Yo pregunté en tu trabajo y me dijeron que lo habías dejado; te habían ofrecido algo mejor en otra ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Estuve esperando tu llamada muchos meses y luego, poco a poco, algo empezó a desvanecerse dentro de mí. Dejó de ser tan nítido el recuerdo de aquel viaje, y cuando al cabo de seis años creía que no significabas ya nada para mí, un buen día me llamaste por teléfono. Acababas de llegar a la ciudad  y quedamos en una cafetería «¿Por qué lo hiciste?», «¿Qué te ha sucedido?» –te pregunte pero estabas muy hermosa y no tenía ningún reproche que hacerte. Estuvimos un buen rato hablando. Nunca me dijiste donde vivías o que era de tu vida. Si recuerdo que me dijiste que estabas trabajando, pero nada más pude saber de ti. Sólo, casi al final, dijiste algo que por entonces no pude entender muy bien. «¿Si algún día te pido algo,  lo harías por mí?» –me quedé extrañado– «Tú sabes que sí», «¿Necesitas algo?» « No –me dijiste– pero sé que tienes una empresa grande, y algún día puedo necesitar que te encargues de alguien»  «Por supuesto ¿Quién es?» –te pregunté– «Nadie por el momento, sólo quería saber si podía contar contigo» «Te lo prometo. Cuando me necesites dímelo, sabes que puedes contar conmigo». Aquella fue la última vez que te vi. Yo empecé  a pensar que te habrías casado y quizá tu marido  estuviese apurado con el trabajo, pero no te quise preguntar nada. Tú te debiste de dar cuenta y me aclaraste que no estabas casada. Debí entonces haberte dicho lo mucho que yo, a pesar del tiempo transcurrido, aún te quería, pero la verdad es que, una vez más, me dio miedo. Muchas veces he pensado a que le tenía miedo siempre que quise decirte que te quería. ¿Quizá al compromiso?, no lo sé. En cualquier caso, sé que ha sido la única decisión  que no me he atrevido a tomar nunca. Sólo una vez más me llamaste por teléfono. Algo había ocurrido en tu vida que no te atreviste a contarme. Te noté como hundida y que aquella conversación era como una llamada de socorro que me hacías. Y una vez más, fui un cobarde y desperdicié la ocasión.  Cuando quise reaccionar, no te pude llamar puesto que desconocía donde estabas ni que hacías. Nunca me lo quisiste decir. Y un día, lo comprendí todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Hace un año recibí tú última carta. Era larga, explicita, aunque luego he comprendido que no me lo contabas todo. Me decías que hacía tiempo, te habían detectado un tumor  y que ahora estaba muy adelantado. Los médicos te habían confirmado que no había ninguna esperanza y te habían dado tan sólo unos meses de vida. Posiblemente no me volverías a escribir.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La verdad es que no sabía que hacer. Lloré en silencio como jamás hubiera pensado que mis ojos pudieran  llorar, y una vez más lamenté mi cobardía y mi falta de decisión. Ahora, ya no podía hacer nada, pues seguía sin saber donde estabas.  El matasellos de la carta era de  Barcelona. Hice infinidad de llamadas y gestiones para localizarte. Hubiese querido  estar contigo y  poder abrazarte aunque fuese por última vez. Dios es testigo de que digo la verdad y tú, ahora, también lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Me enteré de que habías cambiado de ciudad cuando seis meses más tarde recibí carta de una amiga tuya a quien la habías encargado que me comunicase tu muerte.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Hasta entonces mi pensamiento se paseaba por tu recuerdo, te soñaba cercana y  en mis noches en vela me parecía tenerte junto a mí. A partir de entonces, todo aquello me parecía falso. Ya no había ninguna realidad donde agarrarme. Sentí la angustia de no haber tenido la valentía de amar, y ahora no tener el desahogo de poder llorar. Sentí el vació de los que poseen al completo y no tienen nada. Sentí la amargura de los que creen tener todo y sólo son dueños de su soledad. Te digo todo esto, quizá para desahogarme porque desde donde tú estás, me consta que ya lo sabes. Tu muerte ha hecho la separación inevitable, pero no eterna, pues sé que nos volveremos a encontrar. Pero mientras tanto, mi desconsuelo, y hasta entonces... nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ayer vino a verme una jovencita de unos 18 años. Acababa de llegar a la ciudad, y era tu vivo retrato. Traía una carta tuya que he leído  una y otra vez hasta la saciedad. Hoy, para empezar, he dado trabajo en mi empresa a nuestra hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"  &gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen II de &lt;B&gt;AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN.&lt;/B&gt; Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-8778713952954123301?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/8778713952954123301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/07/carta-una-amiga-muerta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8778713952954123301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8778713952954123301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/07/carta-una-amiga-muerta.html' title='CARTA A UNA AMIGA MUERTA &lt;A name=&quot;amiga muerta&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sl3ye8izSEI/AAAAAAAAAcM/7hZcVc7vK04/s72-c/Santorini+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-3402206307574351487</id><published>2009-07-15T11:14:00.004+02:00</published><updated>2009-07-15T13:26:19.302+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;  Si os enojais, que no se ponga el sol mientras esteis enojados&lt;br&gt; &lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Ef. 4,26 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-3402206307574351487?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/3402206307574351487/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/07/la-buena-nueva-si-os-enojais-que-no-se.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3402206307574351487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3402206307574351487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/07/la-buena-nueva-si-os-enojais-que-no-se.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-4299153375639522129</id><published>2009-06-17T12:17:00.015+02:00</published><updated>2009-08-09T12:25:52.418+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>TREN EXPRESO A PARIS </title><content type='html'>&amp;copy; RAMON MARZAL&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SjjDSXgyi8I/AAAAAAAAAbU/Wih5EX-mCDc/s1600-h/tren+para+blog.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 220px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SjjDSXgyi8I/AAAAAAAAAbU/Wih5EX-mCDc/s320/tren+para+blog.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348239277819071426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;¡Sí. Yo ya conozco esta historia! –exclamé para mí cuando hube leído el Canto Tercero del poema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Un frío seco se había apoderado hacía días  de la ciudad, y la gente caminaba deprisa intentando hacer sus últimas compras de Navidad. Una columna de aliento que ascendía desde mi boca se dejaba ver cuando pasaba cerca de algún escaparate iluminado. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mis  más de 80 gastados años no me permitían grandes paseos, por lo que casi todas las tardes solía deambular un poco por las calles del centro. A última hora, me tomaba un café, si así podía llamarse a aquel brebaje del que  nos  valíamos recién acabada la guerra, y luego me marchaba hacia casa. Aquel día, ya a última hora, acerté a pasar por una pequeña librería que había en la calle de San Miguel; y quizá por resguardarme un poco del frío de aquel invierno de 1940, o quizá para demorar algo  más la llegada a la soledad de mi casa, decidí entrar. Un agradable  calor producido por una estufa de carbón en un extremo de la tienda, me dio la bienvenida. Había algunos clientes desperdigados entre las diversas secciones. Me desprendí de la gruesa bufanda, y sin quitarme los mitones,  me puse  a mirar por las estanterías. En la sección de poesía, al fondo del establecimiento, cogí un librito que se titulaba “Pequeños Poemas” y, así como al azar, abrí una de sus páginas  y empecé a leer. &lt;br /&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;«Habiéndome robado el albedrío&lt;br /&gt;Un amor tan infausto como mío               &lt;br /&gt; Ya recobrados la quietud y el seso&lt;br /&gt;  Volvía de París en tren expreso...»&lt;br /&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El librero estaba ocupado en aquellos momentos atendiendo a otros clientes, así es que yo continué leyendo el poema. A medida que iba desgranando aquellos versos, me daba  cuenta de que hacía muchos años, cuando yo era un muchacho,  había sido testigo de una historia como la que allí se contaba, y mi mente me transportó a aquel duro invierno de 1870. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;*  *  * &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Por aquellos años, yo vivía en París con mis padres. Mi madre era francesa y mi padre español, este último tenía  familia en Zaragoza. Sucedió que un hermano de mi padre murió, y como quisiera que mis padres, por diferentes motivos se veían  imposibilitados de ir a visitar a su familia, me enviaron a mí. Así es que, mi padre escribió a sus parientes, y  un buen día, ya de noche,  me pusieron  en un tren expreso que después de un buen número de horas me dejaría directamente en la frontera donde debía enlazar con un vehículo tirado por caballerías para Zaragoza. Busqué mi asiento, y me acomodé como pude junto  a la ventanilla de aquel desvencijado vagón con incómodos asientos de madera. Al poco, llegó un  hombre de mediana edad, me pareció. Era alto, elegante y cabello negro y vestía bien; se le notaba de posición desahogada. Me pareció como fatigado. Nada más sentarse a mi lado, se cubrió las piernas con una manta zamorana, y se acomodó en el asiento como pudo, dispuesto a pasar la noche.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Silbó la locomotora y arrancó el tren con un fuerte vaivén  que nos hizo cabecear a todos los viajeros. Al poco de salir de la estación, se abrió la puerta del vagón. Una ligera ráfaga de viento helado nos inundó, y entró una joven acompañada de una anciana. Caminaron  por el pasillo y llegaron hasta los dos asientos que había libres frente a nosotros. Nos dieron las buenas noches en voz baja, y tras de colocar  los bultos en el portaequipajes, se sentaron. La mujer joven, junto a la ventanilla; la mayor,  hacia el pasillo. Al hombre que estaba a mi lado se había separado un momento para dejar pasar a la joven hasta su asiento y se la quedó mirando. Yo, en mi rincón  junto a la ventanilla frente a la mujer, fingía dormir. Era alta, rubia y delgada. Me pareció muy hermosa, aun para mis jóvenes años, y supongo que para el hombre de mi lado también, pues no dejaba de mirarla.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En tren empezó a trepidar. Yo no tenía ningún sueño, pero quizá por timidez o desgana,  no me apetecía iniciar ninguna conversación, por lo que envuelto  en un amplio abrigo, arreglado de uno de mi padre, me acomodé en mi asiento. Refirmé la cabeza en el cristal de la ventanilla y seguí simulando dormir. Con los ojos entreabiertos, miré al exterior. El tren corría ya en una llanura por lo general oscura, sólo  iluminada de vez en cuando por  una luna  que se  abría paso entre las nubes. Observé con disimulo a la joven frente a mí que con una expresión  triste, miraba por la ventanilla hacia una lejanía negra e imprecisa. Tuvo un acceso de tos ronca, luego volvió la cabeza y se refirmó en el asiento. Se le veía la cara pálida, aunque quizá fuera por la tenue luz del vagón. Me pareció ver unas mal disimuladas ojeras, y en algún momento se secó unos gruesas gotas sudor que perlaban su frente a pesar del frío del vagón. En un momento en que fingí acomodarme, miré al hombre que estaba junto a mí. Seguía sin dejar de  observar a la joven. Todos los viajeros parecían dormir en sus incómodos asientos, y cubiertos, los más con abrigos y algunos con sendas mantas, permanecían en silencio. Durante unos instantes la joven cruzó su mirada con el hombre de mi lado  y al verle también despierto, quizá por iniciar una conversación intrascendente que hiciese más corto el viaje, oí que le decía con dulzura:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Sois español?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Si, asturiano, de Navia. ¿Y Vd.? –oí que el hombre se interesaba.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo soy francesa –dijo ella.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Por lo que he podido ver, Francia es muy bella. No me importaría vivir aquí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo, sin embargo, preferiría España. Necesito su sol y su clima.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ella volvió la cabeza hasta el exterior y no dijo nada más. El hombre, al ver la introversión de la mujer  permaneció también en silencio y se arregló la manta  que cubría sus piernas. A la acompañante de la joven  se le escapó un ligero suspiro. Yo a mi vez intenté dormir. Vi pasar rápidos ante la ventanilla los postes del telégrafo e imprecisas luces en la lejanía. En el exterior se oían  los lamentos de la locomotora que, al parecer, estaba subiendo alguna pendiente. Vi en el horizonte lejano algunas nubes y una luna indecisa que asomaba tras ellas; luego el humo intenso de la locomotora volvió a cubrirla. Coloqué el cuello de mi abrigo junto a la ventanilla donde estaba apoyada mi cabeza para evitar el frío del cristal. Las luces de una estación pasaron fugaces y se perdieron. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Transcurrió largo rato que no llegué a saber  si me quedé dormido. Cuando volví a abrir los ojos, vi a mi compañero de viaje que, tras el intento de  tener una conversación con la joven, intentaba también dormir.  Se revolvió inquieto en su asiento. Ella se levantó y abrió un poco la ventanilla. Un viento gélido inundó el vagón. Alguien de los asientos posteriores  protestó y ella volvió a subir la ventanilla. Se sentó de nuevo y dirigiéndose al hombre  preguntó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Qué hora es?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Las tres –dijo el hombre después de mirar su reloj de bolsillo. Ella no dio siquiera las gracias y me pareció que volvía a quedar ensimismada por oscuros pensamientos. Luego, tras unos instantes, cogiéndose los brazos con sus manos, dijo como para ella misma.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Hace frío. &lt;br /&gt;El hombre solícito se despojó de su manta zamorana y se acercó a la joven para colocársela encima de las piernas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Gracias –dijo ella y tras unos instantes se presentó.  &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Me llamo Constancia&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Y yo, Ramón. ¿Va muy lejos?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sí, muy lejos –dijo ella distraída.&lt;br /&gt;Volvió a callar y el hombre al verla como abstraída se atrevió a preguntar en voz baja.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Recuerdos?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Y Vd.? –dijo ella con tristeza, mirándole mientras jugaba con las borlas verdes y granas de la manta que le había prestado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Yo hace tiempo que huí de los recuerdos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Parece joven para huir de los recuerdos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Aunque yo no quería, el suave vaivén del tren en la noche ya adelantada me fue produciendo un sopor, y, por lo visto, debí quedarme dormido.&lt;br&gt;&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Me despertó el trasiego de algunos viajeros que se preparaban para apearse  en alguna estación que se presuponía cercana. La joven  movió a la anciana que  debía de hacer tiempo que se había quedado profundamente dormida. Luego se levantó para coger una bolsa de viaje. Por lo visto las dos mujeres también se bajaban. Vi que el hombre conversaba en voz baja con la joven y ésta, con una ligera sonrisa, algo triste me pareció, le respondía con esa voz queda con que las mujeres hablan de confidencias con sus enamorados. Al parecer habían estado conversando todo el tiempo en que yo estuve dormido. Oí que ella le decía:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Tengo que despedirme de alguien, luego, si puedo, volveré a París. Dentro de 15 días estaré de nuevo en esta estación para regresar. Me gustaría tener ocasión de que nos volvamos a ver –dijo ella sin ocultar cierta dosis de tristeza, y tendió su mano hacia el hombre para despedirse.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El tren aminoró la marcha. Empezaron a verse las débiles luces de gas de la estación y enseguida se detuvo. El hombre bajó la ventanilla y esperó que la mujer estuviese en el andén, luego le tendió la bolsa de viaje. Se oyeron las voces apagadas de la gente en la estación, y el bajar y subir de los vagones. Poco después, el tren iniciaba  de nuevo su marcha, y el hombre  extendió su mano para saludar a la joven que había quedado con su acompañante en el andén.  Cuando ya no la vio, subió la ventanilla, volvió a sentarse y ya no dijo nada en todo el viaje. Yo me volví a quedar semidormido y sólo me desperté cuando llegué a la frontera de España.&lt;br /&gt;Enlacé en la misma aduana con la diligencia que me llevaría a Zaragoza y no volví a acordarme  de mis compañeros de viaje.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al día siguiente, llegué a casa de mis familiares y permanecí con ellos el resto de aquella semana y la siguiente. Tras el sepelio, mi familia   me convenció para que me quedase con ellos algún tiempo y poder ver así la ciudad que yo casi no conocía.  Al cabo de unos días, me despedí de los míos, y volví a tomar la diligencia para Francia. Llegué a la frontera  con tiempo suficiente para enlazar con el expreso de París, y como quiera que no habían anunciado todavía la salida, entré por unos momentos en la fonda  para tomarme un vaso de leche caliente con un azucarillo, y, de paso, protegerme de los rigores de aquel invierno mientras esperaba que anunciasen la salida del expreso a París. Había poca gente en la estación y en esta ocasión en el tren  no iban casi viajeros.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;  Cuando salí de la fonda, coincidí con aquel hombre alto y de mediana edad con el que había viajado  dos semanas antes.  Subí al tren  y me senté en unos asientos   en el centro del vagón. Tenía la experiencia que siempre que abrían la puerta, un  aire frío  inundaba los primeros asientos.  Momentos antes de partir, subió el hombre y se sentó en un asiento cercano al mío. Miró el reloj  y se acomodó. El tren salió de la estación a la hora prevista y emprendió su rutinario camino hacia París. Me entretuve observando al hombre  que muy a menudo consultaba con su reloj de bolsillo, y miraba por la ventanilla cuando el tren paraba en alguna estación. Su actitud empezó a intrigarme tan sólo por curiosidad y cuando el tren  empezó a aminorar la marcha, se puso de pie delante de la ventanilla. Por fin, entró en la estación donde la joven se había bajado la última  vez que la vi. Tan pronto como el  tren se detuvo, el hombre bajó la ventanilla. Estuvo unos instantes mirando a derecha e izquierda. Sin duda estaba esperando a  la joven. El jefe de estación se dispuso a dar la orden de marcha y entonces vi correr a una mujer en el andén hacia la ventanilla abierta. Enseguida reconocí a la acompañante de aquella joven en el viaje de hacía dos semanas antes. Vestía de luto y me llamó la atención que traía lo ojos llorosos.  Se acercó a donde estaba el hombre y estuvo hablando con él durante unos instantes sin parar de llorar. Desde donde yo estaba, no oía lo que decían, pero cuando ya el convoy emprendía la marcha, vi que entregaba una carta al hombre. El tren empezó a andar y la mujer permaneció en el andén con la mano extendida hacia el hombre cuando ya se alejaba. Por entonces, yo estaba ya completamente intrigado por lo que  estaba sucediendo, y aunque no había oído la conversación, no me había perdido nada de la escena  por lo que se incrementó mi interés   en la posible historia que había sucedido. El hombre estuvo asomado unos instantes en la ventanilla, luego la cerró. Permaneció todavía un buen rato sentado en su asiento con la mirada ausente y la carta entre las manos que por lo visto no se atrevía a abrir; por fin se decidió. Estuvo leyendo durante un buen rato y luego se levantó y salió al exterior del vagón. Debía de tener frío pues  a través del cristal de la puerta le vi subirse el cuello del abrigo. Luego, besó el papel y en determinado momento extendió la mano hacia el exterior, y una carta arrugada pasó rauda delante de mi ventanilla,  y  se perdió en medio de la inmensidad del paisaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt; &lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Vamos a cerrar señor –oí la voz del librero que se dirigía a mí.&lt;br /&gt;Había pasado el tiempo y no me había dado cuenta. Tomé el librito de los pequeños poemas y caminé hacia el mostrador mientras leía los últimos versos:&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;            Al poco de venir día por día&lt;br /&gt;            Con mi gran inquietud y poco seso&lt;br /&gt;            Sin alma y como inútil mercancía&lt;br /&gt;            Me volvió hasta París el tren expreso»&lt;br /&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Antes de pagar, miré el título y leí: &lt;B&gt;EL TREN EXPRESO&lt;/B&gt; dedicado al celebre escritor D. José de Echegaray de su admirador y amigo. Firmaba un tal &amp;nbsp; &lt;B&gt;Ramón de Campoamor&lt;/B&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br&gt; &lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-4299153375639522129?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/4299153375639522129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/06/tren-expreso-paris.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4299153375639522129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4299153375639522129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/06/tren-expreso-paris.html' title='TREN EXPRESO A PARIS &lt;A name=&quot;expreso&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SjjDSXgyi8I/AAAAAAAAAbU/Wih5EX-mCDc/s72-c/tren+para+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1114372636359385314</id><published>2009-05-30T18:43:00.007+02:00</published><updated>2009-06-17T10:13:49.455+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>MI  SOMBRERO  DE  PAJA </title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;© Ramón Marzal&lt;br /&gt;Talla de la imagen:  Aram Nikogosyan&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Aquella mañana llegué al Museo a primera hora dispuesto a seguir visitando algunas de las salas que me faltaban. Ya en el segundo piso, y nada más subir la escalera, me llamó la atención una figura de hermosa factura. Era una talla de casi tamaño natural que representaba una maternidad. Una mujer sentada sobre sus piernas Me produjo una gran impresión, sin embargo, había algo que me llamó la atención y que no llegaba a comprender que era. Estuve un gran rato contemplándola; averigüé que en la expresión de su rostro había algo peculiar.  Abrazaba un bebé entre los brazos con un ademán de gran ternura y protección, pero en su rostro faltaba la expresión de alegría propia de una madre que se recrea en su hijo. Su rostro parecía lleno de melancolía y casi me pareció ver en él la marca de un gran sufrimiento. Se podía comprobar que la talla era de una excelente técnica, por lo que no dudé que el artista tenía un don especial, y si el rostro de aquella mujer manifestaba cierta expresión de tristeza, era porque así lo había querido expresar el artista. Me acerqué a la leyenda que figuraba  en el basamento de la talla. Decía: Talla en madera, Simone Lapierre, 1946 y el título de la obra. Me quedé extrañado. Debía de haber alguna confusión pues no era un título muy apropiado para aquella obra. Así es que abrí el catálogo de las obras del Museo que siempre me acompañaba en mis visitas, y busqué la talla. Comprobé que bajo la fotografía de la obra, figuraba el mismo título y únicamente añadía: Talla cedida por la hermana de la artista. Movido por la curiosidad, me dirigí al guía de la Sala que en aquel momento pasaba por allí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No sé –me dijo–, no es el primero al que llama la atención. Piensan que es un equívoco al colocar la leyenda, pero los especialistas del Museo  se han asegurado, y como en el contrato de cesión de la obra por parte de la hermana de la artista figura también ese título, lo han respetado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Al salir compré una postal en la tienda del Museo; decía lo mismo. Cuando llegué a casa, la guardé y ya no volví a acordarme más de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sh6uykgjXEI/AAAAAAAAAbM/c2QmZK_0XVc/s1600-h/maternidad+5+para+blog.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sh6uykgjXEI/AAAAAAAAAbM/c2QmZK_0XVc/s320/maternidad+5+para+blog.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5340898391924890690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Un año más tarde, mientras paseaba por París entre los   “bouquinistes” del Muelle de Voltaire, vi un libro de pequeñas dimensiones escrito en francés y cuyo título me llamó la atención. Era la biografía de Simone Lapierre escrita por su hermana. Lo compré por curiosidad, y aquella misma noche, después de cenar, empecé a leerlo en la habitación del hotel.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Era una sucinta biografía de la artista, en una autoedición de su hermana. Decía  que Simone de Lapierre casó en 1927  con el Conde de Lapierre. No tuvo hijos, y sus últimos años los había dedicado a la talla de figuras. Dotada de una exquisita sensibilidad  para las bellas artes, realizó esculturas que hoy estaban representadas en muchos museos de Europa. Murió  en 1986 en medio de extrema pobreza ya que el Conde en los últimos años de su vida dilapidó todo su patrimonio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Aparte de sus datos biográficos, aquel libro no me decía mucho más, así es que intenté ponerme en contacto con la autora, pero al ser una autoedición sólo podía contactar directamente con la imprenta cuya dirección afortunadamente figuraba en una de la primeras hojas junto con el “copy right”.  La imprenta, como era de suponer, se negó a facilitarme su dirección, pero me dijo que podía dirigirle una carta a la autora, y ellos se la harían seguir.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;No tenía mucha confianza, aun así, me decidí a escribirle indicándole que me gustaría saber algo más de su hermana y, sobre todo,  de aquella maternidad cuya foto le adjuntaba, y le envié la postal que había adquirido en el museo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Con gran sorpresa por mi parte, un mes después, recibí noticias de la autora del libro invitándome a visitarla en su domicilio de París. Una semana más tarde, me recibía en una casa de la Rue Saint Jacques, próxima a la Sorbona.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La hermana de Simone estuvo encantada de recibirme, máxime cuando le conté lo impresionado que había quedado al ver aquella talla en mi visita al museo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Mi hermana –me dijo– se casó con el Conde de Lapierre, un hombre de excesivo mal carácter  y muy posesivo que le hizo la vida más que imposible con sus celos y sus explosiones de ira. Ella hubiese querido tener un hijo, pero él siempre se negaba. Le decía que no sería una buena madre. Mi  hermana era creyente y muy religiosa, y su confesor lo único que le pudo decir  es que la voluntad de Dios es indiscutible y que ofreciese todo con resignación cristiana.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La mujer se quedó unos instantes con la mirada ausente, luego pareció volver a la realidad y continuó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–La vida de Simone era un infierno. Un día me contó que había pasado por  una iglesia y entró a desahogarse con el primer sacerdote que encontró en un confesionario.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;«Es cierto que hay que  respetar la voluntad de Dios –le había dicho el sacerdote–, pero ¿cómo sabes que la voluntad de Dios es que sigas sufriendo de esa manera? A los cristianos nos gusta mucho flagelarnos. Mira, hija mía, cuando Jesús  iba por los caminos de Nazaret –continuó el sacerdote–, sin duda se cansaba, y la Escritura nos dice que se sentaba al pie de una higuera a descansar junto con sus discípulos. “Venid también vosotros a un lugar tranquilo a descansar un poco”,  dice Lucas. No se le ocurría decir –Qué cansado estoy, pero voy a seguir caminando pues tengo que sufrir por mi Padre–. Cuando Jesús viajaba por el desierto, sin duda tenía mucho calor y sufría agotamiento, pero no creo que se le ocurriese seguir sin buscar un poco de sombra.  No creo que pensase –¡Qué calor tengo!, pero voy a caminar por allí que hace más sol, pues tengo que sufrir–. Mira, hija, yo no sé si por entonces existirían los sombreros de paja, pero te aseguro que si existían, Cristo, en el desierto, llevaría un sombrero de paja. Con esto quiero decir que hay que aceptar la  voluntad de Dios en aquellas cosas que no se pueden evitar, pero para lo demás, hay que buscar una santa solución. Búscate tú también algo para que sigas el camino y puedas llevar la cruz que Dios a puesto en tu vida, pero procura, sin dañar a nadie, protegerte de alguna manera de las inclemencias. Busca algo en tu vida que, sin abandonar tus obligaciones de familia, te llene de ilusión y te permita seguir viviendo».&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Mi hermana me contó que salió muy reconfortada, y que posteriormente, volvió a la iglesia intentando hablar  de nuevo con aquel sacerdote. Lo más curioso fue que nadie le supo dar razón, y le aseguraron que aquel confesionario, hacía tiempo que no era usado por nadie ya que el Párroco era el único que confesaba, y lo hacía en el que había junto a la sacristía que le resultaba más cómodo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La mujer calló durante unos instantes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Tomará una copa de vino? –y sin esperar contestación  se levantó y se dirigió hacia un  cercano mueble-bar. Sirvió dos copas de oporto, y me entregó una. Luego volvió a sentarse. Suspiró lentamente y continuó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–A partir de entonces, empezó con su afición que nunca había podido realizar por dedicarse a su esposo. Le gustaba tallar, y, durante los años siguientes, aquello  fue su afición favorita. Ello le permitía, en ciertos momentos, aislarse en el estudio que su esposo había consentido  que tuviera en el sótano de la casa. Las tallas se empezaron a vender con facilidad a particulares e, incluso, algunos museos se interesaron por ellas. El Conde era muy jugador, y dilapidó toda su fortuna, así como lo poco que mi hermana conseguía con las tallas. Sólo después de muerta, sus obras adquirieron  altas cotizaciones. Por entonces, mi hermana contrajo una enfermedad de laringe que tuvieron que operar, y si bien su vida no corrió peligro,  el mal dañó sus cuerdas vocales lo que hizo que perdiese totalmente el habla. Pasaron los años y la economía del matrimonio fue de mal en peor.  A la muerte de su esposo, no le quedó más remedio que reconocer que  su situación era precaria, y tuvo que vender todo. Los merchantes y acreedores se hicieron  cargo de toda su obra artística. Una mañana se presentaron en su estudio y se llevaron las esculturas embaladas en cajas las cuales iban  etiquetando cada una con su título. Cuando se fueron a llevar una de ellas, mi hermana, ya sin poder hablar, les hizo señas indicándoles que aquella talla la quería conservar.«¿Qué es?» –le preguntaron. Ella, en la libreta que siempre llevaba para comunicarse con los demás, les escribió algo y se lo entregó. El hombre la miró extrañado y luego etiquetó la caja que dejó aparte. Aquella obra permaneció en casa de mi hermana durante años. Ya al final de su vida, me dijo que era lo único que poseía y que como no tenía descendencia, a su fallecimiento me ocupase yo de darle sepultura y que me dejaba la obra para que pudiese sacar algo para los gastos –la mujer calló unos instantes y luego continuó:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–A la muerte de Simone, liquidé lo poco que poseía y me traje la talla que no quise vender. Posteriormente me pareció que era una obra que debía estar  en un museo y por eso la cedí. Supuse que era un tributo que le debía a ella. Cuando  en el museo abrieron la caja,  había una “maternidad”, una bellísima  talla de una mujer con un bebé en brazos, y en la tapa figuraba el título de la obra. Aunque les extrañó, decidieron conservarlo como voluntad de la artista. El título decía: “Mi sombrero de paja”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"&gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen I de AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN. Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;B&gt;Publicado en la Revista "La Sirena de Aragón" con fecha abril 2009&lt;/B&gt;&lt;/span&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1114372636359385314?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1114372636359385314/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/mi-sombrero-de-paja.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1114372636359385314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1114372636359385314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/mi-sombrero-de-paja.html' title='MI  SOMBRERO  DE  PAJA &lt;A name=&quot;sombrero&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sh6uykgjXEI/AAAAAAAAAbM/c2QmZK_0XVc/s72-c/maternidad+5+para+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6199556854640037029</id><published>2009-05-30T18:41:00.001+02:00</published><updated>2009-05-30T18:41:45.493+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;center&gt;&lt;br /&gt;&lt;table border=0 height=80% width=70% bgcolor="#800000"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/td&gt; &lt;td  align="justify"&gt; &lt;font color="#ffff40"&gt;&lt;br&gt;&lt;B&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La Palabra "ese poco de aire estremecido" que desde la madrugada confusa del Génesis, tiene poder de Creación .&lt;br&gt;&lt;br&gt;Ortega y Gaset&lt;/B&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;/font&gt; &lt;/align&gt;&lt;/td&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;/center&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6199556854640037029?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6199556854640037029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/palabra-ese-poco-de-aire-estremecido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6199556854640037029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6199556854640037029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/palabra-ese-poco-de-aire-estremecido.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-7659068590916843907</id><published>2009-05-19T12:08:00.006+02:00</published><updated>2009-06-04T21:15:14.445+02:00</updated><title type='text'>VII SALÓN DE PRIMAVERA DE ACUARELAS</title><content type='html'> &lt;p&gt;            El pasado día 7,   la Asociación  Aragonesa de Acuarelistas presentó su VII Salón de Primavera. Obras de formato medio y diferentes estilos, (25 obras en total)  cubrieron  la Sala de Exposiciones de la Agrupación Artística Aragonesa, en la Calle de La Gasca,35, de Zaragoza. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;            El jurado formado por prestigiosos artistas,  otorgó los siguientes premios:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;                                   Primer Premio   : Ana Sediles&lt;/p&gt;&lt;p&gt;                                   Segundo Premio    : María José Cardós&lt;/p&gt;&lt;p&gt;                                   1ª Mención             : Javier García Valiño &lt;p&gt;                                   2ª Mención             : Rosa María Martín&lt;/p&gt;&lt;p&gt;                                    Premio Especial Bodegon : Carmen Marcuello&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;embed src="http://widget-7c.slide.com/widgets/slideticker.swf" type="application/x-shockwave-flash" quality="high" scale="noscale" salign="l" wmode="transparent" flashvars="cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=3170534137686954620&amp;amp;site=widget-7c.slide.com" style="width:400px;height:320px" name="flashticker" align="middle"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style="width:400px;text-align:left;"&gt;&lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3170534137686954620&amp;amp;map=1" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-7c.slide.com/p1/3170534137686954620/bb_t046_v000_s0un_f00/images/xslide1.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3170534137686954620&amp;amp;map=2" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-7c.slide.com/p2/3170534137686954620/bb_t046_v000_s0un_f00/images/xslide2.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3170534137686954620&amp;amp;map=F" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://widget-7c.slide.com/p4/3170534137686954620/bb_t046_v000_s0un_f00/images/xslide42.gif" border="0" ismap="ismap" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;            No es la primera vez que &lt;b&gt;María José Cardós &lt;/b&gt;nos regala con sus sutiles paisajes llenos de una candorosa belleza. Esta artista que domina la humedad y las pinceladas  suaves, ha tocado diferentes temas, entre ellos los florales, sin embargo, es, a mi juicio,  en el paisaje donde se encuentra más a gusto, y desde luego sabe imprimir a sus acuarelas un encanto que nos transporta a oníricos espacios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;            Es una pena que&lt;b&gt; María José Cardós&lt;/b&gt; no se prodigue más en exposiciones o, incluso, se decida a colocar sus obras en la red para que  puedan también ser admiradas fuera de nuestras fronteras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;            Es mi más ferviente deseo que esta artista continue con su fructífera labor, para bien del arte y deleite de todos aquellos que tenemos la inmensa suerte de poder contemplar en directo sus  exquisitas acuarelas.&lt;/p&gt;&lt;br&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-7659068590916843907?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/7659068590916843907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/vii-salon-de-primavera-de-acuarelas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7659068590916843907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7659068590916843907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/05/vii-salon-de-primavera-de-acuarelas.html' title='VII SALÓN DE PRIMAVERA DE ACUARELAS'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-4567101676619423730</id><published>2009-04-29T11:03:00.005+02:00</published><updated>2009-05-02T18:45:02.325+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>INCENDIO EN LA 41 ESCUADRILLA</title><content type='html'>&amp;copy; RAMON MARZAL&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfbZsg7MUYI/AAAAAAAAAaE/oK6nwpL_iGA/s1600-h/avion+2+para+blog.jpeg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 153px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfbZsg7MUYI/AAAAAAAAAaE/oK6nwpL_iGA/s320/avion+2+para+blog.jpeg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329686567815238018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;            El soldado de primera Ortega se encontró tendido en el suelo cubierto de cristales y cascotes. Cuando pudo reaccionar, no se acordaba de lo que había sucedido.  Lentamente, levantó una mano y se la llevó a  la frente;  entonces vio que estaba cubierto de sangre. Se oían gritos a su alrededor, y vio a compañeros suyos que corrían por todas las partes, algunos, la mayoría, iban sin vestir. Unos pocos habían cogido sus armas y corrían hacia ninguna parte sin saber que es lo que sucedía.&lt;br /&gt;            Entonces debieron de dar las siete de la mañana  y a través de los altavoces del acuartelamiento sonó la orden de “diana”. La orden estaba grabada  en cinta  y  conectada para que sonase a las siete en punto. Aunque aquella mañana ya no hacía falta despertar a nadie.&lt;br /&gt;            –¡Nos están atacando! –gritó un recluta que debió de confundir la orden. Estaba muy asustado.&lt;br /&gt;            El soldado de primera Ortega quiso gritar pero las palabras no le salieron de la boca. Procuró no angustiarse y mentalmente pasó una revisión a todo su cuerpo. Las manos las podía mover puesto que se las había llevado a la cara. Intento mover las piernas comprobó con satisfacción que aunque lentamente los pies y  las piernas respondían a las ordenes del cerebro. Lentamente se llevó la mano a la cara y se tapó un ojo, luego alternó; por el momento, veía bien. El acuartelamiento era un caos y nadie venía en su auxilio. Tuvo la intención de levantarse, pero pensó que podían estar heridas las cervicales  y permaneció en su sitio. Sin forzar el cuello, intentó mirar hacia lo que había sido la pequeña oficina del acuartelamiento donde él estaba cuando sucedió la explosión; había desaparecido juntamente con la habitación de al lado que hacía la veces de armero  donde se guarda algo de munición. Oyó las sirenas de bomberos y de la policía aérea que en pocos  minutos acordonaron  el acuartelamiento y llenaron con sus vehículos el patio del mismo. Cuando quiso darse cuenta, la totalidad de la dotación de la compañía se encontraba vestida, o a medio vestir según se viese, con su respectivo armamento. La policía aérea, jamás había visto tanto juntos, llenaron el recinto y las primeras ambulancias hicieron su aparición. La palabra “terrorismo” empezó a circular entre los componentes de  la “41 escuadrilla” a la que el soldado de primera Ortega permanecía con destino en las oficinas del acuartelamiento. El  oficial de guardia se había hecho cargo de la situación en espera de que llegase el Jefe del acuartelamiento  que ya había sido avisado. Unos compañeros le encontraron en el suelo del patio en medio de  cristales y cascotes de lo que había sido su oficina, y avisaron a los sanitarios. Éstos le pusieron un collarín y lo trasladaron de inmediato a la enfermería para una primera inspección antes de trasladarlo al hospital. Allí,  Ortega se enteró que  el único herido había sido él, aunque se desconocía la gravedad de su estado hasta que no se le practicase un amplio reconocimiento. Una hora más tarde, ocupaba una cama del Hospital Militar donde contestaba como podía  a las preguntas de varios doctores. Pasó también a visitarle el capellán castrense, después del cual se quedó en observación pues sus recuerdos eran confusos.  Sólo pudo decir a los superiores que le preguntaron en un primer  momento que acababa de llegar a la oficina cuando ocurrió la explosión y ya no recordaba nada más hasta que se vio tendido en el suelo del patio. En el cuerpo de guardia del acuartelamiento habían confirmado su llegada quince minutos antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Después de una semana en el hospital, pocos recuerdos tenía de todo aquel incidente. Unas costillas fracturadas, un tobillo dislocado y contusiones en todo su cuerpo. Los médicos diagnosticaron también una pérdida transitoria de memoria que iría remitiendo con el paso de los días. Sus compañeros  de escuadrilla se acercaron a visitarle hasta el hospital y le mantuvieron al corriente de los acontecimientos. Al acuartelamiento de  la  41 escuadrilla, había llegado personal de los servicios secretos de Madrid y se estaban llevando a cabo rigurosas investigaciones.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;  Una mañana se presentó un Teniente de Servicio Secreto, de Madrid y le volvió a tomar declaración.–Simple formalidad– dijo. El soldado corroboró las declaraciones que había dado ya con anterioridad a sus superiores. El Teniente le deseó un rápido restablecimiento y se marchó. Mes y medio más tarde, totalmente restablecido, le dieron de alta en el hospital y se reincorporó a su destino, aunque debido a que su anterior oficina estaba completamente destruida se le había habilitado un despacho en el edificio de la Jefatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Habían pasado más de tres meses desde que ocurrió el incidente y aunque en muchas ocasiones se barajó el termino ”terrorismo” esto no pudo ser confirmado y  las investigaciones que se llevaron a cabo dieron como resultado que había sido un  accidente. Que por causas desconocidas había  estallado la munición del armero anexo a la oficina lo que hizo saltar por los aires las dos habitaciones. Se tambalearon algunas cabezas de la Jefatura del acuertelamiento y del Sector Aéreo, pero todo se arregló. Se confeccionó el correspondiente informe y se tomaron medidas para que la acumulación de material  peligroso se hiciese en lo sucesivo en un lugar seguro. Todo ello provisionalmente, pues al acuartelamiento estaba próximo a ser trasladado a un lugar más alejado, para lo cual  hacía tiempo que se habían iniciado la construcción  de un nuevo acuartelamiento, en un lugar próximo al aeropuerto, y a la que, a partir de entonces, se le dio prioridad absoluta.  Las instalaciones eran más modernas con todas las comodidades. Incluso con calefacción ya que  en el actual se estaban sirviendo de estufas de leña.&lt;br /&gt;            Cuando el soldado de primera Ortega leyó el informe, que curiosamente llegó a sus manos dado su destino en la Jefatura, le agradó sobremanera el hecho de que en el nuevo recinto pudieran disponer de calefacción. Ya no tendría que verse obligado  a encender diariamente la estufa con todos los inconvenientes que ello suponía. Además siempre faltaban astillas y esto ocasionaba  serios trastornos. La memoria del soldado Ortega empezó a recuperarse hasta que llegó momento en que se dio cuenta que dadas las circunstancias, y puesto que el asunto estaba cerrado, era preferibles dejar cerrada la puerta de sus recuerdos, por lo menos hasta después de su próximo licenciamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfbdL7eYBuI/AAAAAAAAAaM/V07EMhX-YWs/s1600-h/avion+para+blog.jpeg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 153px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfbdL7eYBuI/AAAAAAAAAaM/V07EMhX-YWs/s320/avion+para+blog.jpeg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329690406052955874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                      *  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            El soldado de primera Ortega desde que se le dio destino había estado en la oficina del acuartelamiento. Esto tenía sus ventajas, pues era él quien ponía las guardias y siempre  podía salir beneficiado, pero también estar en aquella oficina tenía sus inconvenientes, pues   en la mesa cercana a la suya estaba instalado  su Sargento con el que había tenido ya serias discusiones. En el despacho aparte estaba su Capitán. Era éste un  oficial de muy mal carácter que sentía la milicia hasta dentro de todo su ser. Dirigía a su escuadrilla con mano de hierro y por supuesto a sus más inmediatos  subordinados en la oficina:  un brigada que nunca estaba, un sargento, ya mayor,  siempre amargado y el soldado de primera Ortega.&lt;br /&gt;            A las 8 de la mañana, llegaban al acuartelamiento los dos suboficiales y por supuesto la oficina  tenía que estar ya preparada. Todo el acuartelamiento era muy antiguo en sus instalaciones, por lo que carecía de calefacción y tenían que valerse de estufas de leña cuya provisión de madera tenía que estar dispuesta por el militar de menor rango y por consiguiente por el soldado de primera Ortega. Para el veterano no le suponía un gran trastorno tener que estar al corriente del suministro de la madera pues abundaba en las instalaciones. Pero lo que si era un fastidio era el encendido, pues no había astillas ni maderas delgadas ni, por supuesto, ningún artilugio para poder hacerlas. Únicamente había troncos grandes que sólo servían cuando el fuego ya estaba adelantado.&lt;br /&gt;            En más de una ocasión  se había llevado una soberana bronca por parte del  sargento, el cual todo hay que decirlo tenía al soldado bastante ojeriza, porque cuando había llegado él,  pasadas las 8 de la mañana, la oficina estaba fría, sobre todo en los días de  riguroso invierno. El Capitán no le daba ninguna preocupación pues llegaba bien avanzada la mañana  y para entonces, la oficina siempre estaba ya caliente. El soldado había encontrado una solución, y es que  como solía pernoctar en casa, se llevaba de su domicilio un cartucho de papel con las correspondientes astillas que se preparaba la noche anterior. Así, cuando llegaba a la oficina,  lo primero que hacía,  antes incluso de quitarse el capote pues la oficina estaba helada, era retirar de la estufa las cenizas del día anterior, y  tras de meter un montón de papeles viejos que tomaba de la  papelera, introducía las astillas que se había llevado y luego algún tronco más pequeño; a continuación le prendía fuego.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Aquella mañana había salido con tanta urgencia de casa, para poder estar en el acuartelamiento antes del toque de diana que olvidó el cartucho que, como de costumbre, se había dejado preparado ya desde la noche anterior. Cuando llegó a la oficina intentó sin ningún éxito encender la estufa con  los troncos que tenía, pero, a pesar de la gran cantidad de papel que acumuló en el interior de la estufa, éstos se consumieron sin que los leños hubieran prendido lo más mínimo. Sacó todos los troncos y con una navaja intento hacer  algunos cortes transversales que dejasen  al descubierto algunas virutas, y tras meter   nueva provisión de papeles, volvió a intentarlo de nuevo. Las técnicas aprendidas en los Boys Scouts no servían. Los troncos no prendían y lo que es peor, por la gran cantidad de papel empleado empezó a salir humo por lo que hubo de abrir las ventanas de la oficina. Eran cerca de las ocho de la mañana, y la estufa estaba sin encender. A pesar de estar la ventana abierta estaba sudando enormemente pues ya se veía con un arresto por parte del sargento el cual llegaría en cualquier momento. Y  entonces tuvo una feliz idea. Volvió a introducir los troncos dentro de la estufa y cerró la ventana, luego bajo a la planta de abajo. Por el acuertelamiento había cierta calma pues toda la escuadrilla estaba desayunando en el comedor.  Se acercó hasta la habitación que hacía de imprenta. Supuso que estaría ya abierta pues la orden del día tendría ya que estar en la prensa, una antigua impresora “Minerva” que proporcionaba también más de un disgusto al cabo primero responsable de la misma. Entró y no vio a nadie. Tenía la intención de pedirle al cabo primero un poco de gasolina que le diese alguna facilidad  para prender los troncos pero no había nadie allí. Espero unos instantes y como el impresor no aparecía por ninguna parte, buscó por su cuenta la gasolina.  Encontró el recipiente en un extremo, una lata de unos 5 litros y estaba casi llena. Eran más de las ocho de la mañana, no podía esperar, los reclutas  habían empezado a salir del comedor. Tomó la lata  y corrió a la oficina. Subió de un salto los tres escalones que había hasta la puerta. El sargento no había llegado todavía, así es que levantó la tapa superior de la estufa y vertió una gran cantidad de líquido en su interior. Se aseguró de que todos los troncos  estuviesen bien impregnados. Volvió a dejar la lata en el imprenta; el impresor todavía no estaba, y volvió a subir a la oficia. Luego  cogió un folio lo arrugó en forma de porra, le prendió fuego por un extremo y lo aplico a la parte  baja de la estufa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sfbf-jE6LrI/AAAAAAAAAaU/6pq0o5lIpTs/s1600-h/aviones+4+para+blog.jpeg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 220px; height: 152px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sfbf-jE6LrI/AAAAAAAAAaU/6pq0o5lIpTs/s320/aviones+4+para+blog.jpeg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329693474700275378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                      *  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Tres meses más tarde, el soldado de Primera Ortega era licenciado y al año siguiente los medios de comunicación mencionaban el traslado del acuartelamiento de la “41 escuadrilla” situado en el centro de la ciudad a las instalaciones cercanas al  Aeropuerto. Algunos medios mencionaron de pasada aquel incidente de supuesto “terrorismo” que nunca quedo definitivamente aclarado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;Div&gt;&lt;span style=";font-size:85%;color:blue;"  &gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen III de AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN. Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-4567101676619423730?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/4567101676619423730/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/incendio-en-la-41-escuadrilla.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4567101676619423730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4567101676619423730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/incendio-en-la-41-escuadrilla.html' title='INCENDIO EN LA 41 ESCUADRILLA&lt;A Name=&quot;Escuadrilla&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfbZsg7MUYI/AAAAAAAAAaE/oK6nwpL_iGA/s72-c/avion+2+para+blog.jpeg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-986182661979948836</id><published>2009-04-29T11:01:00.001+02:00</published><updated>2009-05-02T19:22:14.768+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Buena Nueva'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;  Escuchad esto los que pisoteáis al pobre y queréis suprimir a los humildes de la tierra. Los que achicáis las medidas y aumentáis el peso falsificando las balanzas. Los que compráis por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalis.&lt;br&gt; ¡Jamás se olvidaran vuestras obras!&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Am. 8,4-7 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-986182661979948836?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/986182661979948836/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/la-buena-nueva-escuchad-esto-los-que.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/986182661979948836'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/986182661979948836'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/la-buena-nueva-escuchad-esto-los-que.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-8318586721611470832</id><published>2009-04-29T11:00:00.005+02:00</published><updated>2009-05-02T19:22:46.469+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sentimientos'/><title type='text'>SENTIMIENTOS</title><content type='html'>&amp;copy; textos y acuarela: Ramón Marzal&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfGTYgrwAkI/AAAAAAAAAZU/NSo4a-J0lG8/s1600-h/PA010074.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 238px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfGTYgrwAkI/AAAAAAAAAZU/NSo4a-J0lG8/s200/PA010074.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328201883455586882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;Div&gt; &lt;b&gt;Yo soy la nube tormentosa&lt;br /&gt;que a merced de los vientos va&lt;br /&gt;cruzando el mar de la vida&lt;br /&gt;inutil...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;el poderse parar.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfGVcnJluxI/AAAAAAAAAZc/Oh1Kp7MQHFo/s1600-h/ancianos+3.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 238px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfGVcnJluxI/AAAAAAAAAZc/Oh1Kp7MQHFo/s200/ancianos+3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328204152934087442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;b&gt;Yo soy como el ciego, que en tinieblas&lt;/p&gt;&lt;p&gt;por la vida caminando va,&lt;/p&gt;errando, tropezando y cayendo&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;inutil...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;el poderse levantar.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-8318586721611470832?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/8318586721611470832/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/sentimientos_29.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8318586721611470832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8318586721611470832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/sentimientos_29.html' title='SENTIMIENTOS'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SfGTYgrwAkI/AAAAAAAAAZU/NSo4a-J0lG8/s72-c/PA010074.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1145428520135304446</id><published>2009-04-16T20:35:00.009+02:00</published><updated>2009-05-02T18:42:12.328+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='AMMIHUD'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><title type='text'>AMMIHUD  (Novela)</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Secakpv-tqI/AAAAAAAAAYs/o5MKWG6LmD4/s1600-h/P3030110.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px; height: 174px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Secakpv-tqI/AAAAAAAAAYs/o5MKWG6LmD4/s200/P3030110.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325254301373609634" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153); font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;SINOPSIS  DE  LA  NOVELA  AMMIHUD&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Autor:Ramón Marzal García&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;            La obra comienza con un prólogo que se desarrolla en el año 1250 a.C. con la conquista de Jericó por los Israelitas. Un personaje (AMMIHUD) ofende a Dios, y toma una determinación cuyas consecuencias transcenderán a la época actual, donde se desarrolla la novela.&lt;br /&gt;            "A pesar de la aversión que sentía a los espacios cerrados, Ismael se introdujo en el pasadizo. Sabía que si le ocurría algo, nadie le iba a encontrar allí..." así comienzza el capítulo I .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La acción se desarrolla, principalmente, en un pueblo (ficticio) situado geograficamente en el Pirineo aragonés, entre las localidades de Escuer y Biescas. Ismael que es propietario  de algún negocio no muy limpio,vive en el Hostal del pueblo, propiedad de la protagonista (Agueda) a la que él llama su sobrina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;            En la cripta de una ermita abandonada, descubre parte de un pergamino escrito en hebreo antiguo, junto con unas hojas con parte de la traducción al castellano, las cuales hablan de un círculo de 12 rocas, al parecer, con poderes especiales. Ismael decide averiguar el significado y origen del pergamino investigando en varias fuentes y todas ellas le conducirán a Israel.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;            Por otro lado, en una excavación arqueológica en Méjico, es hallada la mitad de una figura de jade de origen olmeca con unos jeroglíficos al dorso que,  a traves de varios avatares, terminará en poder de un coleccionista judio de Méjico D.F.  Este judio logra hacerse con la traducción de los pictograbados que le hablarán también de un círculo de piedras "en tierras lejanas". Las claves le conducirán también  a Israel. A partir de ahí, una serie de personajes pretenden, por diferentes motivos, hacer con el círculo de las 12 rocas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;            Al Hostal, llega un peculiar personaje (Victor) que dice ser escritor y está buscando documentación para una novela, sin embargo, la verdad es otra muy diferente. Entre este personaje y la dueña del Hostal (Agueda) surgirá una relación sentimental que irá progresando a lo largo de la obra. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;            Las doce rocas serán encontradas y enviadas a España, pero debido a ciertas circunstancias se perderá la pista de las mismas. Este acontecimiento hará que Ismael huya del pueblo y llegue a París. La historia tendrá su climax en el último capítulo donde se sabrá el verdadero enigma de las rocas, se aclarará otro posible misterio y se consolidará el amor entre el escritor y Agueda.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;            Al principio de la obra, hay una nota del autor en la que dice que el círculo de las  rocas existió en la realidad, y es citado en la Biblia en el primer capítulo del Libro de Josue. Sin embargo, las 12 rocas nunca han sido halladas.  En cuanto al  nombre de AMMIHUD también figura en la Biblia, en el Libro de Números, pero su protagonismo en la novela es totalmente ficticio. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1145428520135304446?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1145428520135304446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/ammihud-novela.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1145428520135304446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1145428520135304446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/ammihud-novela.html' title='AMMIHUD  (Novela)&lt;A Name=&quot;Sinopsis&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Secakpv-tqI/AAAAAAAAAYs/o5MKWG6LmD4/s72-c/P3030110.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5908510348182096894</id><published>2009-04-16T20:33:00.002+02:00</published><updated>2009-05-28T19:14:07.810+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;center&gt;&lt;br /&gt;&lt;table border=0 height=80% width=70% bgcolor="#800000"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/td&gt; &lt;td  align="justify"&gt; &lt;font color="#ffff40"&gt;&lt;br&gt;&lt;B&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Da pena  ver collares y anillos de oro colgados al cuello y dedos de la imagenes de la Virgen, mientras hay personas que se mueren de hambre.&lt;br&gt;&lt;br&gt; Juan Pablo I.&lt;/B&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;hr&gt;&lt;br&gt;&lt;B&gt;Dios no necesita cálices de oro, sino almas de oro. Comenzad a dar de comer a los hambrientos, y con lo que sobre decorad el altar.&lt;br&gt;&lt;br&gt;Juan Pablo II, en Canadà el  14 de Septiembre de 1984&lt;/B&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;/font&gt; &lt;/align&gt;&lt;/td&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;/center&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5908510348182096894?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5908510348182096894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/palabras-son-como-la-sangre-cuando.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5908510348182096894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5908510348182096894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/palabras-son-como-la-sangre-cuando.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6662831144097476712</id><published>2009-04-09T13:13:00.006+02:00</published><updated>2009-08-09T18:25:39.406+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>MIGUELITO</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="color:blue;"&gt; ©Ramón Marzal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3VkwvQMMI/AAAAAAAAAXk/QrQ3M2YoQ3U/s1600-h/Via-Crucis+2007+arreglo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 284px; height: 199px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3VkwvQMMI/AAAAAAAAAXk/QrQ3M2YoQ3U/s320/Via-Crucis+2007+arreglo.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5322645162156896450" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;font size=3&gt;           Miguelito tenía 4 años cuando sus padres, Don Miguel y Dña. Encarnación, decidieron irse a vivir a un piso viejo de una casa no menos vieja en la parte antigua de la ciudad, detrás de la Catedral. Después de casarse, se habían instalado en casa de la madre de  doña Encarnación, y cuando nació el niño, empezaron a pensar en irse a vivir independientes a un piso. Después de hacer serios estudios sobre los ingresos que, como empleado en la oficina de una Compañía de Seguros, recibía Don Miguel, el matrimonio Olmedo se cambió a un  tercer piso de una casa en el casco viejo de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Fueron tiempos heroicos para el joven matrimonio quien, recién acabada la guerra, no tenían  otra ilusión que sobrevivir. Disponía la casa de un amplio dormitorio que daba a la calle, con una alcoba donde le habían instalado una cama a Miguelito; un comedor que nunca se usaba; un despacho, sin ventanas a la calle, para D. Miguel y una cocina grande con un cuarto de desahogo también obscuro que hacía las veces de despensa, ropero y cuarto de trabajo, y  donde se guardaban infinidad de cachivaches. En aquella cocina grande transcurría la apacible  vida  de los Olmedo. En un extremo, junto al balcón, había una mesa camilla con sus  faldillas de  color  siena, que en otros tiempos debieron de ser rojas, y bajo aquella mesa, al amparo de las faldillas, Miguelito poseía su "Santa Sanctorum”. Un par de cajones colocados en el lugar donde debía de haber un brasero, albergaban  los tebeos y los pocos juguetes de madera y hojalata pintada que disponía el niño: todas sus pertenencias. Allí fueron los primeros contactos de Miguelito con su imaginación y su mundo de fantasía.&lt;br /&gt;            En verano, Doña Encarnación sacaba el cajón de los juguetes al balcón, y al resguardo de un toldo descolorido, se pasaba el niño horas enteras, mientras su madre, en el otro extremo de la cocina,  se dedicaba a sus quehaceres. El balcón daba a una callejuela estrecha, frente a lo que era una especie de corral donde la casera del Deán cuidaba  algunas gallinas.  Don Pablo, el Deán, un sacerdote  bastante mayor de generosa papada, se pasaba las horas no ocupadas por su Ministerio, en estar sentado en una quejumbrosa mecedora situada en la solana, desde  donde podía ver el balcón de  los Olmedo, mientras confeccionaba pelotas con trapos viejos y cuerdas, que luego regalaba a los chicos del barrio.&lt;br /&gt;            Miguelito, desde su situación dominante en el balcón, y al amparo de aquel toldo, se pasaba gran parte de las mañanas cantando con argentina voz, una y otra vez, las canciones que oía a su madre. Debía de hacerlo bastante bien, pues el sacerdote, desde su galería, en más de una ocasión, había comentado con Doña Encarnación que a su debido tiempo,  si al niño le gustaba cantar y seguía con aquella voz, deberían  ingresarlo interno en la  Escolanía de la Catedral, de la que él era Director. A Miguelito no le hacía ninguna gracia y decía que no, pero su madre sonreía, y simplemente decía:  –Ya veremos, ya veremos–, y continuaba colgando la reciente colada que desprendía un penetrante olor a lejía.&lt;br /&gt;             La verdad es que Doña Encarnación estaba muy entusiasmada con la sugerencia del Deán, y el niño oía como se lo comentaba a su padre, diciéndole que sería una gran oportunidad, dado que  darían  estudios al niño y, sobre todo, una manutención que en aquellos años, los Olmedo no estaban muy seguros de poder cubrir tal como las circunstancias requerían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Cuando volvieron  los fríos, el cajón de los juguetes de Miguelito retornó otra vez a su lugar debajo de la mesa, y en niño de nuevo ocupó el íntimo espacio que le proporcionaban aquellas cortinas que colgaban de la mesa. Sin embargo, la despierta mente de Doña Encarnación había empezado a urdir una sutil trama. Las canciones de tipo popular o coplas que siempre cantaba cuando estaba haciendo las faenas del hogar, se vieron sustituidas, cuando estaba en presencia del niño, por otras de carácter religioso, por lo general las que escuchaba en la Misa dominical, o aquellas que, cuando era niña, le habían enseñado para el mes de Mayo, las monjitas de la Consolación.&lt;br /&gt;            Todos los días, la madre de Miguelito, después de darle el desayuno, permanecía un buen rato con él, empeñada en que aprendiese la letra de las canciones que más tarde entonaba ella y luego hacía que la cantasen juntos. Para el niño era una diversión, más que por aprender las canciones, porque aquello le aseguraba la atención de su afanosa madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La familia Olmedo solía ir los domingos a Misa de 12 en la Catedral, sin embargo, Doña Encarnación, por su cuenta, empezó a frecuentar la Misa de 9, que era cuando cantaba la Escolanía. Al finalizar la misa, se acercaba hasta el coro y, de paso, se dejaba ver por el Deán, al que  saludaba con una ligera inclinación de cabeza. Luego, se quedaba hasta que veía salir  las dos filas de formalitos niños, vistiendo, al igual que lo haría su Miguelito –imaginaba–, el albo roquete de percal plisado sobre la característica sotana roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Así las cosas,  mal que bien, pasó el invierno y llegó la primavera, y con ella la Semana Santa. Los Olmedo, fieles a las tradiciones de la España de aquellos años 40, llevaron al niño a ver la procesión del Domingo de Ramos y la correspondiente bendición de palmas. Para el niño fue una fiesta. Aquella procesión que todo el mundo llamaba “de la borrica”, los ramos de olivo y las palmas. Miguelito llevó una con un gran lazo de raso azul pálido, pero lo que más le entusiasmó eran los dulces que su madrina le había sujetado entre las trenzadas hojas de aquella palma, y la cual terminó llevando Doña Encarnación. Pero cuatro días más tarde todo cambió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Miguelito, en la alcoba anexa al dormitorio de sus padres, soñaba con la procesión que había visto unos días antes y, de pronto, empezaron a oírse lejanos y siniestros ruido de tambores. El niño se movió intranquilo en su lecho en medio de apagados quejidos. Su madre entró en la habitación y lo envolvió en una manta; luego tomándolo entre sus brazos lo sacó al balcón. Su padre se había puesto una bata encima del pijama, y estaba también allí. Miguelito miró hacia la calle. Dos hileras de encapuchados, portadores de unos grandes cirios encendidos, se deslizaban por entre la estrecha calleja. Si el niño había tenido alguna señal de sueño, en aquellos momentos, le había desaparecido. Permanecía  en silencio acurrucado entre los brazos de su madre y al amparo de la manta que le tapaba. Se cubrió gran parte de la cabeza dejando solamente una ranura entre los pliegues por la que podía ver la calle. Se sintió así más protegido. La tímida y oscilante luz de los cirios proyectaba sobre las paredes de la calleja las  fantasmagóricas sombras de los encapuchados,  que junto con el humo de las velas embriagaron la atmósfera de la calle. El ruido de los tambores se incrementó, y  sólo cesó cuando de oyó una voz grave que pronunció  –“Séptima  estación”–. De pronto, por la cercana esquina de la calle, y al abrigo de aquel reptil luminoso apareció la silueta de un gran crucifijo. Lo llevaban cuatro encapuchados en una peana encima de los hombros. El Crucificado, al tambalearse al compás de los pasos de sus portadores, daba la sensación de querer desclavarse. El niño contenía la respiración. La atmósfera empalagosa del incienso mezclada con el olor a cera derretida ascendió entre las casas de la calle, y llegó hasta el balcón  del tercer piso donde  el hijo de los Olmedo, a estas horas, estaba totalmente escondido entre los pliegues de la manta. Hubiese querido gritar, pero los brazos de su solícita madre que le abrazaba le serenaron. Miró hacia abajo. Detrás del Crucificado, que había visto en alguna ocasión en la Catedral, descubrió  al Deán vestido con una gran capa, como no lo había visto nunca, iba rodeados de varios encapuchados. El niño se le quedó mirando, le pareció que elevaba la vista hacia donde él estaba, y hasta imaginó que levantaba una mano señalándole, como en un gesto acusativo. En medio de místicos murmullos, pasaron las sinuosas filas de encapuchados y cirios humeantes, luego, en un momento que el niño se atrevió a mirar de nuevo, vio a unos seres cubiertos con vestidos negros y un gran velo del mismo color que les ocultaba el rostro. Arrastraban cadenas en los pies, y junto con el ruido que hacían éstas al chocar contra  el adoquinado, se dejaba oír un sordo y lúgubre lamento que le sobrecogió; Miguelito no lo soportó más. Volvió la cabeza rápidamente, abrazóse al cuello de su madre y escondió su cara, al amparo de su seno. Poco a poco, el murmullo  de las plegarias,  el ruido de los tambores  y el arrastrar de las largas cadenas fue decreciendo, hasta que desapareció por el otro extremo de la calle. Las personas que seguían al cortejo fueron dejando atrás el balcón de los Olmedo,   luego desaparecieron por completo. Quedó el lugar nuevamente en silencio, cubierto todavía del humo y del aroma dulzón del incienso. Doña Encarnación llevó al niño hasta su cama. Le abrigó, y tras darle un beso en la frente, salió de su alcoba. Miguelito tardó en dormirse, y cuando lo hizo, soñó con encapuchados, sombras siniestras proyectándose en las paredes,  ruidos de tambores y cadenas arrastrándose, y hasta le pareció oler en sueños el ambiente que todavía se respiraba en la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            A partir de aquella primavera, ya nunca se oyó la argentina voz de Miguelito cantando en el balcón del tercer piso de una casa vieja detrás de la Catedral.&lt;/font&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:blue;"&gt;             El anterior relato es parte integrante del volumen I de AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN. Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6662831144097476712?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6662831144097476712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/ramon-marzal-miguelito-tenia-4-anos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6662831144097476712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6662831144097476712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/ramon-marzal-miguelito-tenia-4-anos.html' title='MIGUELITO&lt;A name=&quot;Miguelito&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3VkwvQMMI/AAAAAAAAAXk/QrQ3M2YoQ3U/s72-c/Via-Crucis+2007+arreglo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6266445421146872274</id><published>2009-04-06T20:38:00.007+02:00</published><updated>2009-05-02T19:23:40.915+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sentimientos'/><title type='text'>SENTIMIENTOS</title><content type='html'>&amp;copy; fotos: Ramón Marzal&lt;p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sdo8NnfYvJI/AAAAAAAAAXM/I8V6yFC-bP4/s1600-h/Niños+jugando+2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 238px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sdo8NnfYvJI/AAAAAAAAAXM/I8V6yFC-bP4/s320/Niños+jugando+2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321632114328255634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;Los niños que me encuento en cada esquina&lt;p&gt;trozos son de la alegría que perdió la Humanidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Son ellos las semillas de esperanza&lt;/p&gt;&lt;p&gt;que nos da la confianza de un mañana en amistad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sdo-qYRqEhI/AAAAAAAAAXc/B48abnKBJkw/s1600-h/blanco+y+negro+14.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 239px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sdo-qYRqEhI/AAAAAAAAAXc/B48abnKBJkw/s320/blanco+y+negro+14.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321634807483601426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viejo nostálgico descansa, y en sus ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;se vislumbra la aventura de esperar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Va buscando a Dios con alegría&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y cuando llega al fin del día, no se cansa de esperar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;blockquote blockquote=""&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;font size=4&gt;Yo canto amor,amor,amor.&lt;br /&gt;Los pájaros repiten mi cantar&lt;br /&gt;Yo voy buscando a Dios con alegría,&lt;br /&gt;deja el odio y ven conmigo a caminar&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br&gt;(Canción Anónima)&lt;br&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6266445421146872274?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6266445421146872274/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/sentimientos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6266445421146872274'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6266445421146872274'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/04/sentimientos.html' title='SENTIMIENTOS'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sdo8NnfYvJI/AAAAAAAAAXM/I8V6yFC-bP4/s72-c/Niños+jugando+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-6036158451651313764</id><published>2009-03-30T12:26:00.006+02:00</published><updated>2009-05-02T19:24:09.471+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Buena Nueva'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt; LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt; ¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion!&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Am. 6, 1 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;(Todos los profetas se han alzado siempre contra la hipocresia religiosa de quienes se creen en orden con Dios, porque cumplen sus ritos, despreciando los conceptos más elementales de justicia social y de amor al prójimo.)&lt;/b&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;br&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-6036158451651313764?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/6036158451651313764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-buena-nueva-ay-de-aquellos-que-se.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6036158451651313764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/6036158451651313764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-buena-nueva-ay-de-aquellos-que-se.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1850204468778996122</id><published>2009-03-26T18:17:00.019+01:00</published><updated>2009-05-02T18:39:03.256+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Picos de Europa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>LOS PICOS DE EUROPA</title><content type='html'>&amp;COPY; : RAMON MARZAL&lt;br&gt;&lt;BR&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3k3M-jenI/AAAAAAAAAX0/K6zz1-AaD0A/s1600-h/Picos+de+Europa+arreglo+blog+DOS.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 640px; height: 120px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3k3M-jenI/AAAAAAAAAX0/K6zz1-AaD0A/s320/Picos+de+Europa+arreglo+blog+DOS.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5322661971649329778" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;font size=3&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-¡Por allí van! ¡Mírelos, mírelos!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y yo me desojo atisbando por entre los vericuetos de la pared rocosa. Creo haber visto alguno dando saltos impresionantes, y otros en la arista de una roca, erguidos  sobre sus cuatro patas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Al amanecer, se ven más –torna el empleado–, pero cuando las cabinas empiezan a funcionar, se asustan y se retiran.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La verdad es que no estoy para buscar rebecos entre los abismos que se observan desde la cabina del teleférico. También en el Pirineo tenemos rebecos, allí, los lugareños  les llaman sarrios.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Unos minutos antes, en la estación del valle, mientras esperábamos la llegada de la cabina del teleférico que desde Fuente Dé nos llevará al Mirador del Cable en los Picos de Europa, mi amigo Marcelino, el catalán de dialéctica sosegada, le decía a Rotger.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Creo que te daré el billete a mitad de su precio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Rotger decía que no subía; que ya había estado en otra ocasión. Pero a medida que la cabina se acercaba Marcelino insistía medio en broma, medio en serio:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Pensándolo bien, te regalo el billete.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y cuando la cabina entraba en el anden  la estación, y vio en realidad su tamaño, escaso para seis personas,  dijo:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Creo que además, te podría dar cien duros.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Todos reímos de buena gana.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–La numero 2 con seis personas –dice el empleado por el teléfono de la cabina. Suena un timbre y ésta se pone en marcha.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Al principio, se nota la aceleración, pero cuando ya pendes del cable sobre el abismo, y han desaparecido los puntos de referencia visual, da la sensación de que algo se ha estropeado y la cabina se ha parado. Miro al empleado; su tranquilidad me reconforta. Y uno, que en esto del vértigo tiene los suyo, y decirlo no le importa, siente como un no sé que, se ha  atascado en la garganta. Claro que en esto de buscar rebecos se van sus buenos sesenta segundos en los cuales, no se piensa en aquella película de James Stewar, cuyo título no me acuerdo, en que una cabina del teleférico con sus diez personas se encuentra en un suspense que dura cerca de dos horas de proyección y que termina precipitándose al vacío; con el “malo” claro está.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La tensión se hace mas fuerte cuando la cabina empieza a subir, casi vertical, por el vientre que hace el cable, y da la sensación de que se va a estrellar contra la pared rocosa, donde se ve una cabaña que en tiempos parece ser que habitaron unos mineros. De pronto, vemos como se cruza con nosotros la cabina que desciende. Es entonces  cuando nos damos cuenta de la verdadera velocidad que llevamos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Veintiocho kilómetros por hora –nos informa el empleado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Tres minutos y cuarenta segundos le ha costado salvar en abismo. Cuando al fin llegamos a la estación de arriba, sentimos un frío intenso que se clava hasta en los tuétanos. No es de extrañar; estamos en la nieve a 1.844 m. de altura. Marcelino se ha puesto la gabardina, y yo llevo un jersey recio, pero olvide la trenca en el coche allá en el valle.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando salimos de la estación nos damos cuenta  que cerca de 4 minutos de suspense han valido la pena. Pero hace frío, mucho frío y vamos sin calzado apropiado. Algo inmenso nos invade en aquella cumbre cubierta de nieve. Parece ser que hemos tenido suerte, pues la atmósfera esta clarísima y en derredor nuestro, inmensa panorámica de sol, nieve, cumbres y abismos que sobrecogen el alma. No es de extrañar que en la mayoría de las religiones, los hombres hayan situado  sus dioses en las altas cimas. Si fuésemos con ropa y calzado apropiado nos podríamos internar, y en dos horas   nos colocaríamos en  Peña Vieja, o llegaríamos hasta la base del Naranjo. Tenemos que desistir; lo veremos otro día desde el lado Norte. Marcelino insiste en sacarse unas fotos en el Balcón de Cable. ¡Válgame Dios, este Marcelino!  El Balcón sobresale  en el abismo, y su suelo enrejado contribuye en la sensación de parecer que uno está flotando en el vacío. Al fondo, el naciente río Deva; bosques de hayas y robles; trigo y viñedos. De los últimos se hace el famoso orujo de estos lugares.  Días después, José Manuel, un compañero de Unquera, nos obsequiará con una botella, pero me quedé con ganas de probar en auténtico  “tostadillo”. A nuestros píes, el viento ruge; mejor dicho a los pies de Marcelino, ya que está en el Balcón, pues la verdad es que yo prefiero ver el panorama desde ”tierra firme”. Ahora se ha cubierto el cielo, pero aun así, allá en el valle se puede ver la estación.&lt;br /&gt;Decidimos descender.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La sensación es mucho mayor ahora. Sólo bajamos nosotros dos, la cabina pesa menos y por añadidura se ha  levantado el viento. Nos balanceamos en medio del abismo. Cerca de  kilómetro y medio de cable nos sujeta. El catalán quiere dejar constancia de estos momentos y dice que le saque una foto. Le complazco pero tengo mala suerte, a mi regreso a Zaragoza  me doy cuenta que me falta un carrete, precisamente éste, menos mal que tengo los que saqué en la cumbre. El empleado nos dice que los días de viento no funciona el funicular.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Peligroso? –le preguntamos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No, pero el público se impresiona –nos contesta. Le creemos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando llegamos al valle, Rotger nos espera. Comemos cerca de la estación, sentados sobre un tronco tendido en el suelo, a 1090 m. sobre el nivel del mar. Damos buena cuenta de las viandas que nos han puesto en el hotel: bocadillos  de tortilla, jamón y queso, todo ello regado con el clásico vino de cooperativa, y para postre piña en almíbar. Echo en falta el  vino de mi bravío Aragón. El café lo tomamos en un bar de allí mismo, pero salimos enseguida fuera; el ambiente cargado huele a sacrilegio en la pureza de las cumbres. Felices y despreocupados ocupamos unos bancos de leño al pie del paredón de roca. Suenan argentinas voces de muchachas que han llegado en un autocar. Todo cuanto nos rodea es belleza, sosiego y … paz.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Todavía el sol está muy alto, cuando el coche corre por las márgenes del Deva, donde el salmón, la anguila y la trucha hacen las delicias de los pescadores. Cuentan romanceros y leyendas que por estas tierras de Espinama corrió sus andanzas, Iñigo López de Mendoza, Marques de Santillana.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ahora, siempre bajando, el coche se desliza por la orilla izquierda del Deva. Pasan a nuestro lado bellas muchachas lebaniegas; a fe mía que son bellas; las más, luciendo sus “encantos”, que en esta tarde primaveral la Naturaleza nos muestra cuan  pródiga suele ser en los mismos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Mientras yo me aferro al volante, Marcelino, a mi lado, comenta con Rotger las bellezas del paisaje. Chopos, fresnos y abedules; por todas las partes el verdor; el inconfundible verdor del norte de la península. Por entre las grietas de un farallón surge al cielo, atrevido, un castaño. Desde estas cimas hubo una nueva derrota para los ejércitos musulmanes cuando volvían de Covadonga. Hay quien dice que fue milagro; otros, la estrategia de Don Pelayo; lo cierto es que, un corrimiento de tierras acabó con las ya diezmadas huestes de la media luna. Rápidamente el río tuerce hacia el norte y por estrechos desfiladeros, que hacen juego con la angostura del lugar, la carretera se desliza a lo largo del cauce, sorteando grietas y  ciclópeos farallones. Suena el agua en místicos murmullos por el río lebaniego; canta a lo largo de su cauce las gestas de Don Pelayo; tierras éstas que fueron cuna de su hijo Favila, segundo rey de Asturias. El río Deva, que ahora forma limite entre las provincias de  Santander y Oviedo, busca afanoso  su camino hacia el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Por la noche cuando, tendido en la cama, comento con Luis Pereira, mi compañero de habitación, un robusto mocetón lucense, para más datos, aunque con poco acento, la excursión del día, noto como se van cerrando mis párpados. Llegan a mis oídos vagas voces desde el salón de la planta baja y una paz inmensa me rodea. Y es que, Marcelino, Rotger y yo, allá en los Picos de Europa, a 2.000 m. de altitud, hoy hemos estado …UN POCO MÁS  CERCA  DE  DIOS.&lt;/font&gt; &lt;/div&gt;&lt;BR&gt;&lt;BR&gt; &lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1850204468778996122?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1850204468778996122/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/un-poco-mas-cerca-de-dios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1850204468778996122'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1850204468778996122'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/un-poco-mas-cerca-de-dios.html' title='LOS PICOS DE EUROPA&lt;A Name=&quot;Picos&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd3k3M-jenI/AAAAAAAAAX0/K6zz1-AaD0A/s72-c/Picos+de+Europa+arreglo+blog+DOS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-9201081323089812425</id><published>2009-03-24T20:02:00.002+01:00</published><updated>2009-05-28T19:43:47.139+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;center&gt;&lt;br /&gt;&lt;table border=0 height=80% width=70% bgcolor="#800000"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/td&gt; &lt;td  align="justify"&gt; &lt;font color="#ffff40"&gt;&lt;br&gt;&lt;B&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;No destruyáis las creencias que hacen a otros felices, si no podéis inculcarles otras mejores.&lt;br&gt;&lt;br&gt;Juan Gaspar  Lavater (filósofo suizo)&lt;/B&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;/font&gt; &lt;/align&gt;&lt;/td&gt;&lt;td width=5%&gt; &lt;/TD&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;/center&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-9201081323089812425?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/9201081323089812425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/destruyais-las-creencias-que-hacen.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/9201081323089812425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/9201081323089812425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/destruyais-las-creencias-que-hacen.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1631969167826795606</id><published>2009-03-11T12:18:00.017+01:00</published><updated>2009-08-09T12:32:27.774+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>EL FANTASMA DEL PAZO  (2)</title><content type='html'>&lt;A NAME="EL FANTASMA DEL PAZO (2)"&gt; &lt;/A&gt;&lt;br /&gt;&amp;copy; RAMON MARZAL&lt;BR&gt;&lt;br&gt;&lt;marquee bgcolor="A52A2A" height="50px" width="100%" SCROLLDELAY=150&gt;  &lt;br /&gt;&lt;strong&gt; &lt;span style="color:#FFFFFF;"&gt;LEED &amp;nbsp; ANTES &amp;nbsp; LA &amp;nbsp; PRIMERA &amp;nbsp; PARTE &amp;nbsp; DE &amp;nbsp; ESTA &amp;nbsp; NARRACION &amp;nbsp; EN &amp;nbsp; LA &amp;nbsp; ENTRADA &amp;nbsp; DEL &amp;nbsp; DIA &amp;nbsp; 26-2-2009&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;  &lt;/marquee&gt;&lt;br /&gt;&lt;A href="#Fantasma"&gt; Ir la Primera Parte &lt;/A&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd8bIYi57TI/AAAAAAAAAX8/ZUvgRP5XlfM/s1600-h/Fantasma+para+blog.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 226px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd8bIYi57TI/AAAAAAAAAX8/ZUvgRP5XlfM/s320/Fantasma+para+blog.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5323003115416972594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;EL FANTASMA DEL PAZO  (2ª PARTE)&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;DIV align="justify"&gt; &lt;font size="4"&gt;  &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Aquella noche, después de  tomar una frugal cena que se había preparado, decidió quedarse al amor de la lumbre de la chimenea. Aunque sabía que  aún había whisky  en la botella que había encontrado, no quiso  abusar, y uso la que había comprado  en el colmado. No era de su marca preferida, pero le dio igual.  Miró nuevamente el retrato y el escudo de encima de la chimenea, y una vez más comprobó el medallón que llevaba en el bolsillo. No había ninguna duda. Eran exactamente iguales. &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;P align="justify"&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Recordó que seis meses antes lo había adquirido  en un mercado de las Hébridas Exteriores. Un hombre con acento gaélico le había dicho que lo había comprado en el Noroeste de  España a una mujer joven que vendía antigüedades celtas, y que le aseguró era original.  Como quiera que a Arthur MacLean la cultura celta le había interesado siempre, decidió después de pedirle más datos al hombre, llegarse hasta España e investigar. Por lo visto había llegado al punto exacto de donde provenía el medallón.&lt;br&gt;&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Volvieron  a dar las horas en el  reloj de pared de la habitación, y entonces le vino a la memoria los acontecimientos de la noche anterior.  Pero  no habían transcurrido unos minutos cuando creyó oír unos ligeros ruido en el piso de arriba. Prestó más atención y  al instante oyó crujir las maderas de la escalera que daba a los áticos. Y entonces  la luz se apagó. Todo estaba en completa oscuridad. Únicamente a través de las amplias ventanas de la sala,  entraba la luz  blanca y precisa de la luna que, aunque vagamente, iluminaba la habitación. Arthur permaneció en el sillón con el brazo en tensión soportando el vaso de whisky. Oyó crujir nuevamente los escalones de la planta de arriba, y  desvió la mirada hacia allí; y entonces sucedió. Vio aparecer en la puerta de los áticos que se abría a la galería de la primera planta, la silueta de una mujer esbelta cubierta con una túnica blanca. Caminó a lo largo de la galería y al llegar al centro, se detuvo. Volvió la cara hacia donde  estaba el hombre y durante unos instantes   se detuvo frente a él como mirándole desde lo alto. Levantó un brazo y le señaló con el dedo, después, con la misma solemnidad que había llegado,  se volvió otra vez hacia la puerta que conducían a los áticos y lentamente desapareció. Volvieron a oírse crujir las maderas de la escalera y luego el abrirse y cerrarse una puerta. Después, todo quedó de nuevo en silencio. Durante unos instantes, Arthur permaneció mudo en medio de la oscuridad de la sala sólo amortiguada por la luz de la luna que bañaba la estancia. Tenía la garganta seca a pesar de tener todavía medio vaso de whisky en la mano. Se lo tomó de un trago. En aquel momento la luz volvió y nuevamente todo quedó como estaba  hacía unos minutos.&lt;br&gt;&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;No lo pensó más y decidió de una vez comprobar aquella especie de visión. Encendió  todas las luces del piso superior, cogió el manojo de llaves que tenía sobre la repisa de la chimenea y subió. Los escalones que daban al ático crujieron a su paso. Llegó hasta la primera habitación. Estaba cerrada; la abrió y  miró en el interior. Tan sólo  unas camas desarmadas que estaban tal como las dejó el día anterior. Volvió a cerrar la habitación y decidió ir a la otra. Intentó abrir con la llave, pero   se dio cuenta de que estaba sin cerrar con llave. Entró, pero no  pudo ver nada; la luz ahora no funcionaba.  Allí ocurría algo, y todo estaba en aquella habitación. Decidió investigar con luz al día siguiente. Salió, cerró la puerta con  llave y bajó a la planta baja.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Permaneció  junto a la chimenea. No sabía que pensar. En algún momento creyó que serían imaginaciones suyas, pero no. Aquellos sonidos habían sido reales. Las puertas se habían abierto y cerrado, y los escalones crujieron  bajo el peso de alguien, y luego la vio aparecer.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Pensó que alguien le quería  gastar una broma y no quiso dar la sensación de estar asustado, por lo que  decidió no contar nada al guarda a la mañana siguiente. Lentamente, dejó en vaso en la repisa, echó un nuevo tronco en la chimenea y subió la escalera   camino de su habitación. Cuando hubo entrado cerró la puerta con llave, pero lo pensó mejor y puso una silla haciendo palanca en la manivela. Luego se acostó envuelto en sombríos pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La mañana estaba bastante avanzada cuando al día siguiente  se levantó. Había tardado bastante en dormirse, y a la madrugada, había permanecido gran parte en un completo estado de duermevela.  Desayunó abundantemente y luego salió al exterior bajo los eucaliptos  adonde estaba el coche. Recogió del maletero una linterna grande y entró  nuevamente  en la casa. Subió directamente hasta la habitación del ático que servía de desván. Abrió una pequeña ventana y una luz clara inundó la habitación. Empezó a mirar por todos los sitios levantando cajas y quitando sábanas que tapaban algunos  muebles viejos. No encontró nada de particular que le llamase la atención. Había un  montón de cachivaches propios de cualquier desván: una mecedora, una cuna, cajones y estantes con libros. Había, incluso, una jaula y en el fondo, un armario grande. Fue hacia el y lo abrió; estaba casi vacío. Colgaban únicamente unas pocas perchas con prendas pasadas de moda. Ya iba a cerrarlo cuando se le ocurrió correr las perchas hacia un lado para ver el fondo. Le pareció que estaba algo inclinado y cuando apoyó la mano,  la madera del fondo cedió un poco por lo que le dio la sensación de que detrás había algo. Corrió del todo las perchas y se fijó en el  fondo. Lo empujó y la madera se deslizó hacia atrás dejando ver una pequeña oquedad intramuros que albergaba una escalera de caracol que descendía. A Arthur el corazón le empezó a latir con fuerza. Aquella escalera descendía en medio de la oscuridad. Encendió la linterna y bajó. Al principio, no veía nada luego sus ojos se acostumbraron a la oscuridad,  y con ayuda de la linterna siguió bajando lo que calculó serían unos tres pisos. Por fin, llegó a una especie de  sótano. Hizo un barrido con la linterna. No vio más que un túnel natural que tras pocos metros le llevó a una especie de cueva, y se dispuso a inspeccionar el lugar. No parecía haber más que trastos viejos pegados a los muros, pero cuando se acercó más pudo ver todo mejor. Aquellos trastos no era lo que parecían. Había vasos de plata repujada y máscaras de bronce. Vio una figura que era un ciervo, le pareció también de bronce. A un lado, había relieves en piedra  y una especie de calderos con figuras en su exterior. En otro lado, un montón de espadas y lanzas; ruedas y una corona de bronce. Su intuición le dijo que eran celtas.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Se adelantó hasta un  pasadizo oscuro y húmedo que había al fondo de la cueva. Le pareció oír voces apagadas e incremento  las precauciones. Después de unos pocos metros, el pasadizo doblaba. Se topó con una escalera que ascendía. Subió con precaución; al final  podía ver un ligero resplandor. Apagó la linterna y siguió en dirección a la luz. A medida que se acercaba las voces se hacían más claras. Luego reconoció la voz del guarda que hablaba con una mujer que por su voz parecía joven. Entonces se dio cuenta de que estaba detrás de la puerta que había visto junto a la leña apilada cerca de la casa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No podemos tenerlo mucho más tiempo en la casa –decía el guarda al otro lado de la puerta.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–A la semana que viene tenemos que llevar varias piezas al anticuario, y las tendremos que sacar por la casa –se oyó la voz de la mujer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Si, desde luego no sé por qué Lorenzo nos lo tuvo que enviar sabiendo  que teníamos tan cerca  un envío.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Déjame hacer a mí, padre –volvió a decir a la mujer–. Tendré que ser más convincente con mi actuación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No te arriesgues o lo echaremos todo a perder. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No te preocupes, padre. He cogido gran experiencia después de tanto tiempo. Anoche me pareció verle temblar –la mujer rió.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arthur oyó unos golpes en la puerta. Al parecer el guarda estaba acumulando más leños sobre la pila que, de paso, servían para disimular aquella entrada.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Volvió por donde había llegado. Se quedó mirando todavía las piezas en la cueva, y entonces notó que pisaba algo y se agachó. Era una figurita de bronce de unos 5 cm. Le pareció que era un animal, una especie de jabalí. Se la metió en el bolsillo e inició el ascenso por la escalera de caracol hasta la habitación. Dejó todo como estaba y volvió a cerrar la puerta con llave. Luego bajó hasta la sala y se sirvió un vaso de whisky, esta vez bastante &lt;br&gt;lleno.&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Empezó a pensar sobre todo aquello; ahora estaba claro. Bajo la casa, había existido algún castro antiguo donde se habían depositado todas aquellas piezas de origen celta. El guarda las había descubierto, y ahora se dedicaba a venderlas por su cuenta. A la vez que impedía que se vendiese el pazo, pues a él no le beneficiaba, ahuyentando a los posibles inquilinos con ayuda de su hija y del mesonero.&lt;BR&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;A finales de aquella semana, Arthur había decidido marcharse. No quería verse involucrado en nada de lo que sucedía allí. Fue al pueblo por última vez para comprar algunas cosas y ni siquiera pasó por el mesón. Desde que se había enterado que Lorenzo, el mesonero, también estaba implicado, procuraba no verse con él. Ya cerca del mediodía se fue hacia el pazo, pero a medida que se acercaba, notó algo anormal. Había varios coches aparcados en la entrada junto a la casa del guarda; dos de ellos eran de la  Guardia Civil. Por precaución decidió no llegarse hasta allí y metió el coche por un camino estrecho que le dejó directamente  ante el acantilado. Simuló estar  viendo el mar, pero no quitó la vista de la entrada. Vio salir de la casa al guarda  con dos guardias civiles que se metieron en un coche. Luego salió también la hija que se metió en otro coche. Había también tres o cuatro personas  parecían civiles que momentos después, tras cerrar la puerta de la casa del guarda, se montaron en dos coches y siguieron a los demás.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Desde donde estaba, Arthur podía observar toda la escena, e imaginó lo sucedido. Las actividades del guarda y de su hija habían quedado a descubierto  por los administradores quienes les habían denunciado. No supo que hacer. Era evidente que él no tenía nada que ver, sin embargo, le preocupó que el guarda no le hubiera hecho ningún contrato, por lo que no podía demostrar que estaba allí alquilado. Podía marcharse en aquel momento, pero tenía cosas en la casa, entre ellas su documentación, que si las encontraban podían demostrar su identidad. Por otra parte, tenía todavía la llave de la casa. Permaneció mucho rato allí durante el cual no vio ninguna actividad en los alrededores. Decidió no entrar. Montó en el coche y se dirigió  otra vez hacia en pueblo. Tampoco entró en el mesón. Salvo el mesonero, nadie sabía que él se alojaba en el pazo, así es que deambuló por las callejas. Entró a comprar unos dulces en una panadería y, mientras esperaba, oyó comentar a la panadera con otras clientas lo sucedido, que se había corrido rápidamente  por todo el pueblo.&lt;br&gt; &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Mi marido –decía la panadera– ya se imaginaba lo del contrabando.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Contrabando?  –dijo una de las clientas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sí señora. Contrabando del grande. Antes era tabaco, pero ahora parecer ser que eran drogas. Grandes cantidades de drogas que almacenaban en la casa grande. Por eso iba tan poca gente por allí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Qué barbaridad! –dijo otra–. A mí el guarda me parecía bastante raro.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando le llegó el turno, el inglés pidió unas tortas de bizcocho y salió del establecimiento. No sabía que hacer y  decidió perderse por los alrededores en espera de que anocheciese.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ya era muy tarde. La noche era clara y una luna ya disminuida iluminada débilmente el entorno cuando Arthur llegó de nuevo con el coche hasta el pazo. Se le ocurrió que podía dejar el coche fuera y entrar a recoger sus cosas, pero lo pensó mejor y dedujo que si alguien lo veía, podía sospechar,  y él no tenía nada que ocultar. Decidió obrar con toda la naturalidad, así es que  abrió la puerta de pazo, introdujo el coche y lo llevó hasta la casa. No quiso encender ninguna luz y sólo usó la linterna  cuando subió hasta la habitación. Metió en unas bolsas lo poco que tenía. Se cercioró de que no quedase nada que pudiese delatar que había estado allí y bajó al piso de abajo. Entró también en la cocina para dejar todo como lo había encontrado y después de haberlo comprobado salió a la sala decidido  a marcharse, pero antes quiso tomarse el último  vaso de whisky. Se lo sirvió junto a la chimenea que estaba apagada y fría. A la poca luz de la luna que entraba por las grandes ventanas de la sala, miró una vez más el gran retrato de mujer  que presidía la pared de la chimenea. Luego dirigió su vista hasta el escudo y, de nuevo, sacó de su bolsillo el  medallón. Lo contempló junto con la figurilla del jabalí que había encontrado y que se había guardado. Y entonces ocurrió.&lt;BR&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al levantar la vista hacia la galería superior que llevada los dormitorios y a los áticos, vio la figura de la mujer de blanco que le observaba desde la altura. Hubiese querido gritarle que  se dejase de farsas, que sabía quien era pero algo le contuvo. Sabía que la Guardia Civil se había llevado a la hija del guarda. Algo le hizo permanecer callado. La figura de la mujer era de un blanco traslucido, emitía un ligero resplandor y cosa muy rara, transmitía serenidad. La mujer fue avanzando por la galería, pero en esta ocasión  no andaba, parecía como si se estuviese deslizando a lo largo de la tarima. Llegó hasta donde había estado la vez anterior, pero siguió avanzando hasta la escalera, y entonces Arthur la vio bajar de la misma manera, sin mover los pies, como si una especie de ascensor invisible la estuviese descendiendo. Cuando llegó a la planta baja, siguió avanzando hasta donde el hombre estaba y a un metro aproximadamente se detuvo. Arthur pudo comprobar que en esta ocasión algo anormal estaba sucediendo o al menos, algo  para lo que no tenía explicación. La figura se aproximó un poco más y le tendió la mano hacia las suyas que todavía tenían el medallón y la figurilla de bronce. Entonces, a pesar de la oscuridad, le vio el rostro luminoso y creyó haberlo visto antes. Parecía como si la mano de la mujer le tocase, pero sólo sintió un frío intenso. La mujer tenía la palma de la mano hacia arriba, como esperando recibir algo y entonces, Arthur se dio cuenta de una cosa: le estaba solicitando lo que tenía entre las manos. Él le tendió  los dos objetos y  sin saber cómo, pasaron a las manos de la mujer. Ella tomó la figurilla de jabalí y alargó la mano nuevamente hacia él. Una vez más,  volvió a sentir aquel frío y entonces la figurilla pasó a la mano de él.  La mujer pareció sonreír, dio media vuelta y volvió a marcharse, llevándose el medallón.  Subió la escalera de la misma manera y atravesó la galería hasta que desapareció por la puerta que conducía a los áticos. Arthur quedó unos momentos sin moverse, tendida todavía la mano donde la mujer había depositado la figurilla. No llegó a saber nunca los minutos que transcurrieron.&lt;br&gt;&lt;br&gt; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Le sacaron de su sopor las campanadas del reloj de pared de la sala, y entonces,  notó que volvía a la realidad. Sintió algo extraño,  tomó la bolsa con sus cosas que había recogido y se dispuso a salir. Antes tomó el último sorbo del whisky  y luego fue a dejar el vaso en la repisa, y al hacerlo volvió a mirar el retrato de la mujer. El vaso se desprendió de su mano y se estrelló con estrépito contra el suelo. Encendió la linterna y subió lentamente el haz de rayos hasta la mujer.  Su rostro se había transformado. Ahora comunicaba serenidad y sonreía. Entonces vio que  la cara era la misma que acaba a de contemplar hacía unos instantes frente a él. La mano  derecha ya no estaba a la altura de su garganta; había descendido. Sobre su terso cuello, pendía un medallón con la insignia del sol celta. El hombre dejó el juego de llaves encima de la chimenea y rápidamente marchó del pazo cerrando la  puerta desde fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;*  *  *&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando terminó su relato, los cuatro ancianos permanecieron callados durante unos momentos. Hacía tiempo que la partida se había suspendido y no se oía el golpear de las fichas sobre el tablero de la mesa. Una monjita se acercó al inglés. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Por fin ha llegado tu pensión –le dijo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En hombre depositó sobre la mesa una especie de figurita de bronce en forma de jabalí que llevaba en la mano y tomó el sobre. Decía: Para Arthur MacLean.&lt;/P&gt;&lt;/FONT&gt; &lt;/DIV&gt;&lt;br&gt;&lt;BR&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1631969167826795606?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1631969167826795606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/el-fantasma-del-pazo-2.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1631969167826795606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1631969167826795606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/el-fantasma-del-pazo-2.html' title='EL FANTASMA DEL PAZO  (2)'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/Sd8bIYi57TI/AAAAAAAAAX8/ZUvgRP5XlfM/s72-c/Fantasma+para+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5248415737476672767</id><published>2009-03-09T17:42:00.003+01:00</published><updated>2009-05-02T19:24:52.265+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Buena Nueva'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;  Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un sólo codo a la medida de su vida... No esteis angustiados por el mañana. Cada día tiene bastante con su propio mal.&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Mt. 6,25 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;BR&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5248415737476672767?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5248415737476672767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-buena-nueva-quien-de-vosotros-puede.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5248415737476672767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5248415737476672767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-buena-nueva-quien-de-vosotros-puede.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1525047275786711350</id><published>2009-03-09T17:20:00.006+01:00</published><updated>2009-05-02T14:11:13.136+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>FRAGMENTOS DE POEMAS</title><content type='html'>&amp;copy; Ramón Marzal&lt;br /&gt;&lt;table width="100%" cellspacing="18"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;td&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;LA MANO AMIGA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(fragmento)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú eres María&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;la flor de bondad&lt;br /&gt;que al borde del sendero&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;me diste caridad.&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo, el pobre&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;que sin saber a do camina&lt;br /&gt;halló en su  vida el consuelo&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;de tu buena mano amiga.&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;HR&gt;&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;td&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;POR TODO ESO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(fragmento)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque eres paz&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;en la vida incierta&lt;br /&gt;Porque eres gloria&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;que el cielo envidió&lt;br /&gt;Porque eres bálsamo&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;en la herida abierta&lt;br /&gt;Del vivir infausto&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;que mi corazón llagó&lt;br&gt;&lt;br /&gt;Por todo eso...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;...te quiero yo&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;HR&gt;&lt;br /&gt; &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1525047275786711350?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1525047275786711350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-mano-amiga-fragmento-tu-eres-maria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1525047275786711350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1525047275786711350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/03/la-mano-amiga-fragmento-tu-eres-maria.html' title='FRAGMENTOS DE POEMAS'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-1314707767475566988</id><published>2009-02-27T20:53:00.004+01:00</published><updated>2009-04-29T11:19:36.581+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;marquee align="center" bg height="100px" width="75%" behavior="ALTERNATE" scrolldelay="190"&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt; &lt;span style="color:#602020;"&gt;NO    OLVIDES    "PINCHAR"&lt;br /&gt;LOS ENLACES DE ACUARELAS &lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;  &lt;/marquee&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-1314707767475566988?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/1314707767475566988/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/no-olvides-pinchar-el-enlace-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1314707767475566988'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/1314707767475566988'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/no-olvides-pinchar-el-enlace-de.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-3137449638889176198</id><published>2009-02-27T19:26:00.023+01:00</published><updated>2009-04-18T19:09:52.140+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santiago de Compostela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>UN ESTUDIANTE EN SANTIAGO</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahCKt5Y6vI/AAAAAAAAATU/JSFb0zbThZo/s1600-h/39_santiago-de-compostela.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 238px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahCKt5Y6vI/AAAAAAAAATU/JSFb0zbThZo/s320/39_santiago-de-compostela.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307564912742558450" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:170%;"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:140%;"&gt;UN ESTUDIANTE EN SANTIAGO&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;            Me lo contó el otro día en la Facultad, alguien que había estado estudiando en Santiago. El hecho se recordaba en toda la Universidad como el más chungón y humorístico del curso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            –Venía a nuestro curso –me dijo–, un muchacho de Madrid a quien su padre lo mandó a Santiago quizá por apartarlo de un ambiente calaveresco.&lt;br /&gt;            La gran cantidad de días que constantemente estaba lloviendo en Santiago hacía que el chico pidiese constantemente a su padre que le sacase de allí. El padre siempre le contestaba con la misma letanía:&lt;br /&gt;            –“Estudia, hijo mío hasta que puedas mantenerte de los libros. Te adjunto cien duros. Tu padre...”&lt;br /&gt;            Pero a pesar de los continuos giros de su progenitor, nuestro estudiante andaba siempre de cabeza. No fumaba, no bebía ni asistía a la regular partida de cartas en la tasca que había  debajo de la pensión, pero siempre había alguna rapaza capaz de hacerle desaparecer los últimos duros que le quedaban.&lt;br /&gt;            Vendió la pluma, regalo de su madrina, el anillo y hasta el reloj de oro que le regaló su padre cuando salió de Madrid. Un día hasta creo que para poder desayunar en casa de Don Bartolomé vendió  la zamarra de cuero, regalo de su madre para los días lluviosos del norte, le había dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Nuestro estudiante se había agenciado una máquina de escribir antigua, y, en las pocas horas libres, se dedicaba a  pasar a limpio apuntes para los compañeros, los cuales hacía con papel de calco para sacar alguna copia de más, pero aún así no le llegaba.Hasta que cierto día, al no poder desayunar, y temiendo que le pasase lo mismo a la hora de comer, fue a una librería de lance, y vendió los libros del curso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Aquel mismo día, mandó un telegrama  a su padre:&lt;br /&gt;            ¡Cuanta razón tenía, padre! ¡Ha llegado la hora! Hoy he empezado a mantenerme de los libros. Sácame de aquí. Tu hijo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Publicado en “La Gaceta de Liceo Hispano”, el 3 abril de 1953&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©: RAMÓN MARZAL&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;HR&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-3137449638889176198?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/3137449638889176198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/un-estudiante-en-santiago-me-lo-conto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3137449638889176198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3137449638889176198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/un-estudiante-en-santiago-me-lo-conto.html' title='UN ESTUDIANTE EN SANTIAGO'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahCKt5Y6vI/AAAAAAAAATU/JSFb0zbThZo/s72-c/39_santiago-de-compostela.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-3595166813013657629</id><published>2009-02-27T19:20:00.035+01:00</published><updated>2009-05-02T19:12:07.767+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>EL FANTASMA DEL PAZO  (1)</title><content type='html'>&lt;BR&gt;&lt;BR&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahGgoUSblI/AAAAAAAAATc/e25HiKpVVsk/s1600-h/Galicia+115.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 214px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahGgoUSblI/AAAAAAAAATc/e25HiKpVVsk/s320/Galicia+115.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307569687248399954" border="0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font size="3"&gt;                           &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;  &lt;strong&gt;EL FANTASMA DEL PAZO&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;(Primera  Parte)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En la sala de estar de una residencia de la tercera edad, cuatro ancianos acababan de repartir las fichas de dominó sobre la mesa en que estaban jugando. Uno de ellos estaba reprochando a su pareja una mala jugada que les había llevado a perder la partida anterior.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Inglés, no estás en lo que haces, y a tu edad no creo que sea por mujeres –todos rieron.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sí –dijo otro–. A veces, el inglés se queda como ausente. Como si estuviera viendo fantasmas.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Fantasmas, fantasmas. Eso es cosa de mujeres –dijo el tercero en la jugada.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Qué sabéis vosotros de fantasmas –por fin habló aquel al que llamaban el inglés–. Hace  más de cuarenta años me contaron una historia que palideceríais si la oyeseis. Sí, amigos, los fantasmas existen.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Cuenta, cuenta –dijo uno de ellos mientras removía las fichas.&lt;br /&gt;           &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El que llamaban inglés,  se refirmó en la silla y después de unos instantes empezó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                         *  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En el reloj de la gran sala que ocupaba la planta baja, sonaron lánguidas las doce campanadas de la media noche. Después de unos segundos, en algún lugar impreciso de la casa, se oyó el crujir de una puerta que se abría.            Arthur que estaba dormitando en el sillón frente a la chimenea sobre la que humeaban unos leños ya consumidos, se despertó al oír las campanadas del reloj. Aplicó el oído con más interés cuando oyó crujir la puerta; era el único que habitaba la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arthur MacLean había llegado hacía unas horas a un pueblecito pontevedrés. Había estado lloviendo casi todo el día desde que salió de la capital.  Cuando llegó al desvío donde se podía ver el letrero que indicaba el nombre del pueblo, torció, y poco después entró con el coche  por una angosta y desierta calleja hasta que desembocó en una pequeña plaza. Estaba completamente vacía, y únicamente se veía una tenue luz en un extremo de la plaza junto  a una puerta donde se podía leer: «Mesón». Aparcó el coche y entró. Se dirigió a la barra y preguntó por un sitio donde poder pasar la noche. El mesonero, un hombre  escurrido que arrastraba su pierna izquierda se le acercó.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Lo siento, aquí tenemos pocas habitaciones y están todas completas.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Y algún otro  lugar  por aquí cerca donde poder pasar la noche?&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Pues en este pueblo, no. En todo caso –le dijo–, en el Pazo Corbeiro, pero no se lo recomiendo. Hoy hay luna llena.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El recién llegado se le quedó mirando intrigado.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Vd. No es de aquí ¿verdad? –preguntó el del mesón.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No, soy escocés, de Edimburgo, desde hace un mes llevo visitando todo el norte de España y pensaba llegar hasta la ría, pero con esta tarde tan desapacible…&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Querrá Vd. cenar algo ¿verdad? –el mesonero no desperdició la ocasión y señaló una mesa cercana–. Siéntese, enseguida le llevo unas sopas de la tierra y le pongo al corriente.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El recién llegado se dirigió hacia la mesa que le había indicado en un extremo del comedor y esperó a que llegase el hombre. Se entretuvo mirando a los demás  comensales. Pocas mesas estaban ocupadas; eran sobre todo personas mayores. En un extremo, cuatro viejos alrededor de una mesa hacían golpear  las fichas del dominó  sobre el mármol. Al poco, llegó el mesonero con un cuenco de sopas aún humeante que colocó encima de la mesa.&lt;br /&gt;             &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Para segundo, le pondré merluza que me han traído hace poco  de la lonja –. El mesonero dio por hecho que a su huésped le gustaba el pescado y  continuó:&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Le cuento; verá Vd. El Pazo del que le he hablado está a poco de aquí, en dirección al acantilado. En verano, los turistas lo suelen alquilar, pero todos se quedan pocos días, y es que verá Vd. –el mesonero bajó la voz y se acercó más aún al recién llegado  en un ademán de confidencialidad–. Se cuentan cosas extrañas de por allí. Parece ser, que fue propiedad de unos antiguos señores, descendientes de ciertos celtas de Cornuelles, en Inglaterra, quienes  se lo dieron a su hija como dote de su boda. La noche de bodas, una noche de luna llena, el esposo la repudió pues comprobó que no era virgen. Ella huyó de la casa vestida únicamente con un sutil camisón de gasa blanca.  Llegó hasta el promontorio y se arrojó por el acantilado. Por lo visto en el sitio en que se lanzó,  encontraron un medallón que ella siempre llevaba y que, al parecer, era recuerdo de su madre. El hombre dicen que terminó volviéndose loco, pues todas las noches de luna llena, el alma de la mujer se paseaba por los corredores del  pazo reprochándole al esposo su actitud, y exigiéndole el medallón que había perdido.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No me diga –dijo el escocés sin que diera signo de haberse creído una sola palabra de cuanto le había contado el mesonero.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Allí en el pazo, en una pequeña casa a la entrada, vive el guarda con su hija. La casa grande ahora está vacía. Los administradores viven en Pontevedra, y el guarda está autorizado a alquilar la casa. Pero los inquilinos, al parecer, no se quedan mucho tiempo. Dicen que la casa está encantada y que todas las noches de luna llena se pasean las “meigas” por la estancia –dijo el mesonero casi con un susurro–. Algunos cuentan que  han podido ver las noches de luna, el fantasma de la joven desposada. Hace tiempo que el pazo está en venta, pero nadie quiere comprarlo. Dicen que esta habitado por “meigas”. Esta noche hay luna llena, y,  posiblemente, el guarda se haya metido con su hija en su pequeña casa y ni le abra.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Hombre, mire Vd., me está intrigando, pero ya que no hay otro sitio por aquí, posiblemente me acerque hasta allí antes de que caiga la noche por completo. ¿Por dónde se va?&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Cuando salga del pueblo por la derecha, llegará a la carretera, luego sigue en dirección a  la ría y unos dos kilómetros más adelante verá un desvío a la derecha. Está señalizado “Pazo de Corbeiro”.  A un kilómetro aproximadamente, se topará Vd. con los muros.  La casa del guarda tiene también entrada desde el exterior.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Bien, gracias –dijo Arthur–. Tan pronto como acabe de cenar me acercaré.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Dígale que le envió yo, Lorenzo –dijo el mesonero quien arrastrando su pierna izquierda volvió al mostrador adonde habían llegado un par de clientes.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arthur MacLean salió del pueblo siguiendo las instrucciones del mesonero, y tan pronto como llegó al desvío que le había indicado torció a la derecha. Enseguida se encontró ante los muros ya oscuros de la entrada del pazo. Tal como le había indicado el hombre en el pueblo, se dirigió hacia una pequeña casa. Parecía vacía, pero aun así, dio unos golpes en la puerta. Al poco, se ilumino una luz en el interior y la puerta se abrió tímidamente. Apareció un hombre alto y enjuto de rostro.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Buenas noches. Me mandan del mesón. No tienen habitaciones libres y como me ha dicho que alquila el pazo, a lo mejor me quedo algún tiempo para visitar la zona.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Pase –el hombre cedió el paso al recién llegado y luego cerró la puerta–. ¿Y quiere esta noche? Hay luna llena.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Por supuesto. Algo me han dicho en el mesón, pero no tengo inconveniente.&lt;br /&gt;             &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El  guarda de acercó hasta una alacena y extrajo unas  llaves que entregó al recién llegado.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Como es ya muy tarde, haremos mañana el contrato. Le voy a abrir la puerta grande para que pueda meter el coche.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ambos hombres salieron al exterior, y  mientras el guarda abría el  portón, el recién llegado puso el coche en marcha y lo introdujo en el pazo bajo una bóveda de eucaliptos y  a través del camino de grava que crujió bajo las ruedas. Lo detuvo ante la puerta de la casa. Ahora ya era completamente de noche; sin embargo, una  luminosa luna llena en un cielo carente de nubes iluminaba la silueta de la casa. El guarda abrió la puerta  y conectó el interruptor general de la luz.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Allí, encima de la chimenea, tiene un manojo de llaves con las etiquetas a que corresponden –dijo señalando una amplia chimenea junto a la pared–. La cocina está al fondo, junto con una habitación pequeña de servicio,  la despensa y un cuarto de desahogo. Arriba –dijo señalando la galería superior–, están los dormitorios y dos baños. Habrá cenado ya ¿no? Porque aquí no guardamos nada, todo es por cuenta del inquilino, por supuesto.&lt;br /&gt;             &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El guarda se dirigió a la chimenea y encendió un fósforo, y al instante prendieron los pequeñas ramas que había encima de unos papeles. Cuando se aseguró que habían prendido bien, colocó encima unos pequeños troncos que había en una cesta junto a la chimenea.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–La chimenea está siempre preparada. En el exterior, junto a la puerta que da a la cocina, verá Vd. un montón de troncos cortados. Bien, le dejo; si necesita algo ya sabe donde estoy. Ah –dijo volviéndose cuando ya estaba cerca de la puerta–, no se moleste en cerrar por dentro la puerta del dormitorio. A las “meigas” no les importa –y con paso más bien apresurado abandonó la estancia.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Tras unos momentos,  Arthur se dispuso a ver la casa por dentro. Pensó que debería habérsela enseñado el guarda, pero supuso que tendría prisa por volver a la suya.            Entró en la cocina. Estaba todo muy limpio y ordenado en sus correspondientes armarios, y el mármol de la encimera, completamente brillante. Tal como le había dicho el hombre, una puerta daba al exterior, pero se encontraba cerrada con un cerrojo desde el interior. Volvió a salir a la sala y se dispuso a subir la escalera  que llevaban a una galería donde daban los dormitorios. En el primero que entró, que supuso el principal, era muy amplio y un gran balcón daba a la fachada sur. Una cama grande con dos mesillas, un arcón, un par de butacas y un armario con un montón de colgadores vacíos era todo su mobiliario. Junto al dormitorio, uno de los baños. Le seguían tres dormitorios más y al final otro baño algo más pequeño. Al fondo de la galería, una escalera más estrecha subía a otra planta. Encontró enseguida la luz de esa escalera y subió. No había más que  tres pequeños áticos. Uno  de ellos estaba casi vacío; tenía solamente un armario y dos camas pequeñas. Las otras dos habitaciones estaban cerradas, pero  no tardó en encontrar las correspondientes llaves entre el manojo que había cogido de la chimenea. Eran simplemente unos cuartos de desahogo. Uno de ellos con unas camas pequeñas desarmadas.  Por lo visto sólo se montaban cuando  iban a vivir al pazo más inquilinos; y el otro, completamente lleno de cachivaches. Volvió a cerrarlos como estaban, y después de asegurarse de que no había nada más, inició el descenso hacia la planta baja.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Había cenado bastante bien en el mesón, por lo que simplemente   se dispuso a estar unos momentos  junto a la chimenea, a la que echó dos grandes troncos para que diesen  calor a la estancia antes de irse a dormir.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En un armario, junto a la vajilla, encontró una botella de   whisky. La destapó y olió. No parecía que estuviese malo. Cogió del mismo armario un vaso y se vertió un poco que llevó a los labios. Estaba bien, así es que se llenó medio vaso y se dispuso a saborearlo sentado en un sofá frente al fuego. Se quedó mirando  pared. Sobre la repisa de la chimenea, pudo ver el cuadro de una mujer de apariencia joven y hermosa, estaba de pie y tenía un gran porte. Su mirada parecía algo triste y su mano derecha estaba  a la altura de su amplio y generoso escote. Sobre el cuadro, había  labrado en la piedra de la pared como un escudo circular. No lo entendió muy bien, pero pudo ver que tenía las espirales de un sol celta. Depositó  el vaso sobre la mesita que tenía junto al sillón y con cuidado sacó del bolsillo de su chaleco un  sobre que abrió lentamente y que contenía un medallón.  Cuando lo hubo hecho, volvió a mirar la pared. Era exactamente el mismo objeto que el medallón que tenía él. Volvió a meterse el sobre en el bolsillo y se reclinó nuevamente  sobre el sillón. Luego se quedó como transpuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Al oír las campanadas, Arthur MacLean comprobó su reloj; el  de la pared adelantaba unos tres minutos. Se levantó para  poner más leños en la chimenea para que pudieran  conservarse gran parte de la noche, y entonces fue cuando lo volvió a oír. Era como el crujir de una puerta en algún lugar de la casa. Suspendió sin colocar el último tronco que tenía entre las manos, y aplicó el oído. Quizá fuese el crujido de alguna viga de madera. En el reloj digital que llevaba en su muñeca sonó la señal horaria.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Vaya, la hora de los fantasmas –se dijo–, aunque creo que el mesonero les llamó “meigas” o algo así.&lt;br /&gt;             &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ya iba a colocar el tronco, cuando volvió a oír la puerta. Esta vez el sonido fue ya más claro como una puerta que se abriese e, inmediatamente después, volvió a oírse como si ahora se cerrara. Instantes después  se percibió el crujir de unas maderas. Arthur terminó de colocar el tronco en la chimenea y se dispuso a dar una vuelta por la casa. Inició su visita nuevamente en la cocina, y comprobó que la puerta que daba al exterior  permanecía cerrada con el cerrojo desde el interior. No percibió nada anormal, únicamente  vio una puerta que daba a algún sitio que no había reparado la primera vez. La abrió. Era una pequeña despensa en la que sólo  había, al fondo, un armario que encontró vacío y un pequeño saco de patatas. Por lo visto habían sido olvidadas por los  últimos inquilinos. Volvió a cerrar la puerta y salió a la sala. Subió a las habitaciones de la otra planta. Todo estaba normal. En unos de los dormitorios, vio que la ventana estaba algo entreabierta y aseguró el cierre. Cuando hubo comprobado la última de las habitaciones, e incluso los cuartos de baño, decidió subir a la otra planta donde estaban los áticos. Algunos de los peldaños crujieron bajo su peso. Todas las habitaciones estaban igual  que las había visto momentos antes y las dos habitaciones que estaban cerradas con llave permanecían igual. Una vez que se hubo asegurado de que nada anormal sucedía, volvió a bajar a la planta baja. Comprobó la puerta de entrada y tras cerciorarse de que había  corrido el grueso cerrojo en el interior, subió al dormitorio principal. No había cerrojo pero la puerta tenía cerradura, así es que buscó la llave entre todas las demás, cerró la puerta con dos vueltas de llave y  se acostó. Hacía frío en el ambiente. Los leños que había colocado en la chimenea no habían hecho gran cosa. Las sábanas parecían húmedas de tan frías. Por lo visto, hacía algunos meses que la casa había estado deshabitada, y luego, las lluvias de la última semana hicieron que la estancia estuviese realmente fría. Extendió completamente las piernas para  ayudar a la circulación y entrar antes en calor; y por fin se quedó dormido.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Se despertó sobresaltado. Oía como ruidos en el exterior. Concretamente en la planta baja. Hubiese querido bajar, pero había conseguido por fin entrar en calor y junto con otras circunstancias, le hicieron aconsejable permanecer acostado. Por fin volvió a dormirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Entraba luz por la ventana a través de las cortinas. Miró el reloj. Eran cerca de las diez de la mañana.  Jamás solía despertarse tan tarde, por lo que decidió ducharse e irse al pueblo a desayunar y luego hacer sus primeras compras. Así es que salió de la habitación para ir al baño y cuando había dado los primeros pasos, se quedó parado. Volvió hacia la  puerta y se la quedó mirando. Como hacía en su apartamento, había salido simplemente de su habitación sin ningún contratiempo para ir al baño. Pero estaba seguro de que la noche anterior había cerrado la puerta de su dormitorio por dentro con llave, la cual luego había metido en el bolsillo de su chaqueta. Rápidamente entró en la habitación y lo comprobó. Las llaves estaban  aún en el bolsillo. Caminó hacia el baño pensativo y tomó una ducha muy caliente que le reconfortó enseguida. Aquel  incidente le había llamado la atención  e incrementó su decisión de quedarse algún tiempo más por curiosidad.&lt;br /&gt;             &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Llegó al pueblo casi enseguida pues la distancia no era mucha, y lo primero que hizo fue entrar en el mesón a desayunar. El mesonero se le quedó mirando&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Buenos días –le dijo tan pronto como se acercó.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Buenos días –respondió el recién llegado–. Póngame un café con leche muy caliente. La mañana está muy desapacible.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Cómo ha descansado? ¿Se quedó por fin en el Pazo? –le preguntó mientras se volvía   hacia la cafetera a preparar el café.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Bien, un poco frío. Gracias a los troncos en la chimenea.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Sí, eso no falta nunca allí.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Sabe dónde puedo comprar víveres?&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Se va a quedar allí? –preguntó el mesonero algo extrañado.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Si, voy a quedarme unos días más–. El recién llegado no dio más explicaciones.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Aquí a la vuelta tiene un colmado. Lo lleva mi mujer –dijo el mesonero sin más, y marchó a atender a otros clientes.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando hubo desayunado, el inglés salió para ir a comprar todo lo que necesitaba. Volvió al pazo y antes llamó en la puerta del guarda para decirle que se quedaba y arreglar cuentas con él. Vio la puerta de su casa abierta; la empujó y entró. En la habitación del fondo se oyeron voces de una mujer que al parecer estaba hablando con el guarda.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Buenos días –gritó Arthur desde la puerta. El guarda apareció desde la otra habitación.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Ah! ¿Es Vd.? ¿Qué tal ha pasado la noche?&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Un poco fría. Como la casa al parecer ha estado deshabitada, tendré que encender la chimenea todo el día.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–No se preocupe por eso. Junto a la puerta de la cocina tiene una pila de leños. Puede coger todos los que necesite. Yo voy cortando y los  apilo  allí. ¿Va a quedarse?&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Quizás unos pocos días más.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Bueno, si sólo son unos pocos días, no creo que haga falta hacerle ningún contrato. Cuando se vaya me paga los días que haya estado,  y arreglado.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Muy bien, así lo haré.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arthur se despidió  y se dispuso a meter en la casa los víveres que había comprado. Supuso que el guarda no le quería hacer  el contrato para beneficiarse del alquiler del que no tendría que dar cuenta  a los administradores. Quizá no era la primera vez que lo hacía, pensó.&lt;br /&gt;            &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando hubo colocado las vituallas sobre la encimera, salió por la puerta de la cocina, y se dispuso a meter troncos de leña para depositar al lado de la chimenea. Estaban junto a un muro no lejos de la puerta de la cocina, y al objeto de  llevar varios a la vez, tomó un carretillo que encontró en los alrededores y fue llenándolo con troncos. Al coger no de ellos, la pila se derrumbó y dejó al descubierto una puerta de madera muy vieja que al parecer hacía mucho tiempo que no había sido usada. Tenía una pequeña abertura central con dos hierros a manera de reja. Miró en su interior. Era como una cueva que se perdía en la oscuridad y no le dió  ninguna importancia. Cuando calculó que  ya tenía bastantes troncos, llevó el carretillo hasta el interior de la casa. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font size="4"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;font color="#3333ff"&gt;&lt;font size="3"&gt;(Continuará la Segunda parte en la próxima entrada)&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font size="4"&gt;&lt;font color="#3333ff"&gt;&lt;font size="4"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;  &lt;A HREF="#EL FANTASMA DEL PAZO (2)"&gt; Ir a la Segunda Parte&lt;/A&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font size="4"&gt;&lt;font color="#3333ff"&gt;&lt;font size="3"&gt;El presente relato forma aparte del volumen I de"Al Compás de la Ilusion"&lt;br /&gt;©: Ramón Marzal&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font color="#3333ff"&gt;&lt;br /&gt;&lt;HR&gt;&lt;br /&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-3595166813013657629?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/3595166813013657629/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/el-fantasma-del-pazo-la-sala-de-estar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3595166813013657629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3595166813013657629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/el-fantasma-del-pazo-la-sala-de-estar.html' title='EL FANTASMA DEL PAZO  (1)&lt;A name=&quot;Fantasma&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SahGgoUSblI/AAAAAAAAATc/e25HiKpVVsk/s72-c/Galicia+115.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-8315725407101449498</id><published>2009-02-18T20:56:00.005+01:00</published><updated>2009-05-02T19:26:25.706+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Buena Nueva'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;&lt;BLOCKQUOTE&gt;  Buscarás a Dios y lo encontrarás si lo buscas con todo tu corazón. Cuando estás angustiado y te alcancen estas palabras, te volverás a Dios y lo escucharás porque es misericordioso y no te abandonará.&lt;/BLOCKQUOTE&gt;&lt;br /&gt;     &amp;nbsp;&amp;nbsp; Dt. 4,29 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-8315725407101449498?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/8315725407101449498/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/la-buena-nueva-buscaras-dios-y-lo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8315725407101449498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8315725407101449498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/la-buena-nueva-buscaras-dios-y-lo.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-4908795911433713496</id><published>2009-02-16T12:51:00.013+01:00</published><updated>2009-08-09T18:30:04.123+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Puerto de la Selva'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cadaqués'/><title type='text'>A LO LARGO DE LA PIEL DE TORO</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;font size ="5"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;  LA  COSTA  BRAVA&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/font size&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:blue;"&gt; ©Ramón Marzal&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZlLeogHKEI/AAAAAAAAARY/jYyJ3B6vYAA/s1600-h/Cadaques+para+blog+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 600px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZlLeogHKEI/AAAAAAAAARY/jYyJ3B6vYAA/s400/Cadaques+para+blog+2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303353025845733442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table width="100%" cellspacing="18"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;Desde la terraza del café donde me encuentro, se domina todo el panorama de la bahía. El sol, lentamente, se inclina hacia poniente, reflejando miles de rayos tornaso!es en las aguas tranquilas de este puerto natural que más bien parece un lago. En todo su contorno, el cielo no se junta con el mar. Sólo hacia el norte, las dos lenguas de tierra se abren para dar paso al mar abierto. Al sur, tras la cadena de montañas que componen la Sierra de Rosas, una densa humareda se eleva al cielo. El incendio que he visto a la salida de Rosas sigue inexorable su devastadora carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto de la Selva es un pueblo acogedor. Proliferan como en todos los pueblos de esta costa, los pintores, las tiendas de "souvenirs", los turistas despreocupados y las bellas muchachas de tez morena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras saboreo un delicioso café con hielo, sensual placer que no he podido tener en Cadaqués, y dejo ascender las lentas volutas de un cigarro puro, me dedico a observar cuanto me rodea. A decir verdad, el "cuanto me rodea" es una bella muchacha sentada en la mesa de al lado. Tentador motivo para cualquier pintor, para cualquier fotógrafo de glamour. Para cualquiera. Parece que está sola. ¿Y si yo...?... Mejor me voy. Tras el breve descanso, reemprendo el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bordeo toda la playa hasta dar la vuelta a la bahía. Desde la parte opuesta, Puerto de la Selva se me ofrece en toda su extensión a lo largo de la playa. Únicamente se ven algunas casas en la ladera de la montaña que sirve de fondo a este encantador pueblecito. A mis espaldas, queda la cumbre de San Salvador, y un ambiente de alegría y vida me envuelve cuando el coche corre ya hacia Llansá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto de la Selva. Septiembre,&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;Barbarroja, en el año 1543, después de aterrorizar las costas de Italia y España, invadió Cadaqués arrasando el pueblo y su antigua iglesia.&lt;br /&gt;Una nueva invasión ha tenido Cadaqués en las últimas décadas, esta vez benígna: el turismo. Sin embargo, ha sabido guardar su rancio sabor marinero. Las casas muestran sus fachadas encaladas al brillante sol del Mediterráneo, y en medio de ella su iglesia, reconstruida en el siglo XVII. Lástima que me quedo sin ver su interior. Creo que es notable el retablo barroco de su altar mayor obra de Pedro Costa. Tan en conjunción con el mar está, que entre las casas próximas al mar, escasamente se puede pasar. El pintoresquismo es subyugador. No es de extrañar que pintores y poetas se hayan afincado en Cadaqués, y la hayan hecho mil veces protagonista de sus obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No encuentro sitio para comer y decido llegarme a Port-Lligat. Atravieso calles estrechas. Port Lligat podría ser uno de tantos pueblecitos olvidados sin ningún aliciente turístico, pero su nombre va unido al de Dalí, cuya casa veo a lo lejos.&lt;br /&gt;Quisiera acercarme al Cabo de Creus, la punta más oriental de España, cuya silueta parece recordar los míticos "zigurats" babilónicos. Sólo dista 7 kilómetros pero la carretera está en obras  y, sin comer, decido volver a Cadaqués.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recorro por la costa toda la bahía dispuesto a encontrar un sitio acogedor. Por fin en Playa Seca, en las inmediaciones de Punta Olivera, encuentro algo de sombra. Otros turistas hacen lo mismo y allí a unos 5 metros del mar paro a comer. La bahía es bellísima. Desparramados pueden verse esbeltos yates de amplio velamen. Botes con motor fuera borda y chinchorros multicolores. En el centro de la bahía se haya fondeado un pailebote aproado al viento mostrando su jarcia desnuda. Tras la comida vuelvo a subir la Sierra de Rosas. Abajo Cadaqués con sus casas viejas pero limpísimas y como fondo, el mar en vivo contraste con el diáfano cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;            &lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;PUERTO DE LA SELVA                                      CADAQUES               &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;HR&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-4908795911433713496?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/4908795911433713496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/lo-largo-de-la-costa-brava-desde-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4908795911433713496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/4908795911433713496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/lo-largo-de-la-costa-brava-desde-la.html' title='A LO LARGO DE LA PIEL DE TORO&lt;A name=&quot;Costa Brava&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZlLeogHKEI/AAAAAAAAARY/jYyJ3B6vYAA/s72-c/Cadaques+para+blog+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-7701534325179162545</id><published>2009-02-12T19:26:00.010+01:00</published><updated>2009-08-09T18:27:47.158+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al compás de la ilusión'/><title type='text'>AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN  (VOLUMEN I)</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;h4&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h4&gt;&lt;h3&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;PRÓLOGO AL VOLUMEN I DEL LIBRO&lt;br /&gt;"AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN"&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;font size=3&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;            Al expresar los sentimientos a través de la escritura,  fluyen nuevas sensaciones que  liberan angustias reprimidas y olvidadas remembranzas. Entonces, el alma se serena.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;            Desde muchacho, sentí la necesidad de plasmar aquello que no podía o no quería decir a los demás, quizá por pudor, pues siempre tuve el convencimiento de que el que escribe, inevitablemente, deja traslucir en su obra parte de su alma. Es por eso por lo que desde entonces, di el título a estos escritos, pues a través de la ilusión de  una vida, y sobre todo de aquellos años de juventud, fui plasmando en hojas de papel mis ocultos sentimientos, mis vividas angustias y mis explosiones de gozo. Cuartillas que luego iban  a parar en  una carpeta y, con el transcurso de los años,  terminaron durmiendo en el desván del olvido.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;            Después de mucho tiempo de arrinconamiento, volvieron a resurgir aquellos escritos. He de confesar que la lectura de estos recuerdos, aunque difuminados por los años, me proporcionaron  momentos de diferentes estados de ánimo. Unos, de nostálgico  gozo y otros, de verdadero pesar que quisiera olvidar. Decidí  juntar la mayoría de ellos en esta especie de cóctel que, por razones obvias, agrupé bajo este título. Quedan muchos escritos todavía que recopilar,  leer y revisar, aunque en honor a la verdad, he de decir que la mayoría no han sido modificados, y están íntegros tal como fueron escritos.&lt;br /&gt;            Faltarán también, por no ajustarse al motivo de  esta publicación, los guiones y las adaptaciones radiofónicas que en 1955  escribí para la extinguida Radio Juventud de Zaragoza. Tampoco figuraran, la totalidad de las “Cartas a Mary”. Fueron escritas en momentos difíciles y bajo la presión de la emoción. Eran notas de vivencias, y las vivencias, por sí solas, no son textos literarios por lo que quedarán para siempre en el fondo de un cajón y de mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;            Los originales de las novelas cortas “Cumbres al Cielo” y “El pedernal”, o cuentos como “El heroico Jimmy” desaparecieron para siempre; y es que la juventud no es una época muy propicia para entender que la madurez gusta de los recuerdos.&lt;br /&gt;            Tampoco se han hecho constar una veintena de poemas, que por haber sido escritos para una mujer, mi esposa, pasaron a su propiedad y dejaron de pertenecerme.&lt;br /&gt;            Todo lo demás, he procurado recuperarlo sin cambiar nada, por lo que es posible que a través de estas hojas  se deje traslucir una mentalidad y sentimientos propios de otras épocas pasadas.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;            Al releer estos escritos, no dejan de volver a mí  apasionados recuerdos, melancólicas memorias  y desasosegadas experiencias, todas ellas siempre vividas &lt;b&gt;“AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN”&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;b&gt; RAMON MARZAL GARCÍA&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="color:blue;"&gt; ©Ramón Marzal &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-7701534325179162545?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/7701534325179162545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/prologo-al-volumen-i-del-libro-al.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7701534325179162545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7701534325179162545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/prologo-al-volumen-i-del-libro-al.html' title='AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN  (VOLUMEN I)&lt;A name=&quot;Prologo&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-7738062415583567880</id><published>2009-02-12T19:20:00.007+01:00</published><updated>2009-05-02T19:25:27.453+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Buena Nueva'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table align="center" bgcolor="#A52A2A" width="80%" border="3" bordercolor="black"&gt;&lt;br /&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;P&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt; &lt;h3&gt;&lt;b&gt;LA  BUENA  NUEVA&lt;/b&gt; &lt;/h3&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/P&gt;  &lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;P&gt;&lt;b&gt;&lt;SPAN STYLE="COLOR:#FFFFFF;"&gt;      Clamarás y Dios te responderá. Pedirás socorro y Él te dirá: ¡Aquí estoy!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Is. 58,9 &lt;/SPAN&gt; &lt;/b&gt;&lt;/P&gt;&lt;/td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/tr&gt;&lt;br /&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-7738062415583567880?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/7738062415583567880/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/la-buena-nueva-clamaras-y-dios-te.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7738062415583567880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/7738062415583567880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/la-buena-nueva-clamaras-y-dios-te.html' title=''/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5235746984791298475</id><published>2009-02-04T20:33:00.012+01:00</published><updated>2009-05-02T13:56:36.969+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>P O E M A</title><content type='html'>&amp;COPY; Poema: Ramón Marzal&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYnlB93xoaI/AAAAAAAAAOc/WA5XbK6goHE/s1600-h/xxmaldivas3.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 3oopx; height: 250px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYnlB93xoaI/AAAAAAAAAOc/WA5XbK6goHE/s200/xxmaldivas3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299018258529231266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;          &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         &lt;strong&gt;&lt;span style="size:130%;color:#436eee;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;TE BESARÉ&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:110%;"&gt;               Allá…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en la noche sombría&lt;br /&gt;silenciosa, triste y callando&lt;br /&gt;cuando a solas en una vida truncada&lt;br /&gt;en cien ilusiones&lt;br /&gt;esté tu pensamiento vagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en tus horas de tristeza&lt;br /&gt;llena de una melancolía eterna&lt;br /&gt;en silencio con tu llanto ahogado&lt;br /&gt;en cien lágrimas&lt;br /&gt;como perlas en un manto bordado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en tu lecho de espinas&lt;br /&gt;litando  y en una oración&lt;br /&gt;que pides con esperanza plena&lt;br /&gt;en cien plegarias&lt;br /&gt;llenas de amor e ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en tu mundo solariego&lt;br /&gt;cuando tu espíritu y  alma  se rompe&lt;br /&gt;preñada de penas y congojas&lt;br /&gt;en cien pedazos&lt;br /&gt;de amargo dolor y tristezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Entonces…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces&lt;br /&gt;Lleva mi recuerdo a tu mente,&lt;br /&gt;mis caricias a tu rostro&lt;br /&gt;y mis besos a tu frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces&lt;br /&gt;Estrecha entre tus brazos&lt;br /&gt;ese algo invisible&lt;br /&gt;que nos une con sus lazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces&lt;br /&gt;Cierra tus ojos ardientes.&lt;br /&gt;Mándame ir a ti, y yo&lt;br /&gt;te arrullaré complaciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces&lt;br /&gt;Piensa que estoy a tu lado&lt;br /&gt;sintiéndome como nunca&lt;br /&gt;dicho, feliz y enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          Y yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo llegaré a ti enseguida,&lt;br /&gt;en doquiera tú estés&lt;br /&gt;Allá en tu lecho dormida&lt;br /&gt;tímido y gozoso me acercaré&lt;br /&gt;y cogiéndote, mi bien amada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Dichoso … TE BESARÉ.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;(El anterior poema es parte integrante del volumen I de "AL COMPAS DE LA ILUSION" Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproducción total o parcial)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5235746984791298475?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5235746984791298475/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/te-besare-alla-alla-en-la-noche-sombria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5235746984791298475'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5235746984791298475'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/02/te-besare-alla-alla-en-la-noche-sombria.html' title='P O E M A&lt;A name =&quot;Te besare&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYnlB93xoaI/AAAAAAAAAOc/WA5XbK6goHE/s72-c/xxmaldivas3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-3693889122497116045</id><published>2009-01-30T12:39:00.020+01:00</published><updated>2009-05-02T13:53:34.793+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Discurso agradecimiento'/><title type='text'>DISCURSO</title><content type='html'>&lt;br&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;DISCURSO DE AGRADECIMIENTO EN IBERCAJA DE ZARAGOZA POR LA CONCESIÓN DEL PRIMER PREMIO DE NARRATIVA EN VIII CERTAMEN LITERARIO DE RELATO Y POESÍA (Mayo 2005)&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYLo6iq0RTI/AAAAAAAAANk/9d3HnyvSZDA/s1600-h/discurso+agradecimiento+Ibercaja.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 237px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYLo6iq0RTI/AAAAAAAAANk/9d3HnyvSZDA/s320/discurso+agradecimiento+Ibercaja.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297052204177573170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;            Sr. Director de Centro Cultural y Social de Ibercaja, Sres. del Jurado, Señoras y Señores, amigos todos.&lt;br /&gt;      Es un honor para mí, dirigirme hoy a todos  Vds. a instancias  de la Obra Social y Cultural de Ibercaja. Consciente de que hablo  en representación  no sólo de los ganadores del pasado Certamen, sino también de los finalistas y,  por ende, de todos los participantes, no puedo caer en la tentación de considerar exclusivamente mías estas palabras y  reflexiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Hace justamente un año, nos reunimos en este mismo lugar, no tan sólo  para  entregar unos premios de poesía y narrativa, que también si hizo, sino más bien, como colofón  a las DECIMOSÉPTIMAS JORNADAS  SOBRE PERSONAS MAYORES auspiciadas por esta Obra Social.&lt;br /&gt;       No puedo olvidar que en este mismo salón, junto a unos premiados y a unos finalistas  del VIII Certamen Literario Nacional de Relato y Poesía, estuvieron también  un número de participantes, cuyos esfuerzos sin duda alguna, no fueron menos merecedores que los primeros. Y es a este esfuerzo de todos,  al que desde aquí quiero rendir tributo para compensar no sólo el trabajo, sino también el entusiasmo y, sobre todo, la ilusión.&lt;br /&gt;      Y es a ellos, a los participantes; también, a todos los asistentes  a este acto y a los que de alguna manera comparten el entusiasmo de todos nosotros, es decir escribir,  a los que quiero dirigir estas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Sin duda, en nuestro interior, más en una vez, habrá brotado una idea que hemos querido llevar al papel, pero no hemos  conseguido encauzar la oportuna trama.&lt;br /&gt;      También tendremos que reconocer  que, al igual que los que por profesionales de las letras se tienen, nos habremos encontrado ante el bloqueo de la página en blanco.  En repetidas ocasiones nos enfrentamos con unos personajes que se empeñan en aparentar ser de cartón piedra y habremos prestado atención para que el punto de vista  no nos cambie sin darnos cuenta en el transcurso del relato.&lt;br /&gt;       Supongo que a cuantos os hayáis decidido por la narrativa larga, os habrá pasado como a mí.  Muchas veces, cuando la narración se ha extendido, nos hemos metido  tanto dentro de los personajes que no hemos estado seguros de querer finalizar. Y es que al acabar una historia secundaria, y regresar a la principal, nos  ha parecido como si nos encontrásemos de nuevo entre amigos. Y llegados a este punto,  no estábamos muy seguros que va a suceder con ese círculo de amigos, el día en que, indiscutiblemente,  tras llegar  el clímax de la obra, tengamos que poner la palabra fin. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      En cierta ocasión, un crítico me dijo que si eso sucedía es que se habían trabajado bien los personajes. Yo  he de confesar por mi parte que al finalizar un trabajo, la única forma de salir de esta especie de depresión “post parto”, es iniciar rápidamente otro. Es algo que os lo recomiendo. Creo que  no  habré sido la única persona, de cuantos soñamos  llevar al papel una historia, al que le haya sucedido esto.&lt;br /&gt;      Luego, tras unas semanas de dejar reposar el trabajo, nos enfrentamos nuevamente  a él. Ahora, hemos de reconocer que  sobran unos cuantos folios y, a veces, hasta todo un capítulo;  tenemos que eliminarlo «¡Con lo bien que me había quedado!», decimos.  Os ha sucedido a todos, ¿verdad? Pero, comprobamos que nada aporta a la historia, y no queda más remedio que deshacernos de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Y que me decís cuando nos falla la estructura.  Cuando perdemos de vista el eje principal  o  damos demasiada importancia a los personajes secundarios. Nueva lectura; nueva versión. Ciertos nudos narrativos básicos se deben sostenerse más. ¡Cuidado! Si prolongo demasiado el final,  puede producirse un anticlímax.  En realidad, ¡toda una odisea!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Cuando, logramos terminar la historia, con cierta timidez, la  presentamos  a nuestros  amigos íntimos,  y les solicitamos nos pasen sus desinteresados comentarios. «Muy buena –nos dicen–, aunque yo pondría…».     Recogemos  sus opiniones,  y nos encontramos ante el dilema de  tener que hacerles caso o no. Por lo general, los amigos siempre son muy benévolos. Por supuesto, hay un pequeño grupo de sus  opiniones a las que decimos: «¡Ni hablar; no tienen razón!».  Luego,  habrá otro pequeño grupo  al que diremos: «Sí; está  bien como lo dicen, pero como yo soy el que escribe la historia, pues se queda así». Y por último,  habrá otro gran grupo al que, queramos o no, tendremos que rendirnos a la evidencia, y  reconocer que tienen razón, porque  8 ojos siempre han visto más que dos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      No voy a seguir con la retahíla de  dificultados con las que todos los que  pretendemos escribir nos hemos encontrado.  Por eso, he de confesaros que  nunca me he encontrado más perplejo que cuando alguien, después de leerte, te dice  tan convencido:&lt;br /&gt;–Porque, esto de la narrativa, ¿es fácil no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Por fin, tras días, semanas o quizás meses, logramos levantar en alto un legajo de folios más o menos abultado, y decimos: ¡Ya está!      Luego comprobamos que no, que no está, y que éste es el único parto que conocemos que tras dar a luz a la criatura, no se  han acabado los dolores. Ahora, hemos de  enfrentarnos a ese  duro peregrinaje de editor en editor, en espera de que nos acepten nuestro trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Y una vez tras otra, hemos de ir recibiendo repetida cartas, cuyos textos clonados deben de estar ya escritos de antemano, en la que se nos reconoce nuestra labor, pero… o no es el momento oportuno, o no está en su línea de edición o tienen, por el momento, cubierto su cupo editorial.  Cuando en realidad, lo que quieren  decir es: “Lo sentimos mucho, pero  estimamos que  su nombre no nos va a proporcionar unos beneficios económicos que merezcan la pena arriesgarnos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Afortunadamente, todavía quedan Instituciones, Organismos  Asociaciones o Entidades,  entre las que podemos contar a Ibercaja, en cuyo foro nos encontramos, dispuestas a  romper una lanza en favor de aquellos que no tuvimos la suerte de poder coger el tren  de la popularidad. De aquellos que en su momento, dimos todo:  tiempo,  atenciones y trabajo a los nuestros, y sólo cuando se relajaron  nuestras obligaciones, a lo que considerábamos era lo primordial para nosotros, nos permitimos el placer de poder dar rienda suelta a nuestras aficiones, y poder plasmar en unos cuantos folios, todos nuestros sentimientos.&lt;br /&gt;       Es pues  deber de bien nacido, agradecer a Ibercaja, en nombre  no sólo de los premiados, sino de todos los participantes, su atención hacia nosotros, por la oportunidad que tenemos de que se nos lea y, con o menos benevolencia,  tener el aplauso de todos Vds.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      En mayo de 1985, el diario Libération de París publicaba una encuesta  recopilando lo que más de 400 escritores, de 80 países y en 28 lenguas, pensaban  de porqué escribían. &lt;br /&gt;       Hoy, algunas de sus respuestas nos darían que pensar o al menos nos harían sonreír:&lt;br /&gt;      Las había filosóficas: José Donoso, por ejemplo,  decía:   “Escribo para saber por qué escribo”;o el paraguayo Roa Bastos: “Escribo para evitar que el miedo de la muerte se agregue al miedo de la vida”.&lt;br /&gt;      Y había también respuestas pesimistas.&lt;br /&gt;Álvaro Mutis, por ejemplo: “Escribo por asco del mundo y de mi mismo”Samuel Beckett:  “Escribo porque sólo sirvo para esto”&lt;br /&gt;o el irónico Milán Kundera:  “Escribo  por  el  placer de contradecir”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      En cierta ocasión, Osvaldo Soriano decía a sus contertulios argentinos: “Escribo para combatir la soledad”. Quizás esta última contestación estaría más en línea con María Zambrano  que en 1933  en la Revista de Occidente, y que luego incluyó en su escrito "Hacia un saber sobre el alma",  decía:  “Escribir es defender la soledad en que se está. Es una acción que sólo brota desde el aislamiento efectivo”.Mas tarde, algunos prosaicos, como Graham Green, declaraban: “Escribo por necesidad”, o William Faulkner: “Escribo para ganarme la vida”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Quizás, estos autores sí podían escribir para ganarse la vida, pero en cierta ocasión, un escritor de renombre acababa de publicar su último libro y, con más o menos acierto, me decía en un “petit comité”: “Hoy de la literatura pocos viven, por lo que, a fin de cuentas, sólo publicamos para que se nos recuerde”.&lt;br /&gt;      Aquello me trajo a la memoria que  García Márquez  también debía de pensar lo mismo cuando comentaba: “Escribo para que mis amigos me quieran y me recuerden”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Pues bien,  no se hasta que punto todas estas aseveraciones pueden ser exactas, pero también todos nosotros  deberíamos, sobre todo al llegar a la madurez, hacer que se nos recordase.   Y si determinados intereses económicos de algunos editores impiden que se nos publique, hagamos nuestra pequeña autoedición para regalar a nuestros amigos, seguros de que los que por amigos se tengan, esos si conservaran un ejemplar en su biblioteca, y en alguna ocasión, en el devenir de los años, lo tomaran, volverán a leerlo y a recordarnos.&lt;br /&gt;Y nosotros, ahora ya, jubilosos, porque  sabemos de antemano, que sólo en el recuerdo, se vive eternamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Nada más y muchas gracias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-3693889122497116045?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/3693889122497116045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/discurso-en-ibercaja-de-zaragoza-por-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3693889122497116045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3693889122497116045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/discurso-en-ibercaja-de-zaragoza-por-la.html' title='DISCURSO&lt;A name =&quot;Discurso&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SYLo6iq0RTI/AAAAAAAAANk/9d3HnyvSZDA/s72-c/discurso+agradecimiento+Ibercaja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-8821216656349697132</id><published>2009-01-23T13:50:00.038+01:00</published><updated>2009-05-02T13:49:26.311+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><title type='text'>EL "TUBO" YA NO EXISTE</title><content type='html'>&amp;copy; Ramón Marzal&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZagCTV9HeI/AAAAAAAAAQQ/isB6IDT8bSo/s1600-h/P2130048.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZagCTV9HeI/AAAAAAAAAQQ/isB6IDT8bSo/s200/P2130048.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5302601572687879650" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;                     &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;                                                                        &lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:180%;"Align="center"&gt;            EL "TUBO" YA NO EXISTE&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;br&gt;&lt;br&gt;                    &lt;br /&gt;            Acababa de visitar la cercana sala de exposiciones. Salí a la calle cuando ya anochecía un día de aquel riguroso invierno de 1998 y, antes de volver a casa, decidí caminar a lo largo de la calle Cuatro de Agosto. Hacía muchos años que no transitaba por aquellos lugares. Llegué hasta la intersección de la calle de los Mártires, y me quedé un poco desencantado. Ya no era la misma de cuando yo frecuentaba aquella parte de la ciudad. Hacía más de 40 años, pensé. El ambiente que proporcionaba la angostura del lugar ya no era igual. Incluso, yo diría que había desaparecido el característico olor a calamares fritos y también las vendedoras de tabaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                      En la esquina de la Calle de los Mártires, por entonces, todavía existía Casa Lac. Miré a través de sus puertas con cristales; no había muchos clientes en aquellas horas. Me pareció que poco había cambiado. Su decoración, todavía tenía el encanto de principios de siglo. En realidad, ahora estaba convertido en un café espectáculo, que sólo abría al mediodía y por las noches. Claro que entonces, cuando yo era niño, lo que más se servían eran desayunos, sobre todo en convites. Aquellas primeras comuniones, donde lo característico era el chocolate, vienés, según el presupuesto, los dos bollos suizos y luego un vaso de leche, de aquellos altos que se servían hacía más de medio siglo y todo ello endulzado con los nostálgicos azucarillos. Me quedé mirando una pequeña tienda que había justamente enfrente; vendían casetes, relojes, pequeñas radios y algunas otras cosas más. Entonces, cuando yo era joven, era un salón de limpiabotas, donde invariablemente todos los domingos, iba a limpiarme los zapatos por cinco pesetas. Junto al salón limpiabotas, estaba el “Plata”, y digo que estaba, porque en aquel invierno de 1998 sólo quedaba de él las puertas tabicadas y el letrero sobre su fachada, como una frase lapidaria “Café Cantante Plata”. ¡Cuántas veces, al pasar, nos quedábamos mirando como podíamos por las rendijas de un tabique de madera colocado delante de la puerta, para que no se viese el espectáculo desde la calle! Allí, al fondo, junto al escenario, había siempre unos vejetes de temperamento sanguíneo, yo diría que siempre los mismos; aplaudían para que las cantantes se subiesen un poco más la falda o que, con un desliz intencionado, dejasen ver un poco más de la cuenta, disimulando después tras un fingido rubor. Cuentan que en las memorias de Trotski, antes de exiliarse éste a Méjico, a su refugio de Cayoacán, pasó por Zaragoza, y comentan que visitó el “Plata”.&lt;br /&gt;               &lt;br /&gt;            Ahora, ya de noche, continué por la calle Cuatro de Agosto. ¡Venían a mí tal cantidad de recuerdos de aquellos años de adolescente! Pasé junto a lo que habían sido unos billares. Parecióme llegar a mí aún el olor conjunto de los lugares cerrados y la tiza de los tacos, y oí también el ruido del chocar de las bolas de marfil sobre los tapetes verdes, al final de aquella escalera tan empinada. Seguí mi pasear por la calleja; un poco más allá, unos maderos apuntalaban la fachada de la casa de enfrente, justamente a lo que un día fue el Restaurante Casa Tobajas. Luego, la calle se ensanchaba, y allí, en un rincón, como queriendo permanecer en el anonimato, una tiendecita; una ortopedia con un letrero, que por entonces, aún existía, “GOMAS”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                      Y justamente unos metros más adelante, en el vano de una tienda cerrada, recordaba a una muchacha de cabellos rubios, muy joven, parecía, y algo atrevida y pizpireta. Atendía por Lolo Mary. Me llamaba siempre la atención su mano derecha a la cual le faltaba su dedo meñique. Estaba siempre sentada sobre un banquillo de tosca madera, y con la excusa de la venta de unos cigarrillos sueltos, esperaba solícita a que alguien negociara sus favores. ¿Qué habría sido de ella?, pensé.      Hacía frío; me subí el cuello del abrigo. Yo continué caminando por aquella calle, ahora ya, con las farolas encendidas. Llegué hasta el que fue el Bar Monreal. Un muro de ladrillo tabicaba lo que había sido puerta y ventanal. Los hermanos Monreal eran amigos míos; Fernando se llamaba el mayor; el pequeño... ¿Javier?... ¡Ya no me acordaba!... ¡Había pasado tanto tiempo! Y luego, frente al bar, la calle de la Libertad. La calle de la Libertad había quedado como oculta a los ojos de los depredadores de símbolos del régimen de una época anterior. Habían desaparecido otros nombres de calles, Cinco de Marzo, Manifestación, Democracia, etc., pero la calle de la Libertad quedó allí escondida, sin que, al parecer, fuese importante para aquellos que no toleraron expresiones de libertad o levantamientos populares. La calle de la Libertad siguió siendo famosa quizás más por los platos cocinados de Casa Pascualillo que por otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                 Aproximadamente, diez metros más adelante, existía todavía, aunque restaurada, la casa número 11. Allí vivía mi amigo Ernesto y todos los domingos, después de comer, nos reuníamos en el segundo piso de aquella casa, para tomar el café antes de salir. Recordé como en una instantánea, aquella cocina donde estábamos en invierno nosotros dos y su familia: su padre, atento siempre a la retransmisión del partido de fútbol, oído desde un aparato de radio de los de lámparas; su madre, Amparo, ocupada en sus faenas. De vez en cuando, cual moderno Moisés, daba un golpe con el pie en suelo, a la vez que gritaba ¡Agua! Un hilo de agua empezada a caer entonces por su grifo, quizá cuando la vecina del piso de abajo se dignaba cerrar la espita, o había acabado sus quehaceres.       Cuando terminábamos de tomar el café, salíamos de su casa: yo, a la cita con una linda muchachita, mi primer amor de adolescente; él, a intentar ver a María Jesús. María Jesús era una corista de la Compañía de Revistas del Maestro Guerrero, que por entonces actuaba en el Teatro Circo, a la sazón instalado en la calle San Miguel, donde ahora se levantaba una Caja de Ahorros. Bajé hacia la calle Alfonso. Antes de llegar, vi que existían todavía los restos de la librería de lance de Inocencio Ruiz. No siempre que la visitábamos era para comprar, algunas veces también para vender y poder terminar de pasar la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                        Era ya completamente de noche cuando continué mi camino. La calle estaba, por aquellas fechas, ocupada por las obras de conservación del Pasaje de los Giles. Dos gatos salieron desde un montón de escombros, maullando por quien sabe que enemigo imaginario, y fueron a refugiarse a la casa de enfrente. Allí, hacía años, recordé, existía la Sala de Exposiciones del Casino Mercantil, a la cual, entonces se podía entrar directamente por la Calle Cuatro de Agosto. Yo la visitaba muy a menudo, cuando exponían, Sarroca, Ayneto o Miguel Ángel Albareda, éste último ya murió. Enfilé la calle Blasón Aragonés, en cuya esquina me detuve. Todavía existía una tienda de muñecas. Yo me quedé mirando sus escaparates siempre atestados de paraguas, abanicos y muñecas: Es curioso –pensé– después de tanto tiempo, es la única casa en Zaragoza, que sepa yo, que todavía tiene la famosa muñeca de los años cuarenta: “Marujita Pérez”. Entonces, cuando yo era chico, costaba 200 pesetas, ahora, en 1998, 15.400,-- pesetas. Después, al igual que hacía 40 años, seguí por la calle Blasón Aragonés, al llegar al final... ¡Cuantos recuerdos! Allí, por entonces, estaba el comedor del SEU, y allí terminábamos muchas tardes a dar buena cuenta de sendos bocadillos de anchoas, regados con un vaso de vino tinto; todo ello por 5 pesetas. Recordé las tertulias de arte y los cafés de redacción, donde discutíamos de tantas cosas, mientras nos tomábamos un café que nos costaba 3 pesetas... o acaso... ¿eran dos?... ¡Ya no me acordaba!... ¡Había pasado tanto tiempo! Era un inmenso salón con unos amplios balcones a la Plaza de Sas. Aquel invierno, ya no existían ni los balcones ni la casa; los balcones altos hasta el techo, habían dado paso a unas ventanas bajas, y el amplio salón había desaparecido para dar cobijo a las oficinas de una Compañía de Seguros. Como en una película, había transcurrido ante mí toda una época, toda una historia, ¡toda una vida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                    Pasadas las diez de la noche volví sobre mis pasos, e inicié el camino en sentido contrario. Al llegar nuevamente a la calle Cuatro de Agosto, sentí un escalofrío. Sí, había sentido un escalofrío pero... en el alma. Y comprendí porqué. La calle estaba vacía, sin vida, con ese silencio de cementerio grave donde pocos más que los muertos se sienten a gusto. Cuando yo recordaba, a aquellas mismas horas, había animación; todos los bares y casas de comidas estaban en plena ebullición. Las vendedoras de tabaco todavía seguían en sus puestos; el olor de los fritos envolvía la atmósfera y algún jovenzuelo, movido por la urgencia, buscaba desaforadamente una casa de “mala nota”. Ahora, pocas tiendas, pensé; la mayoría ya no existían; los bares, no cerrados, sino tabicados y las fachadas de sus casas, apuntaladas y curvadas por los años, cual decrépitos ancianos que esperaban el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                      Y entonces, aquella fría noche, de pronto… volví a verla. Había empezado a caer una chispeante llovizna helada. Algunos de los pocos transeúntes estaban inclinados hacia el suelo atendiendo a alguien, parecía una mujer sentada sobre la acera y refirmada en la pared. Me acerqué. Al principio no la reconocí. Sus rubios cabellos habían dado paso a unas greñas de amarillo blanquinoso y su cara ajada no reflejaba sufrimiento, sino apatía. Estaba refirmada en la misma fachada de entonces. Únicamente que ahora estaba sola, no había la corte de mozalbetes que hacía 40 años, pululaban a su alrededor contentándose con poder observar un generoso escote ya que sus maltrechos ahorros no les permitían para otros desahogos. En aquel momento, desde una ambulancia detenida en la parte ancha de la calle, llegaron dos sanitarios. La reconocieron durante unos instantes y luego, la tendieron sobre una camilla, y al hacerlo el brazo derecho se deslizó hacia el suelo dejando colgando una nervuda mano de cuatro dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                      Y aquel frío invierno de 1998, cuando la poca gente se disolvió, miré a mi alrededor y entonces me di cuenta. Sí... ¡el “Tubo” ya no existía! Dejó de existir cuando... ¡Ya no me acordaba!... ¡Había pasado tanto tiempo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;(El anterior relato es parte integrante del volumen I de "AL COMPAS DE LA ILUSION" Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproduccion total o parcial)&lt;/p&gt;&lt;hr /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-8821216656349697132?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/8821216656349697132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/el-tubo-ya-no-existe-acababa-de-visitar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8821216656349697132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8821216656349697132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/el-tubo-ya-no-existe-acababa-de-visitar.html' title='EL &quot;TUBO&quot; YA NO EXISTE&lt;A name=&quot;El Tubo&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZagCTV9HeI/AAAAAAAAAQQ/isB6IDT8bSo/s72-c/P2130048.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-8656821304267617228</id><published>2009-01-23T12:10:00.023+01:00</published><updated>2009-05-01T21:25:05.672+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>LA ANTIGUA NOVIA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;© Ramón &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;Marzal&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;&lt;/span&gt;. &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;                                                 &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                                       &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;                         LA  ANTIGUA   NOVIA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;         &lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;            Tan pronto como entró en la &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;cafetería&lt;/span&gt; la vio.  Estaba sola en una mesa junto al ventanal que daba a la calle. Sentada, no se notaba mucho, pero parecía esbelta y de porte elegante. Santiago nunca había entrado en aquel café, ni siquiera pasaba a menudo por allí, sólo cuando iba al Registro. Aquella tarde, había tenido que  hacer unas gestiones cerca, y se le ocurrió entrar a tomarse su acostumbrado café. Por lo general, lo hacía en la barra, rápidamente, sin dilaciones, pero en esta ocasión instintivamente se dirigió hacia una mesa libre que había junto a la mujer. A medida que se acercaba tuvo ocasión de verla mejor. Vestía un traje de chaqueta azul oscuro y llevaba el pelo corto de un color castaño claro. Se sentó, dejó el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;portafolios&lt;/span&gt; en otra silla y esperó a que se acercase el camarero; cuando llegó le pidió un café. De soslayo miró a la mujer. Debía de tener algo más de los 50 años, quiso adivinar. Había restos de hermosura que aun conservaba. Ella estaba tomándose un café, y se puso a hojear una revista que llevaba. Por un instante le pareció que le recordaba a alguien, pero no pudo precisar. Se sintió intrigado y tuvo el impulso de volver la cabeza para mirarla directamente, pero se contuvo. Quizá ella se daría cuenta y entonces él, sin duda, se sentiría incómodo. Sin embargo, no paraba de darle vueltas a la cabeza. Volvió a mirar con disimulo. Aquel corte de cara, aquella nariz un poco &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;respingona&lt;/span&gt;, pensaba. De repente creyó recordar a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;Piluca&lt;/span&gt; una antigua novia de quien estuvo enamorado a sus 20 años. Sonrió en su interior, y vinieron a su memoria pasajes de aquellos dos años que pasó con ella. Se aventuró a volver la cabeza para mirarla más directamente. La mujer parecía seguir absorta en su lectura. De pronto, ella se volvió y sus miradas se cruzaron durante unos instantes. Santiago se sintió algo azorado y desvió la mirada. Sí, era ella pensó, sin embargo sus ojos no los recordaba así y el cabello, tampoco, pero claro, el cabello ya se sabe, pensó. En aquel momento el teléfono móvil de la mujer sonó y  ella contestó. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        Llegó el camarero con el café y Santiago permaneció escuchando, intentando averiguar donde había oído antes aquel  timbre de voz. La conversación  fue corta, anodina, sin efusión; se notaba que era de trabajo.  Por fin, la creyó reconocer, y ya sin tapujos, cuando  ella acabó la conversación, se dirigió a la mujer:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –Disculpe. ¿&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Piluca&lt;/span&gt;?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;            La mujer intensificó su mirada, no molesta, pero si intrigada, y él, señalándole con el dedo, insistió.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –¿&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Piluca&lt;/span&gt; Almenar?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;            Entonces la mujer pareció sonreír ligeramente y, tras unos instantes, contestó con cierta vacilación:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –¡Ajá!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                      –Ya veo que no te acuerdas de mí –dijo Santiago ya con más seguridad–. Soy &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Santi&lt;/span&gt; Navarro. Hace muchos años que no nos hemos visto. Entonces, éramos muy  buenos amigos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –¡Vaya! –exclamó la mujer tras unos instantes de vacilación–. La verdad es que no te hubiera conocido después de todos estos años. Aunque, ahora que me fijo,  no has cambiado mucho. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –Tú, en cambio, si que has cambiado, a mejor por supuesto. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –Gracias por el cumplido –dijo ella halagada. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Al principio, ¿sabes?, cuando te he visto, dudaba. Creo recordar que entonces llevabas el pelo largo y moreno, y los ojos, yo los recordaba de color algo más oscuros –continuó, como intentando recordar viejos tiempos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –No te puedes imaginar  lo que  halaga mi &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;ego&lt;/span&gt; femenino saber que me has recordado. Fue una pena que dejásemos de vernos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Permíteme&lt;/span&gt; que te recuerde que fuiste tú quien cortó –dijo él como con reproche aunque sin rencor, y continuó. –No crees que debiéramos sincerarnos y reconocer que fuimos algo más que buenos amigos–. Y la miró a los ojos esperando ver la reacción de la mujer.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        Ella se sonrojó levemente. Luego como abstraída dijo:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –¿Cuántos años tenía yo entonces?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –Veintitrés, creo recordar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Ha pasado mucho tiempo –dijo ella, y Santiago creyó notar cierta nostalgia en sus palabras.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Sí. Más de 30 años.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Fíjate. Posiblemente, ninguno de los dos sabía lo que hacíamos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –¿Esperas a alguien?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –No, estoy sola.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –¿Te importa que me ponga ahí? –preguntó él señalando su mesa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Por favor –dijo ella con un signo de invitación.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       El hombre se levantó, y cambió de mesa su servicio del café. Luego se colocó en una silla  enfrente a ella.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     Santiago estaba haciendo un gran esfuerzo para recordar, después de tantos años, su relación con  &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Piluca&lt;/span&gt;, como la llamaba él. Sufrió enormemente cuando ella le dejó, y, después, él no hizo ninguna mención de volver a verla. Aun con gran pesar, prefirió dejar cancelado todo definitivamente. En alguna ocasión, había pensado si ella no habría estado esperando alguna reacción por parte de él, o un nuevo intento de volver, pero se sentía muy herido con la ruptura por parte de ella, y su amor propio se lo impidió.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                        –Y en cuanto al pelo –continuó la mujer–, tienes razón. Por entonces era más largo y moreno, pero ya sabes con el tiempo, tienes que hacer algo para cambiar de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;look&lt;/span&gt;, y que se note lo menos posible el paso de los años.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                      –Pues aunque parezca mentira, sí han pasado. Ya nada es igual –dijo él como con añoranza.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Bueno, para ti, no parece que hayan transcurrido. Si acaso, un poco menos de pelo –dijo mirándole la cabeza mientras sonreía-, pero sigues  siendo tan agradable como entonces. Yo diría que ahora, con el paso de los años, te encuentro  más interesante. Pero &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;cuéntame&lt;/span&gt; ¿qué ha sido de ti en todo este tiempo?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Poca cosa. Terminé la carrera y tuve ocasión de colocarme con un conocido abogado. Algunos años más tarde, con dos abogados más, compañeros de promoción, montamos bufete propio, y allí estoy desde entonces. No me puedo quejar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                      –¿Te casaste?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Sí, tuvimos dos hijos, pero hace unos años mi esposa murió en accidente cuando iba a reunirse conmigo en  un Congreso que se celebraba  en Madrid. Ahora, estoy solo. Mis hijos están fuera: el mayor trabajando en Valencia y el pequeño, haciendo un &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Master&lt;/span&gt; en Alemania. Yo todavía no me  he repuesto del todo, por lo que me encerré en el trabajo, y sigo como puedo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Lo siento muchísimo –dijo ella visiblemente afectada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                       –Y tú ¿te casaste? –quiso saber Santiago.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Sí, me casé, pero no me fue nada bien. No tuvimos hijos, y a los diez años terminamos separándonos. Cosas de la vida.  Yo al contrario que tú, afortunadamente, me he repuesto totalmente.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –Tus padres ¿viven todavía? Creo que a tu padre no le caía yo muy bien. No me lo llegaste a presentar, pero él me conocía. Aunque no llegué nunca a saber mucho de tu familia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                      –Mi padre murió hace unos diez años y mi madre el año pasado.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –Lo siento. ¿Te acuerdas de aquel viaje de fin de curso a París?  –quiso recordarle Santiago cambiando de tema.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –Fue bonito –dijo ella simplemente.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –La verdad es que aquella noche, cuando me presenté en tu habitación del hotel con mis veladas pretensiones, creo que hice un poco el ridículo, ¿no? Hiciste bien rechazándome –dijo él sonriendo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                   –Pero te portaste como un caballero. Con el tiempo, me alegré de que no hubieses insistido, porque a lo mejor... ¿Tú te arrepientes ahora de algo?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                 –Cuando uno es joven, siempre hay algo de lo que arrepentirse. Pero, afortunadamente, de nada nos tuvimos que avergonzar. De todas las maneras eran otros tiempos. Recuerdo cuando íbamos al cine y pedíamos la última fila. Al final, la mayoría de las veces se perdía algún beso furtivo. Tú siempre te enfadabas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Eso pretendía que creyeses –dijo ella divertida.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Mira de cuantas cosas me tengo que enterar al cabo de los años.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;            Santiago puso su mano encima de la de la mujer, pero al instante  la retiró. Ella se dio cuenta de la acción. Sonrió y luego continuó.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                 –Éramos jóvenes y ya sabes. Los jóvenes por entonces... ¡Huy! –exclamó mirándose el reloj–. Se me ha hecho muy tarde y debo irme. Si me das tu teléfono, me gustaría llamarte y poder volver a vernos para recordar aquellos años y hablar de nosotros. Creo que entonces lo deberíamos haber hecho más. Pero el tiempo lo dedicábamos a otras cosas –dijo ella sonriendo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    Santiago, sacó del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;portafolios&lt;/span&gt; una tarjeta y se la tendió cuando la mujer ya se levantaba. Ella la miró, se la guardó en el bolso y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     –Seguro que te llamaré, y pronto. Si no te importa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                  –Será un verdadero placer; de verdad. Estaré esperando tu llamada. Me he alegrado mucho de volverte a ver después de tantos años –dijo él levantándose para despedirla.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     Ella le besó en la mejilla y salió de la cafetería.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    Ya en la calle, la mujer tomó un taxi y dio una orden al taxista. Refirmada en el asiento, reflexionó sobre lo sucedido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                    –Es muy agradable y parece sincero -se dijo-, pero cuando le llame, ¿cómo le digo que no soy &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;Piluca&lt;/span&gt; y que no le conozco de nada? &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;(El anterior cuento es parte integrante del volumen II de "AL COMPAS DE LA ILUSION" Está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual y queda prohibida su reproduccion total o parcial)&lt;HR &gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-8656821304267617228?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/8656821304267617228/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/el-presente-cuento-est-inscrito-en-el.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8656821304267617228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/8656821304267617228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2009/01/el-presente-cuento-est-inscrito-en-el.html' title='LA ANTIGUA NOVIA&lt;A name=&quot;La antigua novia&quot;&gt;&lt;/A'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-3098574211912444592</id><published>2008-12-26T13:49:00.032+01:00</published><updated>2009-05-01T21:22:41.941+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>L U C A S  </title><content type='html'>&lt;span style="color:#000099;"&gt;(El presente cuento está inscrito en el Registro de Propiedad Intelectual bajo el título genérico de "AL COMPÁS DE LA ILUSIÓN &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;III&lt;/span&gt;". Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial)&lt;br /&gt;©: Ramón Marzal&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZaj7RgtKxI/AAAAAAAAAQY/tYhsPPWkeqA/s1600-h/Lucas.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 185px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZaj7RgtKxI/AAAAAAAAAQY/tYhsPPWkeqA/s200/Lucas.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5302605849983527698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;           &lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;                                    &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;                   &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:200%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;L U C A S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;         &lt;span style="color:#000000;"&gt;   Aquella noche  me había despertado en repetidas ocasiones. Creía haber oído ruidos en el jardín, y el instinto me decía que algo anormal ocurría. Me acerqué hasta la puerta que daba al exterior y escuché atento, luego fui hasta el ventanal que comunicaba el salón con el jardín y permanecí  en silencio durante un buen rato. No me pareció que hubiese nadie y, sin embargo había oído algo. Esa noche  Don Francisco, como le llamada la asistenta, no dormía en casa. Estaba en unos de los muchos viajes de negocios que solía hacer y que a veces se alargaban una o varias semanas. Su esposa, Doña Manuela, ocupaba el dormitorio principal del piso de arriba y la asistenta no había llegado todavía pues iba todas las mañanas a eso de las 10 y se quedaban hasta mitad de la tarde cuando, una vez  que había recogido todo y preparado la cena a la señora, se marchaba, no sin antes  sacar a la calle la bolsa de la basura que dejaba en el contenedor próximo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        No me pareció que hubiese nada diferente a otras noches, aun así, me decidí a averiguar si todo estaba bien en la planta superior. Subí despacio la escalera de madera que llevaba al dormitorio de Doña Manuela. Procuré no hacer nada de ruido aunque sabía que la alfombra de la escalera amortiguaría los posibles ruidos de mis pisadas. Arriba todo parecía estar bien. Me acerqué hasta el único dormitorio que estaba ocupado. La puerta estaba entornada. Al principio no oí nada, pero había algo en el ambiente que me preocupó. Había un aroma diferente, que había notado en otro sitio y que me era bastante desagradable. Yo no sabía que podía ser, pero la mujer no podía estar en peligro, pues al parecer estaba despierta. Creí  oír  algún susurro en el interior y estuve un buen rato escuchando tras la puerta.  Sólo pude oír la voz clara de Doña Manuela que hablaba en voz baja.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        –No te preocupes. Todavía  no ha amanecido y hasta las 10 no viene &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;,  la asistenta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        La otra persona  no dijo nada y ambos se revolvieron entre las sabanas. Yo había empujado un poco la puerta con precaución y ahora podía ver casi toda la habitación. No quise entrar, pero  me detuve a tiempo de ver como la otra persona se levantaba de la cama. Era la silueta de un hombre de edad mediana. Ahora su aroma se hizo más intenso. Caminó hasta la puerta del lavabo que estaba en la misma habitación  y encendió la luz. Al poco, el hombre volvió a salir del baño y caminó de nuevo hacia la cama. Yo retrocedí cuando pasó cerca de la puerta  y no pude verle la cara. El hombre volvió a la cama  y se abrazó a  la mujer que ahora estaba totalmente despierta. Gimió y se abrazó a su acompañante. Me pareció que todo estaba bien y con la misma precaución con que había subido, volví a  bajar la escalera hasta la planta baja. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/p&gt;Estuve un buen rato  dando vueltas en silencio por la casa. Por fin, me debí de quedar dormido.&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;             Me despertó el ruido de la puerta de la calle. Era &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;, la asistenta que llegaba. &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;era una mujer joven de unos 30 años que ya era la asistenta de Don Francisco ya cuando viudo, ocupaba su otra casa. Luego, cuando éste se volvió a casar, ella continuó con el nuevo matrimonio ocupándose de casi todo lo concerniente a la casa, ya que la señora, según le había oído yo decir en alguna ocasión a la asistenta, era bastante “desmanotada”. Yo no sabía que quería decir aquella palabra, pero enseguida la asimilé como sinónimo de la esposa de Don Francisco.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                      –Buenos días, &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lucas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; –me dijo cuando me vio  nada más entrar, y enseguida  se puso una bata de trabajo y colocó la cafetera en el fuego.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                      Yo  no dije nada y por la puerta de la cocina salí al jardín que, por cierto, hacía ya tiempo que lo estaba deseando. Hacía una mañana muy agradable y en aquellas horas el sol todavía no estaba muy alto. Después de dar una vuelta por el amplio jardín de aquel chalet,  me fui a tumbar a la sombra de un pino que había cerca de la verja de la entrada. Aquel era  mi sitio preferido, pues desde allí podía ver los que venían a la finca y también la ventana del dormitorio de   Doña Manuela por la que había empezado a interesarme.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                    Poco después del mediodía, llegó Don Francisco a su casa. No se fijó en mí que me encontrada  tumbado. Abrí un ojo, lo vi en la puerta y volví a quedarme dormido.  A buen seguro que si me hubiera visto me habría dicho:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                       –Qué bien vives holgazán  –era su frase favorita la mayoría de las veces que me veía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                      Aquel fin de semana,  no vi casi al matrimonio. Don Francisco permaneció en su despacho todo el sábado y gran parte del domingo y su esposa, después de asistir a la misa dominical, y hasta la hora del almuerzo, se ocupó de desalojar y volver a colocar unos armarios  en la habitación de huéspedes del piso superior. Sólo en una ocasión subí a la habitación donde estaba la mujer. Fui a entrar, pero la mujer, muy airada, me echó:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                       –Vete. &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Déjame&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;, estoy muy ocupada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                       Yo desaparecí de la escena y ya no volvieron a verme en el resto del fin de semana.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                       Aquel lunes, muy temprano, Don Francisco volvió a marcharse de viaje. Cogió su cartera de piel y a eso de las seis de la mañana salió de la casa y se dirigió hacia el garaje. Yo quise acercarme.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                       –Hola &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lucas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;. Lo siento hoy no estoy de buen humor –me dijo cuando me acerqué a él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Algún sentido especial me  dio a entender que no se encontraba en sus mejores momentos y decidí no importunar. Puso el coche en marcha y abandonó el garaje. Luego, salió por la puerta de la verja que, por cierto, dejó abierta, cosa muy rara en él. Yo aproveché para salir a la calle y me dediqué a dar una vuelta por los alrededores. Empezaban las primeras luces del día, algunas farolas todavía estaban encendidas y había pocos viandantes a aquellas tempranas horas de la mañana. Pasó un camión regando las calles que dejó en el ambiente  un ligero  olor de hierba mojada. Llegué hasta el final de la urbanización y estuve paseando durante mucho rato. Me sentía libre, pues no estaba acostumbrado a ir solo por la calle;  siempre salía con Don Francisco o con  &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;; pocas veces con la señora. Me entretuve junto al puesto del churrero y decidí regresar a casa. Ya cerca de la verja de entrada me adelantó el cartero que empezaba su labor por el principio de la calle. Su penetrante aroma se me quedó incrustado en mi nariz y creí  haberlo notado antes. Serían cerca de las 10 cuando regresé a casa, pues al poco, llegó &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; que protestó por ver la puerta de la verja abierta de par en par, y se dispuso a cerrarla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        –Mal le deben de ir las cosas al señor  cuando se ha dejado la puerta abierta –le oí decir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                      Yo me adelanté,  entré por la puerta de la cocina que estaba abierta y subí a la primera planta. Doña Manuela estaba en su habitación; me pareció que estaba sola, pero aun así noté que hablaba con alguien. Asomé la cabeza por la puerta entreabierta de su dormitorio. La mujer estaba sin vestir tumbada encima de la cama y hablaba por teléfono con alguien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                      –Si, se ha ido al punto de la mañana –le oí decir con voz queda–. Y ya no vendrá hasta el  próximo fin de semana. Te esperaré esta noche. No te preocupes, &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; se va a marchar después de comer a ver a su familia en el pueblo, no volverá hasta el próximo jueves. Así es que tendremos cuatro días para nosotros. Te estaré esperando. Dejaré la puerta de la cocina abierta, es más discreta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        Dejé a la mujer que siguiese hablando y yo me bajé a la planta baja y estuve casi todo el día paseando por jardín y dando una &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;cabezadita&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; a la sombra de un acogedor pino. Si Don Francisco se había marchado hasta mitad de la semana, seguro que yo me podía tomar el descanso sin que  nadie me llamara holgazán. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                         Al poco vino el repartidor del supermercado. Se acercó a la verja y toco el timbre, luego al verme me dijo:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                        –Anda, avisa a &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                     &lt;span style="color:#000000;"&gt;No le hice el menor caso, pero en aquel momento vi venir a la asistenta y me fui a mis quehaceres al jardín posterior de la casa y estuve vagando ocioso  por allí casi todo el resto del día.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                    A media tarde, quizás cuando ya había recogido la cocina,  vi a la asistenta, muy arreglada, se disponía a salir.  Se llegó a la verja salió y la volvió a cerrar con llave. Como medida de seguridad la verja permanecía cerrada gran parte del día. Yo me acerqué hasta la verja y, desde detrás de  los barrotes, me dispuse a ver pasar la gente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                     Serían pasadas de las once de la noche, cuando me fui de los jardines, y después de darme un paseo entre los parterres y comprobar, como hacía todas las noches, que todo estaba en orden, me volví hacia el porche de la casa. Hacía  tiempo que había &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;anochecido&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; y  en aquel momento vi  que una sombra caminaba por el andador de grava. Se  acercó a la puerta de verja, la abrió con la llave y se  volvió otra vez a la casa donde entró por la puerta de la cocina que dejó también sin cerrar por dentro. Hacía una noche  agradable y no me apeteció irme a dormir, así es que permanecí cerca de la puerta principal  de la casa. Aun no habían terminado de dar las doce en el reloj de la iglesia cercana, cuando sentí que alguien entraba por la puerta de verja. Me sentí inquieto, pero permanecí inmóvil como una estatua, en las mismas escaleras de la puerta principal, agazapado tras unos tiestos de  &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;aspidistra&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;. El recién llegado no lo dudó y se dirigió a la puerta de la cocina. Percibí el aroma del recién llegado cuando éste ya había entrado y cerrado la puerta de la cocina. Era el mismo que había notado por la mañana. No sabía si se trataba de un intruso, así es que di la vuelta al edificio y abrí como pude la puerta del sótano. Me introduje en el interior de la casa, luego subí con mucho sigilo las escaleras, temeroso de  que la puerta que daba  cerca al cuarto de desahogo estuviese cerrada. Afortunadamente no fue así, por lo que pude salir al pasillo y de allí a las escaleras que daban al primer piso.  No vi por  ninguna parte al sospechoso  que  había visto entrar, por lo que deduje estaría en la planta de arriba. Subí con precaución intentado que la alfombra de la escalera no dejase oír el ruido de mis pisadas, y seguí el rastro del aroma que me llevó hasta la habitación de  Doña Manuela. Les oír hablar en voz baja y como no me pareció que la mujer corriese ningún peligro, me dispuse a bajar a la cocina y permanecí  allí durante un buen rato por si me reclamaba o gritaba, luego me debí de que quedar dormido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                   &lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;               Cerca de las 7 de la mañana creí oír pasos  que se aproximaban por el andador y  escuche. Me pareció que era Don Francisco que llegaba, pero  no había oído el coche. Al poco, la puerta de la cocina que daba al exterior se abrió y apareció la figura del señor que, cosa rara en él,  subió al primer piso  sin apenas hacer el más ligero ruido. Yo no entiendo las cosas de los señores, pero tuve un presentimiento y  esperaba que de un momento a otro se iniciase todo un espectáculo  en la primera  planta, pero  no fue así. Durante  unos minutos todo pareció en silencio. Luego volvió a abrirse la puerta de la cocina que daba al pasillo y  volvió a entrar Don Francisco. Le noté abatido como cansado. Me vio, se acercó  a mí y se sentó en una silla cerca  de donde yo estaba.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                     –¡Ay &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lucas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;! ¡Qué sabes tú de estas cosas! –me dijo mientras me ponía la mano encima de mi cabeza–. A buen seguro que ni se han acordado de ti.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                    Se levantó hasta un armario bajo la encimera. Sacó  una bolsa de papel y una escudilla de plástico que llenó con pienso y me la colocó en el suelo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                   –¡Ay, &lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Lucas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;! –continuó–. Vamos a tomar un poco el aire fresco. Aquí me ahogo. ¡Si tú me pudieras  comprender! &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;                   Cogió la correa que estaba colgada  detrás de la puerta de la cocina, me la ató al collar y salimos al jardín y luego a la calle. El hombre caminaba cabizbajo y junto a él, yo, no ajeno a lo que le sucedía, meneé el rabo en señal de comprensión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                                                  _____________________________&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;b&gt;(Publicado en la Revista LA SIRENA DE &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;ARAGÓN&lt;/span&gt; de Noviembre 2008)&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; line-height: 150%;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-3098574211912444592?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/3098574211912444592/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/la-antigua-novia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3098574211912444592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/3098574211912444592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/la-antigua-novia.html' title='L U C A S &lt;A name=&quot;Lucas&quot;&gt; &lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1pTc8fNmUMw/SZaj7RgtKxI/AAAAAAAAAQY/tYhsPPWkeqA/s72-c/Lucas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-712041078944338685</id><published>2008-12-11T12:40:00.032+01:00</published><updated>2009-06-04T21:27:48.176+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Virgen del Pilar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Templo del Pilar'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Año Mariano'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos periodisticos'/><title type='text'>EL TEMPLO DEL PILAR EN ZARAGOZA</title><content type='html'>&lt;h2 style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h2&gt;&lt;h2 style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 51, 0);"&gt;EL TEMPLO DEL PILAR EN ZARAGOZA&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;img src="http://zaragozaciudad.net/rmgpracticas/upload/20081210194450-el-pilar-como-blog.jpg" class="center" alt="20081210194450-el-pilar-como-blog.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="line-height: 15pt; color: rgb(204, 0, 0);" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;(El presente artículo está in&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;scrito en el Registro de Propiedad Intelectual bajo el título genérico de "AL COMPAS DE LA ILUSION, VOL. I")&lt;br&gt;Fotografia:  Ramón Marzal García&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="line-height: 15pt; color: rgb(0, 153, 102);font-size:18px;" class="MsoBodyTextIndent" align="center"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote align="right"&gt;&lt;p   style="line-height: 15pt; color: rgb(204, 102, 0);font-family:comic sans ms,sand;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;      &lt;span style="color:#663300;"&gt;            En Diciembre de 1972, The Blue Army of our Lady of Fátima, de Washington, me solicitó un reportaje en el que incluyese fotografías del Santuario del Pilar, para la publicación en su revista. El reportaje debía cubrir los actos que con motivo del año Mariano Internacional se celebraba hasta el año siguiente, y en el transcurso del cual, sus fieles tenían previsto venir en peregrinación. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="line-height: 15pt; color: rgb(204, 102, 0);font-family:comic sans ms,sand;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#663300;"&gt;                   El artículo que sigue, fue escrito hace más de 30 años y conforme la mentalidad religiosa de la época. Detalla la historia del templo, la relación de la devoción Mariana con la Ciudad de Zaragoza y los actos del Año Mariano Internacional. En su clausura, en Octubre de 1973, fue publicado integro en la edición en castellano de su revista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="line-height: 15pt; color: rgb(204, 102, 0);font-family:comic sans ms,sand;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#663300;"&gt;                   La peregrinación de sus fieles hizo su entrada en el Basílica del Pilar el día 9 de julio del mismo año.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="line-height: 15pt; color: rgb(204, 102, 0);font-family:comic sans ms,sand;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#663300;"&gt;                   Por tratarse de un texto escrito para un público católico, pero no muy enterado de nuestras costumbres y de nuestra historia, fue preciso  citar algunos datos y colocar notas al píe de página del citado artículo, para aclararles ciertos conceptos que hoy serían obvios  para un lector español.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="text-align: center; line-height: 15pt;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:130%;"&gt;  &lt;strong&gt;&lt;u style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;EL TEMPLO DEL PILAR EN ZARAGOZA,&lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center; line-height: 15pt;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;u style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt; PRIMER SANTUARIO MARIANO&lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center; line-height: 15pt;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;u style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-left: 140.4pt; line-height: 15pt;" class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 0cm; line-height: 15pt; font-weight: bold;" class="MsoBodyTextIndent" align="left"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:100%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;    &lt;span&gt;S&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;UCINTA HISTORIA DEL TEMPLO.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="line-height: 15pt;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="justify"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;                            &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;      &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;          Tras la ascensión del Maestro, los apóstoles se dispersaron por todo el mundo entonces conocido, y Sa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;ntiago, después de evangelizar Judea y Samaria, llegó hasta España.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Es piadosa  tradición secular que en la noche del 2 de enero del año 40 de nuestra Era, cuando estaba Santiago orando con sus discípulos, a orillas del rió Ebro en la romana ciudad  de Cesaraugusta, hoy Zaragoza, quizá un poco descorazonado por el poco fruto de sus predicaciones, se le apareció María, la Madre del Maestro, cuando aún vivía en la tierra. Era portadora de una columna  de jaspe color pardo la cual ha conservado el nombre de “Pilar” que se le dio desde la antigüedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tenía la columna un diámetro de 24 cm. Y una altura de  1,772 m y entregándola a Santiago le ordenó levantara allí mismo un templo en honor Dios y colocara allí la columna y le aseguró que nunca faltaría la fe en aquella tierra. Y es tradición que Santiago en aquel mismo lugar, con ayuda de sus discípulos, construyó una capilla dedicada a la Virgen, y que este templo fue el primero elevado en el mundo en honor de la Madre de Dios.  A esta primera iglesia se le llamó Santa Maria de Extramuros. En el año 318, sus reducidas dimensiones fueron ampliadas, y posteriormente convertida  en una capilla de estilo románico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;No podía pedirse más fe  en aquellos cristianos mozárabes&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; de Saracosta&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; cuando en el año 712, y durante los cuatro siglos que permaneció la dominación árabe en Saracosta, tuvieron que pagar grandes tributos a cambio de conservar el culto en la Santa Capilla, hasta que en el año 1.118,  Alfonso I, el Batallador tomó la ciudad a los árabes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Transcurre el año 1434, un voraz incendio se declara en la capilla románica. Cuando el fuego es dominado, la ciudad puede comprobar con dolor que se ha perdido absolutamente todo, pero entre las cenizas  es hallada milagrosamente intacta la columna y la imagen de la Virgen tallada en estilo gótico de 38 cm de altura, que todavía conservaba sus vestiduras doradas y su rostro y sus manos coloreadas, sosteniendo al Niño que porta en su mano una paloma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Pero los zaragozanos no pueden estar sin su Pilar, y rápidamente lo reconstruyen, si bien en el año 1.515, a instancia del Arzobispo de Zaragoza, Don Hernando de Aragón, el hijo del Rey Católico, bajo cuyo reinado Colón descubrió América, se construyó un templo gótico de una sola nave,  que durante 200 años fue el centro de la vida espiritual de Zaragoza. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;A finales del siglo XVI, el rey de España, Carlos II, último rey de la dinastía de los Austria, encargó los planos de un nuevo templo al arquitecto Francisco Herrera que los proyectó de planta rectangular, de tres naves y capillas entre los contrafuertes, con 4 torres en sus ángulos y cuya primera parte quedó finalizada en el año 1.718. Pero fue Ventura Rodríguez, el mejor arquitecto de la época, quien dio la verdadera fisonomía al templo, añadiendo al proyecto 11 cúpulas a sus 4 torres, e instaló una capilla dentro del mismo templo, la cual hoy alberga la Santa Columna. Las obras finalizaron en 1.766.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En todas las construcciones, la columna que según la tradición fue entregada al apóstol Santiago, permaneció justamente en su emplazamiento original, por lo que en la actual Basílica no ocupa el centro del Templo ya que al construirlo, según viejos archivos consultados, se apreció la falta de espacio por la proximidad del rió Ebro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El día 10 de octubre de 1872, el Cardenal  Arzobispo de Santiago de Compostela Monseñor Miguel García Cuesta consagraba la Basílica del Pilar. ¡El templo estaba totalmente construido!, si bien las dos últimas torres, en la fachada que da al rió Ebro, se levantaron posteriormente en el año 1956.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Entrando a la basílica por la llamada puerta baja, la más usada por los fieles de las cuatro que tiene y tras atravesar la nave de la Epístola nos encontramos en la Santa Capilla. Ventura Rodríguez, la proyectó sobre planta elíptica y cuya bóveda en sostenida por columnas corintias. El frente lo ocupa un retablo, obra del escultor Ramírez y representa la Venida de la Virgen indicando a Santiago y a sus discípulos, que ocupan  el pequeño altar de la izquierda, el lugar donde quería que se colocase la columna. En el sitio elegido y a la derecha de este retablo esta situado el Camarín de la Virgen, donde se encuentra la columna recubierta de una funda de bronce y otra de plata, a excepción del sitio que da al trasaltar que es por donde la veneran los fieles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt; color: rgb(0, 0, 255);font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;strong&gt;&lt;em  style="font-size:14px;"&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;SU RELACION CON LOS ZARAGOZANOS&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent2"&gt;           &lt;span style="font-size:130%;"&gt;           Hoy, el Pilar de la Virgen es el principio y fin de la vida cotidiana de los zaragozanos y la Basílica del Pilar, a decir del Cardenal Enrique y Tarancón, en su homilía de apertura del Año del Pilar, es para los zaragozanos su propia casa. Es la casa de la Madre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He oído a familias enteras que van a despedirse la Virgen antes de emprender un largo viaje, como si de un ser querido se tratase. Y ciertamente así es. Y he visto a esas familias de regreso al hogar hacer su primera visita al Templo del Pilar. He visto a la multitud apiñada en torno a la Columna, en los momentos de pública calamidad. He visto a personas de todas las edades, sexo y condición social llenar la Santa Capilla y, postrarse en día de Viernes Santo a las 3 en punto de la tarde, acompañando a María en su soledad. El Templo se encuentra totalmente en tinieblas, hasta los cirios se han apagado y únicamente está iluminado por la luz que entra por las altas y circulares vidrieras. Todo permanece en silencio cuando en el reloj de la Sacristía de La Virgen suenan las 3 de la tarde, momentos después vuelven a repetirse, y lentamente y en silencio, los fieles van saliendo del templo hasta quedar éste completamente vacío. Los zaragozanos han estado una vez vas en su anual cita con la soledad de María.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He visto en las madrugadas de invierno, cuando ni siquiera se ven los primeros resplandores de amanecer y la helada ventisca del norte, se deja sentir, acudir a la primera misa llamada de Infantes de las 5 de la madrugada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He oído musitar plegarias y “Ave Marías” en labios de los zaragozanos durante el lento transcurrir por las calles de Zaragoza  de los “Rosarios de la Aurora”&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; y los cánticos de “... Virgen Santa, Madre mía, luz hermosa, claro día, que la tierra aragonesa, te dignaste visitar...” se confunden con el voltear de campanas y el batir de alas   de centenares  palomas que han buscado cobijo en los aleros y hornacinas del templo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He observado como al amanecer en los paseos y jardines, miles y miles de pájaros levantan el vuelo y surcan el cielo, siempre en la misma dirección ¡El Pilar!  ¿Podría ser acaso la proximidad del río lo que les lleva hacia allí?  Podría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He visto cubrir lechos de moribundos con los mantos viajeros de la Virgen, esos mantos que rodean su columna y que han dado a la imagen su característica fisonomía. Durante toda la vida los hijos visitaron a la Madre, y en los postreros momentos la Madre está con sus hijos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; He visto  a las novias cubiertas todavía de boda depositar a los pies de la Imagen sus ramos de desposadas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; He visto millares de personas apiñadas en la Plaza de la Catedrales, junto a la Basílica,  en aquella clausura del II Congreso Mariano Nacional de 1954 en el que S.S. Pío XII en su radiomensaje decía desde el Vaticano. “... y tu ¡Oh, Zaragoza! serás grande sobre todo por esa columna...”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; He visto fieles con ojos anegados por el llanto encender con trémulas manos cirios que luego tienen que sostener aunque sólo sea para que luzcan unos minutos, pues no hay sitio en los candelabros. Hoy estos han desaparecido y en su lugar delante de la Virgen hay una hilera de candeleros,  pero el humo de millares de cirios encendidos que durante años han lucido, ha llegado a ennegrecer la bóveda de la Angélica Capilla. Se impone una restauración.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; He visto millares de niños subir las gradas el Camerino de la Virgen para besar el manto, acompañados de esos monaguillos a quien el apelativo cariñoso de los zaragozanos les llama “infanticos”. Suben los escalones siempre de cara a la Virgen a quien en ninguna época del año le han de faltar flores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; He visto filas interminables de files en el trasaltar de la Santa Capilla, por donde asoma una pequeña parte de la Santa Columna,  besar con devoción, mas bien diría con unción, la reliquia. Y a tal punto, que en el sitio que se halla al descubierto le falta un trozo de unos 3 cm. de espesor. ¿Dónde ha ido a parar? Yo os lo diré. Millares y millares de besos lo robaron con su roce. Millares y millares de zaragozanos lo llevan en sus labios como algo que por derechos les pertenece.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;h3   style="text-indent: 0cm; color: rgb(0, 0, 255);font-family:arial;font-size:14px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;         &lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;ANTECEDENTES DEL AÑO MARIANO INTERNACIONAL&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El día 1 de abril de 1972, el Arzobispo de Zaragoza. Monseñor D. Pedro Cantero Cuadrado publicaba una pastoral en la que decía “... teniendo en cuenta las santas tradiciones de nuestros mayores me ha parecido necesario en la hora actual de la Iglesia, convocar de nuevo a los hijos para que se acerquen y unan en torno a la Madre de Dios. Renueven su fe, su esperanza y su amor junto al Pilar de la Virgen”.  S.S. Pablo VI el 1 de mayo de año anterior se había dirigido a los directores de los Santuarios Marianos para que exhortasen la práctica de la piedad a la Virgen. Tres meses más tarde  en agosto de 1971, se celebraba en Zagreb, La capital de Croacia en Yugoslavia y en el Santuario de Marija Bistrica el VI Congreso internacional de Marianologia y el XIII Congreso Mariano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt; &lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;AÑO MARIANO EN ZARAGOZA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent" align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;          El 10 de Octubre de 1972 coincidiendo con el centenario de la consagración del Templo del Pilar, da comienzo en Zaragoza el “Año del Pilar”. A la Misa solemne de inauguración de este Jubileo Mariano, oficiada por el Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Enrique y Tarancón, asiste el Episcopado español. Rebosan de fieles las naves que hace 100 años fueron abiertas al público. La Imagen de la Virgen, radiante, luce la gran corona y viste el rico manto de Filipinas. Mientras la coral interpreta las austeras notas, aunque no exentas de ternura, de la Misa Pontifical de Lorenzo Perosi.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aquel mismo día,  llega a Zaragoza la peregrinación de imágenes de los Santuarios de Aragón y unas semanas más tarde, comienza el Congreso de estudios marianos y la semana Bíblica. Durante los meses siguientes, la ciudad de Zaragoza es testigo de constantes peregrinaciones que llegan de toda España y de muchos lugares del mundo,  a las que se unen, durante el mes de julio, los fieles norteamericanos de The Blue Army of our Lady of Fátima, desde Washington. Porque la Virgen del Pilar en cada pueblo de España tiene un altar; en cada altar, miles de corazones que le aman, miles de voces que la proclaman, miles de españoles que la veneran y miles de hijos que le cantan. Y en todo el mundo desde Astrakán, hasta el río Azul en China, pasando por Filipinas y  Japón, miles de católicos que le rinden diario homenaje. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando el 19 de Octubre de 1973  se clausura el Año Mariano, la Virgen del Pilar recibe el ardiente homenaje de esta España, cien por cien mariana, que con la luz de la fe recibió hace cerca de dos milenios años el tesoro de la devoción de la que es  Patrona de España y Reina de la Hispanidad. Pues América y España están unidas en este Pilar. Hoy, delante de la Santa Capilla, como haciendo guardia de honor están las banderas multicolores de todas las naciones hispanoamericanas que en 1908 con ocasión del centenario de los Sitios de Zaragoza&lt;/span&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;, fueron ofrecidas por las autoridades diplomáticas de sus respectivos países.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;                 Y en tanto, Zaragoza sigue recibiendo el constante mensaje de fe, y la Virgen del Pilar el popular homenaje de este pueblo que la aclama y la bendice, pues no sin razón sabe que su favor jamás le ha de faltar, y ahora y siempre, su devoción ha impulsado sus obras, alienta su alma,  enciente su mente y fortalece su corazón hasta que un día como a decir del poeta,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; “...le arrastre y le arrebate a las alturas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con Ella, junto al Trono del Señor”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="text-align: right; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Desde Zaragoza, la Ciudad del Pilar, para&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p   style="text-align: right; text-indent: 35.45pt; line-height: 15pt;font-family:arial;font-size:14px;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;The Blue Army of our Lady of&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt; Fátima&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ramón Marzal García&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;hr width="33%"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"  style="font-size:14px;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"  style="font-family:Arial;"&gt;[1]&lt;/span&gt; Mozarabe.- Nombre dado a los cristianos que conservaron su religion durante el dominio  arabe en España&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"  style="font-size:14px;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"  style="font-family:Arial;"&gt;[2]&lt;/span&gt; Saracosta.- Nombre de la Ciudad de Zaragoza, durante la dominación árabe&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"  style="font-size:14px;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"  style="font-family:Arial;"&gt;[3]&lt;/span&gt; Rosarios de la Aurora –  Desfiles que en la madrugada del dia 12 de Octubre salen de diversas iglesias de Zaragoza, rezando el rosario con destino al Templo del Pilar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoFootnoteText"  style="font-size:14px;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference MsoFootnoteReference"  style="font-family:Arial;"&gt;[4]&lt;/span&gt; Sitios de Zaragoza – Cerco efectuado en 1808 por las tropas francesas de Napoleón, a la ciudad de Zaragoza, y en la que la Ciudad, por su valentía, se ganó uno de los 6 títulos que ostenta, el de “Inmortal”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-712041078944338685?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/712041078944338685/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/articulo-periodistico-el-presente.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/712041078944338685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/712041078944338685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/articulo-periodistico-el-presente.html' title='EL TEMPLO DEL PILAR EN ZARAGOZA&lt;A name=&quot;El Templo del Pilar&quot;&gt;&lt;/A&gt;'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2224185645170283808.post-5187763654863798712</id><published>2008-12-11T12:18:00.037+01:00</published><updated>2009-08-09T18:33:28.321+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>EL SIQUIATRICO</title><content type='html'>&lt;h2 style="COLOR: rgb(153,51,0); TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;EL &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;SIQUIATRICO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div class="textoarticulo"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;p class="MsoNormal"   style="COLOR: rgb(255,0,0); TEXT-INDENT: 35.45ptfont-family:arial,helvetica,sans-serif;font-size:12px;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000099;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(El presente relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual bajo el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;tÍtulo&lt;/span&gt; genérico de "AL &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;COMPÁS&lt;/span&gt; DE LA &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;ILUSIÓN&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;II&lt;/span&gt;".)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"   style="COLOR: rgb(255,0,0); TEXT-INDENT: 35.45ptfont-family:arial,helvetica,sans-serif;font-size:12px;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000099;"&gt;&lt;b&gt;Obtuvo el Primer Premio en el "&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;VIII&lt;/span&gt; CERTAMEN LITERARIO DE RELATO" de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Ibercaja&lt;/span&gt;, en Zaragoza.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"   style="COLOR: rgb(255,0,0); TEXT-INDENT: 35.45ptfont-family:arial,helvetica,sans-serif;font-size:12px;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Se extrañó tan pronto como entró por la puerta de los jardines. Al contrario de lo que era habitual en aquellas horas, éstos estaban vacíos. Ningún interno estaba paseando por los andadores entre los parterres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;     Aquella mañana, María José llegaba a su turno en el trabajo un poco más tarde de lo normal. En el porche se encontraban solamente un par de internos que se balanceaban sujetos a sus sillas de ruedas y babeaban debido a la medicación. Cuando llegó hasta la puerta del edificio, se encontró con el director del establecimiento que como de costumbre le prestaba un especial cuidado a un rosal trepador de rosas rojas que ascendía por el porche y se desparramaba junto al ventanal de su despacho. Jamás consentía que nadie lo cuidase. Él, personalmente, se ocupaba de podarlo y abonarlo, y únicamente le permitía al jardinero que lo regase cuando lo hacía al resto de los jardines del psiquiátrico, y eso siempre bajo su supervisión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Buenos días Don &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Felipe&lt;/span&gt; –dijo la enfermera cuando pasó junto a él intentando no se diera cuenta que llegaba tarde a su turno.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Buenos días señorita. Es tarde –contestó el hombre sin apartar la vista del escardador que estaba empleando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      María José era una enfermera contratada del Centro Psiquiátrico de la ciudad, y se ocupaba del pabellón de los no agresivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Cuando diez minutos más tarde salió con la bata puesta hacia su lugar de trabajo, se encontró en la entrada con la Hermana María de la Consolación, una de las monjitas de la Comunidad de las &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Anas&lt;/span&gt; a cuyo cargo estaba el establecimiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –¿Por qué no hay nadie fuera en los jardines con el buen día que hace? –dijo la enfermera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –El señor Director lo ha prohibido. Parece ser que ha encontrado estropeadas algunas de las plantas de los parterres. Tan pronto como ha llegado y sin verificar siquiera el parte de incidencias de la noche, se ha puesto a arreglar su rosal. Ha prohibido que hoy salgan al jardín, y algunos de los internos están algo alborotados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Pues, buena mañana se nos espera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Debería tener cuidado con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;Demetrio&lt;/span&gt;. Hoy está algo alterado, y no le faltaba más que no poder salir al jardín. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Mírelo&lt;/span&gt;, por allí viene. Bueno, yo le dejo, es la única que se arregla con él –dijo la religiosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      La hermana María de la Consolación marchó hacia la enfermería, pues acababa de llegar el doctor, y María José siguió avanzando por el corredor donde veía llegar hacia ella a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Demetrio&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Demetrio&lt;/span&gt; era un enfermo que llevaba mucho tiempo en el psiquiátrico, pues aparte de su alteración síquica tenía una deformación física en los pies que le impedía correr, e incluso al andar lo hacía de una forma muy característica. Doblaba su pie izquierdo hacia afuera casi 90º y el derecho, al no poder doblarlo, lo arrastraba de una forma muy característica. Su cabeza, algo torcida, y su boca siempre entreabierta dejaba al descubierto unos dientes negros y la mayoría podridos. Sin embargo, María José había observado durante meses al hombre, e intuía que en su mente, aunque a veces ausente, había cierta ternura que no podía expresar. Al pasar junto a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;Demetrio&lt;/span&gt;, la enfermera le dijo familiarmente:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Buenos días &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Demetrio&lt;/span&gt; –a lo que éste contestó de la forma acostumbrada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Putaaa&lt;/span&gt;...!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;       María José sonrió y siguió su camino hacia la sala del fondo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Comprobó que efectivamente, estaban todos bastante alborotados quizás porque no les dejaban salir al jardín, aunque a muchos de ellos no les importaba porque de nada se daban cuenta. Los había algo alterados que no paraban de llamar por su nombre a alguien que debían de llevar en su recuerdo. Había silenciosos con la mirada ausente y su mente perdida en no sé que secretos pensamientos. Se dejaban llevar de un sitio para otro en un continuo ir y venir a través de la sala. Otros, aparentemente serenos, permanecían en una butaca de mimbre dejando transcurrir las horas. Algunos, los menos, conversaban; conversaciones a veces incoherentes. Otros imaginativos, pero parecían felices porque creían realidad las fantasías que en su demencia llegaban a imaginar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      María José iba de un sitio para otro intentando contestar a las preguntas incoherentes de algunos y a las soeces impertinencias de los menos, pero siempre intentaba ayudar a todos. La señorita María José, como algunos le decían, era apreciada por todos los internos. Muchos de ellos, con disimulo, miraban el reloj de la sala cuando se aproximaba la hora de la entrada del turno de la enfermera. Otros, todas las mañanas, preguntaban constantemente la hora a la monjita o a la auxiliar más cercana. A todos los empleados les extrañaba la obsesiva manía de los internos de aquel pabellón por saber la hora precisamente a principios de la mañana. Les pasaba desapercibido que la hora ya no les importaba cuando María José entraba con su bata blanca saludando a todos en el pabellón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Al día siguiente, los internos volvieron a salir al jardín. El Director reunió al personal y les dijo que deberían aumentar su vigilancia para que ningún interno volviera a dañar los parterres que acababa de replantar el jardinero y, mucho menos, aproximarse al rosal trepador de rosas rojas que bordeaba el ventanal de su despacho y al que las monjitas habían bautizado como “El orgullo de Dirección”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      A principios de la semana siguiente, los jardines volvieron a estar estropeados. La mayoría de las internas lucían en sus bolsillos o en los ojales de sus batas las coloridas begonias que arrancaban sin ningún cuidado. Una enferma que había ingresado hacía solamente unas semanas, y a la que el personal, entre ellos, apodaban “la bizca” por un ligero estrabismo que tenía en el ojo izquierdo, también había cogido su trofeo, y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;semiocultaba&lt;/span&gt; en los bolsillos de su bata las hojas verdes de unos lirios. La mayoría sólo los cogían imitando la acción de algunos de sus compañeros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      La llegada aquel día del director se recordaría en el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;siquiátrico&lt;/span&gt; por muchos años. Volvió a reunir al personal y les dijo que hasta nueva orden los internos permanecerían en la sala sin salir a los jardines. La Superiora de la Orden quiso hacer entender al director lo problemático de aquella decisión, sobre todo en aquella época del año.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –No intente convencerme, Madre –fue la adusta y acalorada respuesta–. Hasta nueva orden no se saldrá a los jardines. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Y marchó para comprobar una vez más, que su rosal no hubiera sido tocado. Afortunadamente no pareció que hubiese sufrido daño alguno. Don &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Felipe&lt;/span&gt; quiso entender que el rosal no había sido dañado porque los internos sabían que era su preferido, y lo duro que podría ser el señor director si lo estropeaban. En realidad, no había sido tocado porque las espinas rodeaban a las rosas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      María José se las arreglo para que de nuevo, durante su turno, pudiera haber calma en todo el pabellón. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;Demetrio&lt;/span&gt; estaba empeñado en verter por el suelo todo el agua sobrante de aquel vaso de plástico que les daban.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;Demetrio&lt;/span&gt;, cariño, ¿por qué tiras el agua? –le decía María José, a lo que él impertérrito, siempre contestaba lo mismo –¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_21"&gt;Putaaa&lt;/span&gt;...!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –Bueno, toma un poco más y me llevaré el vaso. Cuándo quiera más, me lo dices–.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Y solícita, le volvió a llenar hasta la mitad el vaso, y enseguida se lo quitó antes que, de nuevo, vertiese el agua sobrante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Dos días después, y ante los problemas que no paraban de surgir en el pabellón, el Director levantó la prohibición de salir al exterior, pero dijo al personal que tendrían que salir por turnos para poder controlarlos mejor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Una mañana, María José estaba atendiendo a un interno que debía ir a la enfermería cuando la hermana &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_22"&gt;María&lt;/span&gt; de la Consolación le comunicó que el Director quería verla en su despacho.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Media hora más tarde cuando volvió a salir todo era diferente. El Director le había comunicado que había finalizado su contrato de trabajo, pues la enfermera a la que estaba sustituyendo en la baja por maternidad se incorporaba de nuevo. María José cesaría a partir de primeros de mes, le dijo, eso sí, después del característico “Muy agradecidos por sus servicios...” o “Es &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_23"&gt;Vd&lt;/span&gt;. muy buena en su trabajo, y si nos vuelve a hacer falta contaremos con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_24"&gt;Vd&lt;/span&gt;.” etc.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      La primera en enterarse fue la Hermana María de la Consolación que pasó la noticia al resto del personal a medida que los veía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      A los internos nada se les dijo. Por supuesto que algunos de ellos de nada se darían cuenta, pero en la sala de Hermanas sabían que aquello alteraría en gran parte a los internos del pabellón, pues María José había sabido granjearse el afecto e todos. Ella tampoco quiso decir nada, pero a pesar de su prudencia, nadie supo por donde, la noticia se filtró a los más despiertos, y éstos, a su manera, se encargaron de hacérselo saber al resto de los internos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Los días que faltaban hasta el final de mes, fecha en que finalizaba el contrato de María José, pasaron rápidos. Los incidentes en el jardín cesaron, y en aquella época del año parecía que, con el correspondiente cuidado del jardinero, los parterres volvieron a todo su esplendor. Incluso “El Orgullo de Dirección” pareció dar más rosas que de costumbre, y desde el despacho del Director se podía contemplar aquel inigualable marco que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_25"&gt;festonaba&lt;/span&gt; el ventanal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      El último día de su trabajo María José se pasó por el pabellón, e hizo su última inspección, luego fue besando a todos y cada uno de los internos a su cargo, pero no les dijo nada. Sabía que, posiblemente, al día siguiente le echarían en falta pero al cabo de una semana sus desvaídas mentes le habrían olvidado. Pasó a despedirse de las monjitas y del resto de sus compañeras. La Superiora sacó, nadie supo de donde, una botella de jerez y desearon buena suerte a María José. Algunas de sus compañeras, incluida la Hermana María de la Consolación dejaron asomar alguna lágrima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Se cambió de ropa y salió para marcharse. Intentó despedirse del Director, pero éste, curiosamente, había tenido que salir a mitad de la mañana, y todavía no había regresado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Cuando llegó al jardín se sorprendió. Encontró los parterres completamente destrozados. Pensó, en principio, que el jardinero los estaría renovando pero se podía ver todo completamente arrancado y pisado. Le extrañó, pero siguió su camino por el andador; hasta la puerta de la verja del exterior. Cuando llegó se quedó completamente paralizada. Casi todos los internos de su pabellón se encontraban allí esperándola. Todos llevaban flores en la mano, lilas, begonias, geranios. María José hizo un esfuerzo por ocultar las lágrimas. Abrazó a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_26"&gt;cado&lt;/span&gt; uno de ellos. La “bizca” quizá no había podido coger ninguna, pero en su mano llevaba un abundante matojo de césped, que entrego a la enfermera cuando ésta llegó a ella y la besó. Muchos de los que estaban allí, posiblemente no sabían porqué, simplemente habían sido convencidos por los más despiertos, pero a ella le daba igual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      María José besó a los últimos y cuando ya iba a salir por la verja oyó un grito a lo lejos. Por el andador de grava llegaba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_27"&gt;Demetrio&lt;/span&gt; corriendo a su manera. Cojeaba y arrastrando como podía su pie derecho, gritaba:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –¡Puta!, ¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_28"&gt;Putaaa&lt;/span&gt;!, ¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_29"&gt;Puuutaaaa&lt;/span&gt;....!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;     Llegó hasta la enfermera, ocultaba su mano derecha en la espalda y la mano izquierda sangraba abundantemente, al igual que sus labios y los alrededores de la boca&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –¡Pero cariño! ¿Qué te ha pasado? –dijo ella, e intento limpiarle con su pañuelo la sangre de su rostro. Los profundos ojos de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_30"&gt;Demetrio&lt;/span&gt; se llenaron de lágrimas que al deslizarse por sus mejillas se confundieron con la sangre de sus labios. La enfermera nunca había visto llorar a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_31"&gt;Demetrio&lt;/span&gt;, lo abrazó y lo besó. Él abrió su boca luciendo unos dientes negros y podridos y con un candor como María José nunca había visto, dijo sonriendo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent"  style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: leftfont-size:12px;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      –¡Puuutaaaa....!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="TEXT-INDENT: 0cm; LINE-HEIGHT: normal; TEXT-ALIGN: left" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;      Y entonces sacó su mano derecha de detrás de la espalda; estaba también sangrando. Llevaba un enorme ramo de rosas rojas que acababa de arrancar con sus propias manos y a mordiscos del rosal trepador que hasta entonces había sido “El orgullo de Dirección”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:blue;"&gt; ©Ramón Marzal &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Para valorar este blog, pinchar dentro de &lt;B&gt; NARRATIVA RAMON MARZAL GARCIA.&lt;/B&gt; &lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;script type="text/javascript" src="http://lablogoteca.20minutos.es/widget/blog/7205/"&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;A HREF="#INICIO"&gt; ir a INICIO &lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2224185645170283808-5187763654863798712?l=narrativa-rmg.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/feeds/5187763654863798712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/el-siquiatrico-el-presente-relato-est.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5187763654863798712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2224185645170283808/posts/default/5187763654863798712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://narrativa-rmg.blogspot.com/2008/12/el-siquiatrico-el-presente-relato-est.html' title='EL SIQUIATRICO'/><author><name>Ramón Marzal García.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01144757797265454356</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
